Denuncian salarios que empujan renuncias, recorte de cupos de residencias y trabas para sostener insumos e infraestructura. El instituto nacional, clave para la rehabilitación en Mar del Plata y la región, reclama respuestas urgentes.
Trabajadores del Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur (Inareps) se manifestaron en la puerta del establecimiento, sobre la Ruta 88, en Mar del Plata. La protesta incluyó un corte en la traza y sumó a pacientes y familias. El eje del reclamo: recortes, sueldos atrasados y señales de ajuste que, según advierten, ponen en riesgo la atención y la continuidad de puestos de trabajo.
Según explicó a el Retrato Juan Manuel Bustamante, delegado gremial en el Inareps, el conflicto se apoya en dos preocupaciones que vienen creciendo desde el verano. Por un lado los cambios en el esquema de discapacidad (incluido el nomenclador de prestaciones) y por el otro el “ahogo” administrativo para sostener el funcionamiento cotidiano del instituto.
El Inareps funciona en Mar del Plata como un centro de referencia en rehabilitación, recibe derivaciones y pacientes de distintos puntos de la provincia y del país, con servicios de alta complejidad. Su sede está ubicada en Ruta 88 Km 1,5.
La caja centralizada y las urgencias de todos los días
Uno de los puntos que más se repite puertas adentro es el de la pérdida de autonomía para resolver gastos básicos. En 2025, el Gobierno nacional avanzó con la creación de la Administración Nacional de Establecimientos de Salud (ANES), un organismo que unificó la gestión administrativa, financiera y jurídica de varios hospitales nacionales, entre ellos el Inareps.
En el instituto marplatense, los trabajadores describen como las facturas que se acumulan, proveedores que empiezan a cortar la “buena voluntad” y las tareas se quedan sin respuesta. “Tenemos necesidades desde reparar una combi hasta arreglar infraestructura en internación, y no lo podemos resolver: las facturas se juntan”, sostuvo.
Casi 400 puestos bajo presión
El reclamo también se para sobre un número de planta del Inareps que ronda los 396 trabajadores, con el temor de que el achique no llegue solo por despidos directos sino por un goteo de renuncias y vacantes que no se cubren.
Bustamante describió el mecanismo como un “vaciamiento por cansancio”, donde los salarios que pierden contra la inflación, se sobrecarga a quienes se quedan y la única salida es otro empleo. “Cobrando sueldos de 600.000 pesos se hace imposible venir a trabajar”, advirtió.
En los últimos meses, el tema ya había escalado al debate público local con residentes y trabajadores alertando la pérdida de personal y las dificultades para sostener equipos en áreas clave.
A esto se suma el recorte de cupos de residencias proyectado para el próximo ciclo. En Mar del Plata, el impacto es doble porque no solo se achica la formación sino que se reduce personal en áreas que sostienen atención cotidiana y equipos interdisciplinarios.
Los trabajadores del Inareps sostienen que buscaron abrir una instancia formal con la conducción del instituto, pero que no obtuvieron contestación. Según relató Bustamante, elevaron una nota y, al no recibir respuesta, resolvieron profundizar la visibilización con medidas en la puerta del establecimiento y sobre la Ruta 88.
La postal de hoy, con pacientes y familiares acompañando, tuvo un mensaje hacia adentro y hacia afuera: el ajuste no se traduce solo en números, se traduce en turnos, en rehabilitación interrumpida y en equipos que se desarman.
Bustamante lo dejó planteado como horizonte inmediato: “Si no conseguimos respuestas, vamos a seguir con la lucha en la calle”.
