Un estudiante del Instituto Galileo Galilei fue diagnosticado con tuberculosis pulmonar, lo que activó el protocolo sanitario municipal y reavivó el debate sobre una enfermedad que muchos creían superada. Carla Lorea, licenciada en Ciencias Biológicas y coordinadora de la Región Sanitaria VIII, dialogó con el Retrato para poner en perspectiva el caso, despejar mitos y subrayar lo que más preocupa a los equipos de salud: la gente en situación de calle sin tratamiento.
Cuando el Instituto Galileo Galilei tomó conocimiento del diagnóstico de tuberculosis pulmonar en uno de sus alumnos, actuó de inmediato, contactó al CEMA y activó el protocolo correspondiente. El equipo municipal concurrió al establecimiento, relevó los contactos estrechos del caso y realizó los estudios pertinentes. Las clases no se suspendieron.
Lorea fue enfática en ese punto y pidió no particularizar en el episodio escolar: “Quisiera que se deje de particularizar en el caso del evento del colegio para que esto sea una toma de conciencia a nivel general de lo que sucede con la enfermedad. Esto habitualmente en esta época del año sucede. La tuberculosis no está creciendo desmedidamente, pero sí está teniendo comportamientos como cualquier patología de esta época del año”.
Qué es y cómo se contagia
La tuberculosis es una infección bacteriana causada por el Mycobacterium tuberculosis que afecta principalmente a los pulmones y se transmite por vía aérea. No todas las personas infectadas desarrollan síntomas de inmediato, en muchos casos la bacteria puede permanecer latente en el organismo durante años hasta que una caída de las defensas la activa.
Los síntomas más comunes incluyen tos persistente de más de dos o tres semanas, dolor en el pecho, expectoración con sangre, fiebre vespertina o nocturna, sudoración, cansancio, pérdida de peso y falta de apetito. Su progresión gradual es precisamente lo que suele demorar la consulta médica.
“Hoy todos estamos expuestos de alguna manera”
Lorea subrayó que la tuberculosis dejó de ser una enfermedad exclusivamente asociada a la pobreza extrema o el hacinamiento para convertirse en un problema de salud que atraviesa a toda la sociedad. “Gente en situación de calle que está con tuberculosis y no está siendo medicada como corresponde son personas que están contagiando. Vos entrás a un cajero donde estuvo durmiendo una persona con tuberculosis, y ya tenés el bicho metido ahí adentro.”
Los datos nacionales indican cerca de 16.000 casos en 2025 y un aumento significativo desde 2020, con el grupo de entre 15 y 40 años representando el 60% del total, sin embargo, Lorea introdujo una advertencia metodológica importante: “A partir de 2020 con la pandemia empezamos a notificar en el sistema nacional (SISA) los eventos de todas las enfermedades obligatoriamente. Probablemente esos casos hayan estado en otro momento de nuestra historia y no se notificaban”. El aumento estadístico, en parte, puede reflejar una mejora en el registro más que un salto real en la incidencia.
Sí confirmó, en cambio, que los adolescentes son un grupo de riesgo particular por razones conductuales: “Son grupos más resistentes a los controles sanitarios, no van a la guardia por una simple gripe, sino cuando ya hay desgaste, fiebre o falta de apetito”.
Cómo actuar y qué no hacer
El tratamiento consiste en antibióticos específicos administrados durante seis a nueve meses. Lorea remarcó con énfasis que el principal riesgo no es iniciar el tratamiento sino abandonarlo: “Al ser una patología que responde rápidamente a la medicación, las personas se empiezan a sentir bien y dejan de tomarla. No se pueden cortar los tratamientos porque la bacteria se hace mucho más resistente”.
El paciente diagnosticado debe guardar reposo, pero a los 15 días ya puede reintegrarse a sus actividades con normalidad.
La vacuna y el talón de Aquiles sanitario
Lorea destacó a la vacuna BCG como la herramienta preventiva central, en especial para las poblaciones más jóvenes, e instó a recuperar las campañas de vacunación: “Es fundamental, porque sabemos claramente que durante un período de tiempo hubo una corriente ideológica de no vacunación”.
El punto más crítico del sistema, admitió, es la población en situación de calle: “Es nuestro talón de Aquiles sanitario. Si la persona asiste a dispositivos de tratamiento por adicciones, ahí le manejan la medicación, pero si está sola en la calle, claramente es el punto más complejo”.
Por último, Lorea dejó un dato que apunta directamente a eliminar el mito de la barrera de acceso, la medicación contra la tuberculosis no se vende en farmacias comerciales y es completamente gratuita. Se entrega con orden médica en la Zona Sanitaria VIII, en los centros de salud, en el CEMA y en los hospitales regionales como el Materno y el HIGA, sin importar la obra social o la situación económica del paciente. “El aspecto económico no debe ser excusa para no hacer el tratamiento”, cerró.
