“Mar del Plata está siendo una ciudad de nadie”: las voces de la segunda marcha

Vecinos de distintos barrios, comerciantes y trabajadores de plataformas de delivery se concentraron este sábado frente al monumento al General San Martín bajo el lema “Mar del Plata Despierta”. Aunque la convocatoria debería haber reunido más gente, quienes estuvieron dejaron un diagnóstico uniforme: delincuentes identificados que siguen libres, policías que no responden y una justicia que impone reparaciones que nadie hace cumplir.

Zelmar Pumpuntis y Diego Borovina son riders de PedidosYa. Trabajan a la noche y tienen algo en común con casi todos los presentes, saben quiénes roban, saben dónde están y saben que nadie los frena. “No voy a esperar a que me pase algo para venir a protestar”, resumió Pumpuntis, que además cuenta que no puede llevar a sus hijos a la plaza del barrio San Cayetano por la venta de drogas en la esquina de la iglesia y los menores en moto que circulan por la senda peatonal.

Borovina historias de compañeros sacados a punta de ametralladora en el monte Varela, y como a un colega le rompieron el brazo para robarle la moto. A dos cuadras habia patrullero con efectivos estaban tomando mate. “Fuimos a avisarles y dijeron que había que llamar al 911 y que fuera la comisaría que corresponde. Ellos estaban ahí”.

El hermano baleado y la vecina que vino igual

Alejandra Madroñal llegó desde el barrio El Gaucho. Hace dos semanas su hermano entró a guardar el auto y dos personas que pasaban por la calle lo interceptaron: “Tiraron tiros, le dieron un culatazo en la nuca, lo tiraron al piso, lo patearon y le robaron el auto con las llaves de la casa”. Lo que evitó algo peor fue un vecino que escuchó el disparo y salió a gritar. El auto apareció sin patentes y abollado. “Los propios policías nos dijeron que no pueden hacer nada porque no los pueden ni siquiera tocar”, relató.

La amiga, Patricia Martin, del barrio Florentino Ameghino, vino sin haber sufrido un hecho directo. “Todos pensamos que a nosotros no nos va a pasar y cuando nos pasa muy cercano reaccionamos, pero después nos vamos acostumbrando”, señaló. Su lectura sobre el deterioro fue concreta: “A las 6 o 7 de la tarde en pleno centro no podés andar. No anda gente, no ves un policía. Parece el Lejano Oeste”.

La moto, el ladrón y los 25.000 pesos que nunca llegaron

Oscar Dias, del grupo Nómadas Cultura Rider, atrapó al ladrón de su moto en la puerta de su casa. El hombre se cayó al escapar y dañó el vehículo. Dos años después, la Justicia resolvió que debía pagarle $25.000 mensuales en cinco cuotas. “Nunca los pagó. Iba al tribunal y la plata no estaba depositada”. El seguro tampoco cubrió los daños: “Como la encontré, no pagan. Tendría que haber dejado que el ladrón se lleve la moto y ahí sí me hubieran pagado. Pero la rotura, no”.

María Rosa Jofre, del barrio Unzué, cerró con la pregunta que sobrevolaba toda la concentración: “Me da vergüenza que mucha gente que seguro le han robado no participe. Nadie está exento de que te roben. Acá deberían estar todos”.