El haber básico sumado al bono extraordinario congelado no logra cubrir la canasta básica. En ese marco, los jubilados marplatenses relataron a el Retrato la dura realidad mensual para decidir qué gastos priorizar y cuáles recortar.
El haber mínimo jubilatorio se ubica en $380.319 para el mes de abril. A esta cifra se le suma un bono extraordinario de $70.000, un refuerzo que no se actualiza desde principios de 2024 y que eleva el ingreso total de bolsillo a $450.319.
Frente a este escenario de licuación de ingresos, la calle devuelve testimonios de supervivencia. María Rosa Zapata de 69 años lo resumió: “La gente que tiene la mínima tiene que pagar un alquiler, y de pronto o come, paga el alquiler o toma remedios”.
Zapata percibe un monto levemente superior al básico tras 30 años de aportes y mantiene la cobertura de Osecac. No obstante, detalló que destina alrededor de $100.000 mensuales a su medicación. “La mayoría de las veces hay que recurrir a los hijos, el tema son los que no tienen red, la están pasando muy mal”, advirtió.
Por su parte, María Tosi maneja números similares. Al cobrar la mínima y poseer certificado de discapacidad, gasta cerca de $70.000 mensuales en farmacia con los descuentos de su mutual.
“El 15% del ingreso total se va en remedios antes de pagar ningún otro gasto”, calculó Tosi. En esa línea, remarcó que para un jubilado que debe alquilar la situación es directamente “imposible”.
A este panorama se suma el laberinto burocrático. Un ejemplo es María Alonso, empleada de comercio durante 42 años, que se encuentra tramitando la pensión por viudez de su esposo. “Te dan mil vueltas, faltan papeles, plazos larguísimos, no saben que inventar. Con la mínima sola es imposible cubrir luz, gas, agua y teléfono”, sentenció la mujer, quien lamentó heredarle a las próximas generaciones “un terreno no muy llano” en términos de estabilidad económica.
PAMI: turnos demorados y atención bajo presión
Quienes mantienen la cobertura de obras sociales sindicales reconocen transitar una situación relativamente más favorable que los afiliados exclusivos de PAMI. Las quejas sobre la obra social estatal se concentran en las demoras y la incertidumbre por la cobertura.
“Los turnos son largos, tenés por ahí un mes o mes y pico de espera. Está cada vez peor la atención”, describió Tosi. A los tiempos de los especialistas se le suman los recortes en los honorarios médicos y el temor por la continuidad de la gratuidad en tratamientos esenciales.
Para Mirta Costanzi, jubilada docente, la raíz del conflicto no reside en los trámites burocráticos, sino en la premisa económica que los precede. “Lo que humilla a toda la gente jubilada es la miseria que se le paga”, reflexionó. “Ya partiendo de allí, sin tener un poco de dinero, todo lo que nos den o no nos den deja de tener valor”, aclaró Costanzi. Asimismo, exigió que el Estado considere el pago de un haber acorde a la canasta básica y pidió “no conformar con monedas” al sector pasivo.
