El “Gordo” viene marchando… Montenegro volvió al centro de la escena

La escena política de Mar del Plata volvió a tensarse en las últimas semanas con una secuencia de hechos que expone, una vez más, las disputas internas por el control del relato y la gestión. En el centro de la escena aparece la figura del siempre vigente Guillermo Montenegro, hoy en uso de licencia como intendente y con responsabilidades en el ámbito legislativo provincial, quien logró reposicionarse en el debate público a partir de una intervención suya que no pasó desapercibida.

El detonante fue el operativo sobre la feria conocida como La Saladita, ubicada en la zona de Playa Bristol, un espacio que desde hace años genera controversias por su funcionamiento, su impacto en el comercio formal y las condiciones en las que se desarrolla la actividad. El allanamiento realizado en el lugar no solo tuvo consecuencias materiales inmediatas, sino que también abrió una nueva disputa simbólica: quién capitaliza políticamente la acción.

Montenegro no tardó en pronunciarse. A través de sus redes sociales, se adjudicó el origen de la medida al recordar que había sido él quien impulsó la denuncia en su momento. El mensaje no fue ingenuo ni casual. En un contexto donde la visibilidad es poder, el exintendente dejó en claro que sigue siendo un actor central, aun estando formalmente alejado de la conducción cotidiana del municipio.

La disputa por la centralidad política

La reacción no se hizo esperar. Desde el Ejecutivo local, encabezado de manera interina por Agustín Neme, la respuesta fue rápida y contundente. En una decisión que buscó mostrar determinación y control, se avanzó no solo con el desalojo de la feria, sino con su demolición total. El operativo fue presentado como una acción definitiva: eliminar el problema de raíz, sin margen para reinterpretaciones ni reaperturas.

Sin embargo, más allá del discurso oficial, la medida dejó entrever una tensión subyacente. La necesidad de marcar territorio político, de no ceder protagonismo, parece haber sido un factor determinante en la rapidez y la contundencia de la decisión. En términos simbólicos, no se trató solo de intervenir un espacio físico, sino de disputar el liderazgo de la agenda pública.

En este marco, la figura de Neme aparece atravesada por una doble exigencia. Por un lado, sostener la gestión diaria en un contexto complejo, con múltiples frentes abiertos. Por otro, construir una identidad política propia que no quede opacada por la sombra de Montenegro, cuya presencia, aunque indirecta, sigue siendo gravitante.

La demolición de La Saladita, entonces, puede leerse como un gesto político tanto como una acción administrativa. Un mensaje hacia adentro y hacia afuera: la gestión interina no está dispuesta a quedar relegada en la toma de decisiones ni en la construcción del relato.

Redes, poder y construcción de relato

En la política contemporánea, las redes sociales se han convertido en un campo de batalla clave. Allí se construyen liderazgos, se instalan temas y se disputan interpretaciones. Montenegro parece moverse con soltura en ese terreno. Su intervención no solo recuperó protagonismo, sino que obligó al Ejecutivo local a reaccionar en tiempo real. La secuencia es reveladora. Un operativo judicial, una publicación en redes, una respuesta ejecutiva inmediata. Tres movimientos que condensan la dinámica actual del poder político: rapidez, visibilidad y ¿disputa permanente?.

¿Y la planificación a largo plazo?

Pero detrás de esta lógica también emergen interrogantes más profundos. ¿Hasta qué punto las decisiones de gestión están condicionadas por la necesidad de posicionamiento político? ¿Cuánto pesa la competencia interna en la definición de políticas públicas? ¿Y qué lugar queda para la planificación a largo plazo en un escenario dominado por la urgencia y la exposición?

En Mar del Plata, estas preguntas adquieren una dimensión particular. La ciudad, con sus problemáticas estructurales y su complejidad social, requiere respuestas integrales y sostenidas. Sin embargo, episodios como el de La Saladita muestran cómo, en ocasiones, la coyuntura y la disputa por la centralidad terminan imponiendo su propia lógica.

Montenegro, desde su lugar actual, logró reinstalarse en el centro de la escena. Neme, desde la intendencia interina, respondió con una acción de alto impacto. Entre ambos, se dibuja un escenario donde la política no solo se juega en las decisiones, sino también, y quizás sobre todo, en la capacidad de narrarlas.

Así, la historia reciente de la feria en Playa Bristol se convierte en algo más que un episodio puntual. Es, en definitiva, una radiografía de las tensiones y estrategias que atraviesan hoy a la dirigencia local. Una muestra de que, aun en ausencia formal, el poder nunca se retira del todo.

M.A.