El centro comercial bajo asedio: horarios recortados y rejas ante la ausencia del Estado

Comerciantes de distintas zonas del centro y macrocentro describen una ciudad que se reorganizó sola frente a la inseguridad: cierran más temprano, contratan vigilancia privada y se alertan mutuamente en tiempo real. Paralelamente, este sábado 18 de abril, una segunda marcha convocada por @robos.mdp vuelve a poner en evidencia que ningún organismo estatal respondió al petitorio entregado hace casi 60 días.

Fue silencioso y gradual, un horario que se adelantó media hora, después una hora más, después ya directamente el cierre al mediodía. Los comerciantes del centro y macrocentro marplatense construyeron, sin coordinación oficial ni respuesta institucional, un sistema propio de supervivencia frente a la inseguridad. Sus herramientas son modestas, grupos de WhatsApp que funcionan como centrales de alerta, alarmas y cámaras costeadas de bolsillo, seguridad privada compartida entre vecinos de cuadra, y la decisión, cada vez más extendida, de no estar en la calle cuando cae el sol.

“Llamé al patrullero, no vinieron nunca”

Adriana Aguirre atiende su mercería en Alberti al 3029 hasta las dos de la tarde. Después cierra. La decisión no es caprichosa. Los vecinos de la zona se alertan entre sí por WhatsApp y tienen identificados a quienes rondan el perímetro. “Acá a la vuelta hay mucha revuelta fea. En Buenos Aires y Gascón es terrible, pero sobre todo ya a media tarde, tipo cinco, ahí arranca hasta la noche, que está brava.”

Matías Berengeno lleva 20 años al frente de la cotillonería Felicity, sobre Alberti al 2000. Reconoce que su esquina, con parada de taxis, de colectivos y una estación de servicio enfrente, le otorga una exposición menor que la de otros locales más recogidos. Pero no sobredimensiona esa ventaja. “Negar que hay más gente en la calle dando vueltas sería querer tapar el sol con las manos”, afirmó. “La zona no es segura, cuando baja el sol se pone complicado. Te vas una cuadra para Gascón o una cuadra para Garay y ya es otra cosa”

A pocas cuadras, sobre Colón y Entre Ríos, Darío Ilincheta administra un kiosco y mercado donde la inseguridad ya rediseñó su modelo de negocio. Cierra a medianoche, antes lo hacía a las dos de la madrugada, y desde las seis de la tarde tiene al menos dos personas en el local. La razón es que “a uno solo te lo encaran. Uno te hace el verso de que te pregunta algo acá, te manda a buscar algo atrás y el otro te roba acá adelante.” Asegura que es la única solución que tiene “La otra es cerrar, y no me lo puedo permitir”

“Están filmados, están identificados, y siguen estando”

En el microcentro la cosa no es diferente, Muriel Romano, de la tienda infantil Timmy en Catamarca casi Rivadavia, cierra a las siete y media y paga seguridad privada con botón de pánico junto a otros comerciantes de la zona. “No es solo acá en el centro. Salen los chicos del club Once Unidos y les roban los celulares, el otro día en la esquina, a dos cuadras de mi casa en Tejedor, le robaron la mochila con los patines a las nenas. Está terrible en todos lados.” Romano conoce de vista a varios de los que deambulan por la zona. Uno de ellos vive a media cuadra de su casa. “Ya estuvo preso por robar en el barrio. Pero los guardan dos horas y los largan. Eso es lo que pasa.”

En la peatonal San Martín esquina Córdoba, Juan Pablo Valentini atiende la quiniela y tabaquería Jockey Club. Lleva años observando el mismo escenario desde el mismo mostrador. El grupo de comerciantes del que forma parte recibe alertas permanentes: “Hoy, por ejemplo, una de las chicas en el grupo dijo que si había alguno vendiendo vinos, que por favor le avisemos porque le rompieron la vidriera y le sacaron botellas.”

Valentini no le adjudica la responsabilidad únicamente a las fuerzas de seguridad. El nudo, a su entender, está más arriba. “Están todos identificados, filmados, todos con fotos, y siguen estando. Sabe la comisaría, sabe quiénes son y cómo llegan. Que la comisaría de por sí no tiene nada, se le entrega a fiscalía y fiscalía los deja libres. Lamentablemente es así.” Y puso de ejemplo a una persona filmada intentando incendiar la ropa de un local hace algunos meses. Fue detenida, liberada, y hoy sigue recorriendo la peatonal. “No estoy diciendo métanlo preso. Reténganlo en un lugar donde tengan cuidado. No siga perjudicando a la gente.”

Desde la librería Gnosis, en Catamarca casi Luro, Ricardo acumula siete ingresos delictivos en los últimos años. Entraron por el fondo, atravesaron paredes, accedieron a departamentos del piso superior. El local fue declarado “manzana marcada” por un fiscal tras uno de los episodios. Hoy cierra a las 6:30 de la tarde, antes lo hacía a las nueve de la noche.

El grupo de comerciantes al que pertenece procesa decenas de alertas por día. “En menos de dos minutos tenés 160 tipos que están diciendo: me robaron tal, va con tal mochila, está caminando por San Luis”