El senador nacional Maximiliano Abad propuso ceder uno de los hoteles abandonados a la Universidad Nacional de Mar del Plata. Mientras algunos residentes celebran la reactivación educativa, otros advierten sobre el impacto en el turismo y la saturación de los servicios básicos.
El senador nacional por la UCR propone ceder uno de los edificios del histórico complejo hotelero a la Universidad Nacional de Mar del Plata para crear un polo educativo con aulas, laboratorios y residencias estudiantiles. La iniciativa, que ya tuvo estado parlamentario en el Senado y eco en el Concejo Deliberante, vuelve a la agenda con el respaldo de vecinos y la cautela de quienes temen perder el perfil turístico del lugar.
El senador nacional Maximiliano Abad recorrió esta semana el predio ubicado al sur de Mar del Plata, se reunió con vecinos y relanzó con fuerza una propuesta que ya había elevado el año pasado ante el Senado de la Nación de ceder uno de los hoteles del histórico complejo a la Universidad Nacional de Mar del Plata para transformarlo en un campus con aulas, laboratorios y residencias para estudiantes.
La iniciativa no es nueva, pero recupera impulso en un momento en que el debate sobre el destino de Chapadmalal se mantiene abierto y sin resolución definitiva. El dirigente radical busca fijar posición en ese escenario
Lo que piensan los que viven ahí
el Retrato salió a la zona para tomar el pulso de quienes conviven con el complejo en su estado actual, abandonado en buena parte de sus instalaciones, sin la actividad turística que alguna vez lo definió. Las opiniones fueron diversas, pero coincidieron en un diagnóstico: así como está, no funciona.
Magdalena Salvi, propietaria de cabañas en la zona, destacó que el espacio se encuentra “desperdiciado” y rechazó su posible uso comercial para eventos masivos o fiestas privadas. “Si le siguen metiendo a lo que es alojamiento o tema fiestas, tema música y todo eso, es otro Chapa. Está cerca de Mar del Plata, cerca de Miramar, tiene mucho espacio. La verdad que me parece que es un excelente fin para el complejo. Y ojalá se dé”
Por su parte, Carlos Mendoza, un ex empleado de 58 años que trabajó en el predio, avaló el desembarco de la UNMDP por sobre una privatización. “Que mantengan el espíritu del lugar y generen laburo para la gente de acá, porque si no, nos quedamos sin nada”, advirtió.
Desde el claustro estudiantil, Candela Mastromarino respaldó la ampliación de la infraestructura académica para producir mayor conocimiento. “Apostar a la universidad y hacerla crecer sigue siendo una forma de resistencia contra un gobierno que la quiere desmantelar”, afirmó la alumna.
Temor por el turismo y la saturación de servicios
No obstante, el proyecto despertó cautela entre quienes defienden el perfil tradicional de la zona. Camila Suárez, recepcionista hotelera, introdujo el argumento turístico con más precisión. “Para el turismo tradicional puede ser un gol en contra. Muchos vienen por el complejo histórico y el mar. Si convierten los hoteles en aulas y residencias, perdemos esa oferta”, advirtió, aunque abrió una posibilidad intermedia: “Si lo hacen mixto, con parte educativa y parte turística, capaz que hasta nos beneficia. Ojalá no sea todo o nada”.
María Inés Rodríguez, comerciante y madre de dos chicos en edad escolar, sintetizó la tensión entre el entusiasmo por el proyecto y las preguntas que generan dudas entre los vecinos. “Una universidad trae jóvenes, movimiento, pero también puede saturar los servicios”, planteó “Quiero que me expliquen si los chicos van a vivir ahí, cómo va a ser el transporte, si va a haber seguridad, porque nada de esto hay ahora”. Al mismo tiempo, reconoció el potencial del empleo: “En vez de hoteleros que vienen y se van, habría profesores y mantenimiento todo el año”
