Las calles de Mar del Plata vuelven a ofrecer una postal repetida y preocupante: montículos de basura acumulada, ramas, hojas y hasta restos de obras en construcción que se apilan en esquinas, veredas y terrenos baldíos. La escena no distingue barrios ni horarios. Se trata de una constante que crece día a día y que deja en evidencia una problemática que combina la falta de gestión estatal con la desidia de algunos vecinos.
La mugre avanza sin control y ya forma parte del paisaje cotidiano. Donde debería haber limpieza y mantenimiento, hay abandono. Bolsas rotas, desperdicios desparramados y residuos que permanecen durante días sin ser retirados reflejan un sistema que claramente no está funcionando como debería.
En este contexto, las críticas apuntan directamente al Ente Municipal de Servicios Urbanos (EMSUR), cuya labor es cada vez más cuestionada. Hasta ahora, lo hecho por el organismo deja mucho que desear. Lejos de mostrar capacidad de respuesta, parece haberse instalado una preocupante inercia. La falta de presencia en los barrios es evidente, y los reclamos vecinales se multiplican sin encontrar soluciones concretas.
“Pagamos los impuestos para que limpien, pero nadie aparece”, es una frase que se repite entre los marplatenses. La bronca crece a la par de la acumulación de residuos, y pone en jaque no solo la eficiencia del EMSUR, sino también el compromiso del municipio en garantizar servicios básicos.
Barrios como Pompeya, Parque Luro, Villa Primera y otros ubicados por la zona norte (por citar solo uno de los sectores) sufren la incapacidad municipal de cumplir con sus obligaciones, y si bien son las respectivas secretarias las encargadas, no pueden mirar para otro lado y hacer los reajustes (o cambios) necesarios. La gente se está hartando, y de seguir así los castigará seguramente con su voto.
A esto se suma otro actor clave en la cadena de responsabilidades: la empresa encargada de la recolección de residuos. Con contratos millonarios, su desempeño también está bajo la lupa. Vecinos denuncian recorridos incompletos, frecuencias irregulares y zonas directamente olvidadas. En los hechos, la prestación parece reducirse a mínimos operativos que resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.
El panorama se vuelve aún más alarmante ante la inminente llegada de un fenómeno meteorológico adverso. El pronóstico anticipa tormentas fuertes, con precipitaciones que podrían oscilar entre los 60 y 90 milímetros, e incluso superarse. También se prevé actividad eléctrica intensa, posibles granizadas y ráfagas de viento que podrían superar los 90 km/h.
La situación ha derivado en la emisión de un alerta naranja, lo que implica la posibilidad de tormentas severas en cortos períodos de tiempo. En una ciudad donde los desagües ya muestran signos de saturación, la acumulación de basura en las calles representa un riesgo adicional.
No hace falta ser experto para anticipar lo que puede ocurrir: los residuos taparán bocas de tormenta, el agua no drenará correctamente y las inundaciones afectarán amplios sectores. Lo que hoy es suciedad, mañana puede convertirse en un problema mayor para miles de vecinos.
El escenario expone una paradoja difícil de ignorar. Mientras los contribuyentes cumplen con sus obligaciones, los servicios no están a la altura. La falta de coordinación, control y ejecución efectiva deja al descubierto fallas estructurales en la gestión urbana.
Entre la desidia de algunos vecinos y la ineficiencia de quienes deben garantizar la limpieza, Mar del Plata queda atrapada en un círculo vicioso que se repite. Y en el medio, una ciudad que paga las consecuencias de un sistema que, claramente, no está funcionando.
