Raúl Fantelli, de 73 años, y su esposa de 69 fueron sorprendidos durmiendo por tres hombres encapuchados que los maniataron, los amenazaron con una pistola eléctrica y se llevaron efectivo, dos celulares, herramientas y la camioneta. Es el segundo robo que sufre en cuatro meses. Después del hecho, la pareja decidió mudarse.
En la madrugada del sábado 11 de abril, pasadas las cuatro de la mañana, tres hombres con pasamontañas y ropa oscura rompieron la ventana del dormitorio de una vivienda en Salta al 3800, en el barrio San José de Mar del Plata. Adentro dormían Raúl Alfredo Fantelli, jubilado de 73 años, y su esposa, Nilda Iris Peyrou, de 69.
Los hombres entraron directamente al dormitorio rompiendo el vidrio. Tiraron a Fantelli de la cama (los vidrios en el piso le lastimaron los pies), lo ataron de manos con un cable de computadora y un alargue, y le taparon la boca con una bufanda de su esposa. A ella no la ataron, le dijeron que sí cuando Nilda advirtió que tenía problemas de salud.
Desde ese momento, las exigencias fueron directas: dólares y efectivo. “Dame la plata, dame los dólares, sino me llevo la camioneta”, repitió uno de los hombres. Fantelli llevaba en ese momento unos 750.000 pesos en efectivo, producto de una cobranza de su trabajo como viajante de comercio. Se lo llevaron. También se llevaron dos celulares Samsung A16, y antes de irse le exigieron a Nilda el código de la aplicación del Banco Santander, desde la que realizaron una extracción de 480.000 pesos.
Había, además, un cuarto sujeto afuera. Fantelli lo supo porque escuchó cuando uno de los que estaban adentro atendió el teléfono y el de afuera decía, en voz alta: “Tranqui, acá paró una camioneta enfrente.” Al irse, se llevaron la camioneta Renault Oroch gris de Nilda. También una valija con herramientas, una máquina contadora de billetes, una pantalla calefactora y otros elementos.
En total, entre el efectivo, la extracción bancaria, los celulares, la camioneta y las pertenencias, el robo superó ampliamente el millón y medio de pesos en daño directo, sin contar el valor del rodado.
“A vos te entregaron”
Fantelli no tiene dudas de que el operativo fue planificado con información previa. “Yo creo que fue alguien que sabe. Soy viajante de una empresa y normalmente traigo la recaudación. En ese momento tenía muy poca plata, a veces tengo más”, señaló. La frase que más lo perturbó se la dijo uno de los asaltantes en el propio momento del robo: “A vos te entregaron, viejito.”
Lo que hace más grave el episodio es que no es el primero. El 28 de diciembre del año pasado, ya habían sido asaltados. En esa oportunidad los ladrones entraron por la puerta de la cocina, que Fantelli había dejado entreabierta por el perro. “Me desvalijaron la casa” describió.
Fantelli nació en esa misma vivienda. Su madre vivió toda la vida ahí. “Nunca tuvimos ningún hecho de inseguridad”, dijo. Ahora, en menos de cuatro meses, acumula dos robos con ingreso al domicilio mientras dormía.
Según describió, no es un caso aislado. A la vecina de enfrente le robaron una cantidad importante de dólares hace algunos años. A una prima de su esposa, en la misma cuadra, le entraron el año pasado. Al vecino de la esquina también le robaron poco tiempo atrás. “Este barrio no está tranquilo”, resumió. “Fijate que en mi casa no tengo rejas, porque nunca tuve.”
“Tenemos miedo, nos vamos a ir”
El estado anímico de Fantelli al momento de la entrevista era de derrumbe. Su esposa no pudo dormir en la casa esa noche y se fue a lo de su hija. El miedo se instaló de manera definitiva. No hay energías para poner rejas y portones, “si total las pueden saltar”.
“Vamos a alquilar algo y nos vamos a ir a un departamento. Mi señora ya no quiere quedarse más en la casa. Somos dos personas grandes, ella está todo el día sola porque yo viajo.”
La Sociedad de Fomento del barrio acompaña el reclamo de los vecinos, aunque con los límites de lo que una entidad civil puede hacer frente a un problema que excede su capacidad de respuesta. La denuncia fue radicada en la Comisaría Segunda y la causa quedó caratulada como “Robo en domicilio con moradores”. La policía realiza el rastreo de las cuentas bancarias hacia las que se transfirió el dinero de Nilda. El teléfono de ella fue rastreado brevemente minutos después del robo, arrojó como última ubicación la intersección de Los Duraznos y Anchorena. Al mediodía ya figuraba apagado.
