“La estafa de la recuperación y el circo de los ‘semidioses” es el título elegido por Juan Antonio Lorenzani, presidente de la Fundación Fauna Argentina, para un duro pronunciamiento en el que cuestiona el rol de los oceanarios y centros de rehabilitación de fauna marina. En un informe sin eufemismos, el referente ambiental denuncia lo que considera una estructura sostenida en intereses comerciales disfrazados de ciencia y conservación.
“Durante décadas nos vendieron el concepto de ‘Centro de Recuperación’ como un hospital de caridad, cuando en realidad ha funcionado como un depósito de mercadería viva”, afirma Lorenzani, marcando el tono crítico de su declaración. Según sostiene, el verdadero objetivo de estos espacios no sería la reinserción de los animales, sino su permanencia en cautiverio como parte de un circuito económico.
En ese sentido, apunta contra el argumento científico que suele justificar estas prácticas. “Dicen que crían por fines científicos. Mienten. En la verdadera ciencia de conservación, el éxito no es ver nacer un animal entre cuatro paredes; el éxito es la liberación”, remarca. Para Lorenzani, la negativa a reinsertar especies como los pingüinos nacidos en cautiverio responde más a limitaciones de voluntad que a impedimentos reales. “Dicen que es imposible. Esa es la respuesta de la mente corta”, agrega.
El informe también pone el foco en el rol de los organismos de control. “Ninguna autoridad hizo cumplir la ley. Estamos ante una red de ineptitud, inoperancia y blindaje académico”, denuncia, al tiempo que cuestiona la falta de respuestas sobre el destino de ejemplares ingresados a estos centros. En su visión, existe una complicidad estructural que permite la continuidad del sistema.
Otro de los ejes del documento es la crítica a la concepción de estos espacios como “hospitales”. “El mayor y único centro de recuperación legítimo es la naturaleza”, sostiene. Para el titular de la fundación, la intervención humana solo debería limitarse a reparar daños causados por el propio hombre, y no a interferir en procesos naturales. “Nuestra intervención es pura soberbia antropocéntrica”, enfatiza.
Finalmente, Lorenzani traza una comparación directa con los antiguos circos de animales. “No se confundan. Estos lugares no son distintos a los viejos circos. Solo le cambiaron el envoltorio”, concluye. Con una frase contundente, resume su postura: “La naturaleza no necesita semidioses. Necesita que el hombre deje de estorbar”.
