El próximo domingo será el primer atleta con cáncer de garganta en correr la maratón internacional de Madrid. Marcelo Chorny a sus 58 años, hoy radicado en Gijón (España), buscará transformar su experiencia en un mensaje de esperanza.
En diálogo con “el Retrato”, el hijo por adopción de Mar del Plata , quien fuera jugador de Pueyrredon y del seleccionado mayor de la Unión de Rugby de Mar del Plata, sabe lo que es la superación ante las adversidades mas duras. A fines del 2019, atravesó un cáncer de cabeza y cuello que lo obligó a una laringectomía total con la extirpación de cuerdas vocales y laringe.
“Correr un maratón de 42 kilómetros ya es, para cualquiera, un desafío físico y mental”, afirma a la distancia a través del teléfono en charla con “el Retrato” expresando sus ganas que hoy ya sea domingo para salir a correr “y caminar si mi rodilla no me acompaña, y así para cruzar la meta”
Un cambio de vida marcado por el miedo
Marcelo Chorny, jugador y formador del rugby marplatense, reconstruye su historia con la serenidad de quien atravesó momentos decisivos. Su paso por el club Pueyrredón marcó una etapa importante de su vida deportiva, donde permaneció varios años consolidando no solo su juego, sino también una identidad ligada a los valores del rugby.
“Luego de un asalto que sufrí, me asusté y decidí marcharme. Ese día supe que quería cambiar. Estaba recién separado”, relata Chorny, al explicar el punto de inflexión que lo llevó a dejar el país. La inseguridad y un contexto personal complejo fueron determinantes en una decisión que modificaría su destino.
Con un objetivo claro, emprendió viaje hacia España: “Me voy a hacerme español y poder pasarle a mis hijos la ciudadanía. Cuesta, pero estoy bien”, cuenta. El proceso fue largo y exigente, pero finalmente logró regularizar su situación. “Aunque mis hijos aún no cuentan con la ciudadanía, tienen prioridad para obtenerla, lo que representa una tranquilidad para el futuro familiar”.
El rugby como sostén y vocación
Lejos de abandonar el deporte que lo formó, Chorny encontró en el rugby un ancla en su nueva vida. Actualmente se desempeña como entrenador en el Gijón Rugby, donde continúa transmitiendo su experiencia.
“Soy el actual entrenador. En la primera temporada entrené a los seleccionados. Y hasta el año pasado fui el director de la academia”, detalla. Su vínculo con el rugby trasciende lo individual: su familia también está profundamente ligada a la disciplina, con su hermano formando parte del staff de la selección española.
Sin embargo, su camino no estuvo exento de dificultades. Hace seis años enfrentó un duro diagnóstico: cáncer de laringe. Las consecuencias fueron severas y permanentes. “Me quedé totalmente mudo. Tuve que aprender a hablar de nuevo. No tengo cuerdas vocales ni laringe”, explica, evidenciando la magnitud del desafío.
Lejos de retirarse, adaptó su forma de entrenar: utiliza dispositivos de amplificación para poder comunicarse con sus jugadores. “No abandoné el rugby, al contrario. Como es al aire libre, uso altavoces para que me escuchen mejor los chicos”, agrega, demostrando una resiliencia que atraviesa toda su historia.
Mirada sobre el rugby argentino y una vida marcada por la solidaridad
A la distancia, Chorny sigue de cerca la evolución del rugby argentino. Destaca el crecimiento del nivel competitivo y la presencia de jugadores nacionales en el exterior. Según afirma, hay cerca de 100 argentinos compitiendo en primeras divisiones europeas, consolidando una base sólida de talento.
También mantiene contacto con Mar del Plata, donde conserva amistades y vínculos con su club de origen. “Cada charla que tengo con la gente de ahí veo que creció el nivel. Lo veo muy bien, por suerte”, sostiene.
En paralelo, desarrolla una tarea silenciosa pero significativa: ha facilitado la llegada de más de 150 jóvenes jugadores argentinos a Europa. Lo hace sin cobrar, por pura vocación. “Lo hago por amor, por dar una mano. Todos dicen que me hubiese llenado de dinero, pero quien da no pide nada a cambio”, afirma.
“No se puede juzgar al rugby por unos pocos violentos”
Consultado sobre hechos de violencia que involucraron a rugbiers en Argentina, Chorny fue claro al separar el deporte de conductas individuales. “No se puede juzgar a un deporte. El 90% de los rugbiers no haría eso. El problema es social”, remarca, defendiendo los valores que, según él, definen a la disciplina.
En ese sentido, destaca principios fundamentales: “Solidaridad, honestidad, respeto. Esos son los valores del rugby y hay que sostenerlos”.
A sus 58 años, lejos de bajar el ritmo, se prepara para un nuevo desafío: correr una maratón en el marco de una campaña solidaria vinculada a su enfermedad. “Es un reto para dar visibilidad. Hay calidad de vida y se pueden hacer cosas con esfuerzo”, señala. La iniciativa incluso derivó en la realización de un documental sobre su historia.
Finalmente, aunque descarta regresar a vivir a Argentina, mantiene el vínculo con su tierra natal. Planea visitar Mar del Plata próximamente, donde lo esperan sus afectos. “Tengo ganas de ir. Hace un año que no voy. Mis hijos también viajan, ahora prefieren venir ellos”, concluye.
Hoy su tiempo lo distribuye en el Gijón Rugby y entre el grupo de sus amigos argentinos que encabeza Griselda Milelo, convertida en una especie de vocera, de su camino de superación.
La historia de Marcelo Chorny es la de una transformación profunda: de la adversidad al compromiso, del silencio impuesto a una voz que, aunque distinta, sigue transmitiendo valores dentro y fuera de la cancha.
