Aquarium: “Si entran al ciclo del cautiverio, van a seguir comercializando pingüinos”, piden por su liberación

Los 66 animales que permanecen en el predio del Aquarium de Mar del Plata (cerrado desde marzo de 2025 y bajo quiebra judicial desde el 20 de febrero de 2026) se encuentran en el centro de la disputa. La Fundación Fauna Argentina presentó una denuncia ante la fiscalía para impedir su transferencia a otro centro de cautiverio y reclamar, en cambio, la evaluación de su reinserción en el hábitat natural. Juan Lorenzani, presidente de la organización, sostuvo que la oportunidad es inédita y que subestimarla sería un error histórico.

El inventario oficial consigna 56 pingüinos magallánicos, 2 pingüinos rey, 4 saltarrocas y 4 lobos marinos de dos pelos. Son los animales que quedaron cuando la empresa operadora, Plunimar S.A. (filial del grupo mexicano The Dolphin Company), entró en cesación de pagos en enero y fue declarada en quiebra por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°20. La síndica designada, Andrea Alejandra Hoff, tiene a cargo la liquidación de activos. Lorenzani advirtió en diálogo con El Retrato que esa categoría no debería incluir fauna viva: “Si esos 66 pingüinos entran al ciclo del cautiverio, lo que va a haber es una reproducción en la cual se van a seguir comercializando.”

La denuncia y el argumento de la liberación

La presentación ante la fiscalía, radicada el miércoles pasado, tiene dos ejes. El primero es que los animales sean retirados del ámbito de la sindicatura y el segundo es que la justicia evalúe su reintroducción al medio silvestre, una alternativa que los operadores del sector suelen descartar bajo el argumento de que los ejemplares nacidos en cautiverio no pueden adaptarse. Para Lorenzani, ese argumento carece de sustento empírico. “¿Y quién lo dijo?”, retrucó. “Los que han tenido millones de años de evolución antes que el ser humano fueron los animales. No hay que subestimar a la naturaleza”.

El caso que cita la fundación como referencia es el del tortugo Jorge, una tortuga que pasó cuatro décadas en cautiverio en Mendoza, fue trasladada a Mar del Plata y, al ser liberada con un dispositivo GPS, recorrió 14.000 kilómetros en pocos días hasta llegar a las costas de su zona de origen. “Había muchas fichas en contra y pasó lo que pasó”, remarcó Juan Lorenzani (FOTO). La estrategia es marcar a los pingüinos, verificar su estado sanitario y soltarlos junto a los adultos reproductores durante la corriente migratoria, cuando las colonias se desplazan de sur a norte hacia las costas de Brasil y regresan para agosto a anidar en Chubut. “Si se sueltan con las corrientes indicadas y los animales sanos, estaríamos ante una experiencia nueva que puede servir a futuro si alguna colonia está en peligro de extinción”, detalló.

La fundación también impugnó la propuesta alternativa de donación a centros como el Bioparque de Batán o la Fundación Bubalcó. “¿Donarlos para qué? ¿Para que sigan en cautiverio reproduciendo y hacer un ciclo de venta de pingüinos dentro de la provincia de Buenos Aires?”, cuestionó Lorenzani.

Cuidado básico y la polémica del agua verde

El cuadro sanitario actual es, según Lorenzani, de supervivencia mínima. Un equipo de 12 trabajadores mantiene la alimentación con una frecuencia de personal que describe como reducida. Las inspecciones de la Policía Ecológica y de Zoonosis no registraron signos de desnutrición ni maltrato evidente, lo que la empresa utilizó para refutar las acusaciones de abandono. La polémica pública se desató cuando la Fundación difundió imágenes de estanques con agua de tonalidad verdosa; la respuesta oficial atribuyó el fenómeno a la presencia de microalgas ante la ausencia de tratamiento químico, y descartó que representara un riesgo para los animales.

En un plano más amplio, la Fundación Fauna Argentina prevé impulsar un proyecto para alinear la legislación de la provincia de Buenos Aires con los criterios que rigen en las provincias patagónicas, donde el contacto no autorizado con fauna protegida tiene consecuencias penales. “Allá tocás a un pingüino y tenés un problema legal, acá cualquiera hace lo que quiere”, resumió Lorenzani, quien también apuntó contra la figura del oceanario como institución: “Ya no hay circos con animales, no hay zoológicos prácticamente, y un acuario no deja de ser un circo, solo que te lo pintan distinto. Son los últimos estertores”.

La presentación ante la fiscalía busca, además, que se reconozca a los pingüinos como sujetos de derecho bajo la figura de “personas no humanas”, siguiendo la jurisprudencia de los casos de la chimpancé Cecilia y la orangutana Sandra. “Nada es imposible”, concluyó Lorenzani. “No hay que cerrar la posibilidad de darles la oportunidad de volver a la naturaleza”.