El cambio de modelo económico, la apertura de importaciones, las tasas de interés récord y caída del salario real llevaron al sector textil marplatense a una contracción de al menos el 50%, según estimó el titular de la Cámara, Guillermo Fasano. Diez empresas cerraron, cerca de 300 puestos de trabajo se perdieron en 2025 y la histórica Textilana pidió concurso preventivo.
Mar del Plata llegó al invierno de 2026 sin la mitad de su industria del pulóver en pie. Guillermo Fasano, presidente de la Cámara Textil local, en diálogo con el Retrato, realizó un diagnóstico que no deja margen para el optimismo. El sector que fabricó sweaters para todo el país y que en su mejor momento contó con 500 empresas activas hoy sobrevive con poco más de 100 entre fábricas y talleres, la mayoría operando con dificultades. La caída de la actividad, que Fasano estimaba en un 30% a mediados de 2024, escaló hasta al menos 50% como resultado de un combo de cuatro factores que actuaron en forma simultánea y acumulativa.
El primero fue el cambio de modelo económico a fines de 2023, que interrumpió el ciclo expansivo del consumo. El segundo llegó en noviembre de 2024, cuando el gobierno nacional redujo los impuestos a las plataformas de productos importados, abriendo la puerta a que ropa fabricada en China llegue directa al domicilio del consumidor marplatense sin pasar por ningún eslabón de la cadena local. El tercero se precipitó en julio de 2025 con el disparo de las tasas de interés al consumo, con tarjetas refinanciando saldos al 180% o 200% anual con una inflación del 30%. El cuarto es la persistente caída del consumo
De la resistencia al cierre
Fasano explicó que mientras las caídas se mantuvieron en niveles del 10% o el 15%, las empresas absorbieron el golpe sin ajustar personal, apostando a una recuperación. Pero con contracciones de la magnitud actual, esa resistencia tiene un techo. “Cuando los niveles de ajuste alcanzan esto que estamos hablando, del 50% o más, no hay actividad que lo resista sin hacer un ajuste importante”, sostuvo. El resultado es visible: alrededor de 10 empresas cerraron en Mar del Plata. A lo largo de 2025, el sector perdió cerca de 300 puestos de trabajo en la ciudad, en lo que el bloque de concejales de Acción Marplatense describió en su momento como “un proceso de desindustrialización silencioso y sostenido”.
La competencia que no se puede ganar
Fasano diferenció la situación actual de la apertura importadora de los años noventa. El mecanismo, señaló, es hoy más destructivo porque elimina de golpe toda la cadena de valor. El importador, el distribuidor y el comerciante local desaparecen cuando una plataforma lleva el producto desde una fábrica en China directamente a la puerta del consumidor. En ese esquema, los fabricantes marplatenses compiten contra empresas que tienen costos laborales, impositivos y financieros radicalmente distintos, sin que ningún mecanismo de equiparación esté en discusión.
Algunos fabricantes históricos de pulóveres de diseño reconvirtieron su producción hacia artículos de menor exposición a la competencia, como cortinas, uniformes, nichos donde el volumen chino aún no compite. Otros redujeron líneas o achicaron planteles. “No todas reaccionan de la misma manera, porque cada empresa es un mundo”, resumió Fasano.
Una batalla cultural, no sólo gremial
El titular de la Cámara Textil rechazó enmarcar su posición como un reclamo sectorial más. Lo que propone, dijo, es una discusión de fondo sobre los problemas estructurales que hacen que la industria pyme argentina colapse en forma cíclica. La litigiosidad laboral, la carga impositiva, la ausencia de crédito accesible, la burocracia y la falta de representatividad política del sector.
“Sentimos que nadie nos representa, que nadie nos escucha”, admitió, y señaló que la convicción del gobierno actual de que la macro se resuelve con política central y la micro se arregla sola le parece “claramente un error”, aunque reconoció que esa posición no cambiará mientras no cambie la orientación política.
