Barrio privado, efluente público: Las Prunas suma multas irrisorias y ningún cambio

Ocho meses después de que la Autoridad del Agua de la Provincia de Buenos Aires ordenara a Las Prunas cesar sus vuelcos en 48 horas, el efluente contaminado sigue descargando en el cañadón que atraviesa el Bosque Peralta Ramos. Mara Paula Moscoso, referente de la Asociación Vecinal de Fomento del barrio, advirtió que esta es la tercera resolución oficial en tres años y que el patrón se repite: multas insuficientes, inacción estatal y una empresa que niega evidencia producida por los propios organismos de control.

La resolución 911 de la ADA, emitida en marzo de 2025, definió que Las Prunas no contaba con permiso de vuelco, no tenía permiso de uso de recurso hídrico, su planta de tratamiento presentaba mal estado y registraba sobrenadantes. La autoridad de aplicación ordenó el cese inmediato. Ocho meses después, el vuelco continúa. “En febrero tuvimos otra queja de un vecino que vive en las cercanías del cañadón de que el olor era insoportable. Hasta ahora no tenemos ninguna constancia de que hayan hecho lo que correspondía”, afirmó Moscoso en diálogo con el Retrato.

No es la primera vez que la empresa enfrenta este tipo de determinaciones. En febrero de 2021, ADA ya le había aplicado una multa exactamente por las mismas causales. El 7 de noviembre de 2023 llegó una segunda resolución, con otro análisis desfavorable y una sanción de $904.000. La de 2025 configura el tercer ciclo de la misma secuencia. “Las multas son tan irrisorias que prefieren pagarlas y seguir haciendo las cosas mal antes que ponerse a derecho. Evidentemente son insuficientes”, resumió Moscoso.

Los números que no dejan margen

La contaminación no descansa en denuncias vecinales sino en cuatro análisis oficiales realizados por OSSE y ADA en períodos distintos y que arrojaron resultados consistentemente negativos en todos los casos. El último, realizado por ADA en 2025 en la cámara de toma de muestras ubicada a medio metro de la propia planta de tratamiento, registró un valor de 430.000 en el indicador de referencia. El límite máximo permitido por la normativa 336/03 de vuelco a cuerpo de agua superficial es 2.000. La diferencia es de más de doscientas veces el umbral legal.

Moscoso subrayó la relevancia de la ubicación del muestreo para desestimar el argumento de contaminación preexistente que esgrime la empresa: “No lo hicieron a la salida del bosque donde podría haber interferencia; es a la salida de su propia cámara, hecho por organismos oficiales. Así se desmiente que estaba contaminado desde 2015 por los pozos ciegos del barrio”.

Ante esa evidencia, la empresa presentó en febrero de 2026 un informe privado con resultados favorables. Moscoso no descartó que los valores hayan mejorado, “si ahora la planta da bien, mejor para nosotros, queremos que el vuelco esté en los límites permitidos”, pero planteó de inmediato dudó de la veracidad de estos estudios. “Es un poco sugestivo que siempre te dé recontra mal y de pronto ahora te dé excelente. Lo que tendrían que presentar es todo el muestreo continuo que debían hacer en el medio, y eso no lo hicieron”.

La respuesta de la empresa y el acuerdo que no fue

La asociación intentó una instancia de resolución extrajudicial antes de avanzar en la vía penal. Con el respaldo de abogadas contratadas, buscó un acuerdo con Las Prunas centrado en el cese del vuelco. La respuesta fue negativa. “Nos dijeron que iban a seguir con el vuelco. Que si a los vecinos les molestaba el olor, iban a poner más cloro para que no huela. Pero que si nosotros seguíamos con la causa penal, no hacían nada. Esa fue la contestación de abogado a abogada”, relató Moscoso.

Ante el fracaso de esa instancia, la asociación incorporó a un abogado ambientalista que trabaja ad honorem. A través de él, se presentó un escrito de pronto despacho ante ADA solicitando que el organismo informe si la empresa presentó el plan de regularización, cuál es su contenido y dónde están los muestreos que debían realizarse cada 15 días.

El cañadón que desborda olores insoportables

Las últimas lluvias intensas sobre Mar del Plata provocaron el desborde del cañadón de Las Prunas, que discurre en el interior del Bosque Peralta Ramos antes de confluir con el arroyo Corrientes en la zona del Alfar. “Las imágenes de los vecinos muestran el agua mezclada con un olor insoportable por toda la calle”, describió Moscoso. El cañadón acumula cañas (de allí el nombre) y restos de poda que reducen su capacidad de escorrentía, lo que provoca que el efluente quede estancado. “Gente que compra su casa, veranea y paga impuestos, un domingo de verano no podía estar afuera por el olor inmundo”.

El sur es un patrón, no excepción

Moscoso ubicó el caso dentro de una problemática más amplia que caracteriza la expansión inmobiliaria en el sur de Mar del Plata. “Nadie está en contra de un barrio privado, pero le tenés que dar garantías al ciudadano de que se va a controlar que hagan las cosas bien”, afirmó, y señaló a Tierra y Mar como una situación que debería tomar nota de lo ocurrido con Las Prunas antes de avanzar. “Si nadie controla, pasan estos excesos. No podés vender a Las Prunas como sustentable y sostenible cuando estás tirando tu efluente absolutamente contaminado al barrio de al lado”. Al mismo tiempo indicó que el municipio tampoco intervino, pese a que el Bosque Peralta Ramos sí es jurisdicción comunal.

Una solución a un año vista

La salida estructural al problema podría tener fecha, pero hay que entender que en el medio los vecinos sufren. Senderos de Rumencó, otro barrio privado en desarrollo sobre Don Arturo, está construyendo un colector cloacal que atraviesa el bosque. Las Prunas firmó un convenio con OSSE que la obliga a conectarse a ese colector una vez que esté operativo, lo que podría ocurrir en aproximadamente un año. “Eso no quita que en el medio hay vecinos pasándola mal hace años y se está cometiendo un delito ambiental comprobado”, subrayó Moscoso. La solución inmediata que reclama la asociación no requiere obras, sino que la empresa deje de volcar y contrate un servicio de extracción de efluentes, o que invierta en un biodigestor que funcione. Mientras eso no ocurra, el cañadón seguirá recibiendo lo que la planta no puede tratar.