El mercado de alarmas crece, pero más lento que el miedo: “Termina mandando el bolsillo”

Frente al avance de la inseguridad en Mar del Plata, el Retrato relevó el estado del sector de alarmas y cámaras de seguridad. Los referentes consultados coinciden en que la demanda creció, con un pico pronunciado en noviembre y diciembre, pero advierten que el costo de los equipos frena la conversión de consultas en ventas. El perfil del delito también cambió: ya no es el hurto en casa vacía, sino la entradera y el enfrentamiento directo.

La percepción de inseguridad está aumentando, pero eso no se traduce automáticamente en instalaciones de seguridad en las casas. Gustavo Echeverría, de Brocal Seguridad, lo sintetizó: “Lo que sucede muchas veces es que cuando el evento ya pasó, se enfrían y después manda el bolsillo, no sigue mandando la necesidad”.

Echeverría reconoció que las cotizaciones no acompañaron el ritmo del aumento delictivo y que el mercado local está más competido y fragmentado que antes.

Desde Block Seguridad, Guillermo Lenzi, con más de veinte años en el rubro, matizó: “Es medio relativo el aumento de ventas en cuanto a sistemas de seguridad. No va tan de la mano con la cantidad de robos”. Sí observó, en cambio, un incremento sostenido en la demanda de cámaras, particularmente en zonas donde antes no se registraban eventos.

En Punto Alarmas, Catalina, confirmó que noviembre y diciembre “se dispararon fuerte” en consultas, y que esa curva no se revirtió con el fin de la temporada: “Todo el tiempo están preguntando”. Señaló además el fenómeno de las alarmas vecinales, que se posicionó como el producto de mayor crecimiento reciente: sistemas donde los vecinos de una misma cuadra quedan interconectados mediante una aplicación y pueden activar alertas colectivas ante una presencia sospechosa. “Es lo que más se está vendiendo”, afirmaron desde el local.

Los precios que sacan el miedo

El costo es la variable que más frecuentemente interrumpe el proceso de compra. Un equipo básico de alarma o cámaras parte del millón de pesos. Para quien no puede afrontar ese desembolso, la alternativa es el comodato, que implica un abono mensual de alrededor de $70.000 a cambio de un kit de cobertura mínima (uno o dos sensores de movimiento, una o dos aberturas). Por otro lado, las cámaras con analítica, capaces de identificar presencia humana y generar alertas automáticas, arrancan en $150.000 por unidad. Para quienes no llegan a esos valores, Punto Alarmas mencionó una alternativa intermedia como las cámaras con sirena y reflector incorporados, por alrededor de $200.000.

Los tres referentes descartaron que la demanda esté concentrada en zonas específicas. “Hoy no hay discriminación de barrios, desde el barrio más humilde hasta el barrio más cheto sigue habiendo intrusiones”, afirmó Lenzi. El diagnóstico compartido es que el miedo existe, es concreto y se expresa en consultas. Lo que el bolsillo no siempre puede hacer es convertirlo en una instalación.