A partir del testimonio de la empresaria María Liberati, el Retrato reconstruye una experiencia única a bordo de un crucero transatlántico, donde el confort, la organización y la posibilidad de descubrir múltiples destinos conviven con una nueva forma de entender el viaje: sin apuros, sin valijas y con todo resuelto.
En esta Primera Entrega la experiencia en primera persona de viajar en un crucero
Viajar en crucero puede ser, para muchos, una experiencia soñada. Pero también, en ciertos casos, un desafío personal. Así comienza esta historia protagonizada
por María Liberati (Foto), quien decidió dar un paso más y embarcarse en una travesía transatlántica a bordo del MSC Fantasía.
Antes de partir desde Buenos Aires, la duda no estaba puesta en el barco, sino en los días en altamar. Cinco o seis jornadas sin tocar tierra generaban inquietud sobre cómo sería la experiencia.
A esto se sumaba un aspecto clave: no hacerlo sola. Compartir camarote no solo hace el viaje más ameno, sino también más accesible.
La decisión llegó en el momento justo. El MSC Fantasía emprendía su regreso hacia Europa tras la temporada sudamericana. Y desde el inicio, la sensación fue contundente: la experiencia prometía ser maravillosa.
Con más de 4.000 pasajeros y cerca de 1.800 tripulantes, el barco funciona como una verdadera ciudad flotante. Restaurantes, bares, salones, discotecas y espacios de relax forman parte de una propuesta que sorprende desde el primer instante.
El itinerario incluyó escalas en destinos como Río de Janeiro, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Barcelona y Génova, hasta llegar a Civitavecchia.
Pero más allá del recorrido, algo comenzaba a tomar forma:
el viaje no sería solo el destino, sino todo lo que ocurriría en el camino.
