Hotelería en Mar del Plata: una temporada sujeta al clima y a la espontaneidad

Tras el impulso inicial de las fiestas de fin de año, la ocupación hotelera en General Pueyrredon atraviesa un período de transición e incertidumbre, marcado por la brevedad de las estancias y la reserva de último momento. Mientras los establecimientos de mayor categoría sostienen el flujo, los hoteles de menor rango dependen de la consulta diaria y las condiciones meteorológicas para asegurar su rentabilidad.

Al contrario de las planificaciones con meses de antelación que definían los veranos de antaño, el sector hotelero enfrenta hoy una dinámica de consumo fragmentada, donde la ocupación oscila drásticamente entre los días laborables y el bloque comprendido por el jueves y el domingo.

Según datos suministrados por Hernán Szkrohal, Presidente de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG) de Mar del Plata, en dialogo con el Retrato, las proyecciones para el fin de semana rondan el 63%, de acuerdo a un relevamiento privado realizado sobre una muestra de 30 establecimientos (cabe recalcar que es una muestra chica y no completamente demostrativa). No obstante, el directivo advirtió que estas cifras son sumamente volátiles. El fenómeno de la “reserva en mostrador”, donde el turista que viene a la ciudad reserva en el mismo día o no tiene alojamiento previo, se ha impuesto paulatinamente como la norma, lo que supedita el éxito de cada jornada al pronóstico meteorológico.

La brecha entre categorías

El análisis pormenorizado por establecimientos, confirma la volatilidad y arroja una realidad dispar según la categoría y el modelo de comercialización. En el segmento de alta gama, el Hotel Dos Reyes (4 estrellas) ha logrado mantener el impulso heredado de las festividades de diciembre. Desde su sector de reservas confirman que, si bien el ritmo se sostiene de cara a la primera quincena de enero, la previsibilidad para febrero es aún escasa. “El turista sigue siendo muy espontáneo, tranquilamente la semana que viene podemos hablar de otros números. Hay consultas todo el tiempo fuera de lo que es la reserva en sí”, detallaron desde la recepción del complejo.

En contraste, los establecimientos de menor categoría, como el Hotel Ártico (1 estrella), reportan un escenario de mayor quietud. Tras un diciembre que alcanzó el 60% de ocupación, el flujo actual se describe como “muy tranquilo” y dependiente de la cercanía geográfica. “Ha cambiado mucho la forma de reservar. Hoy te llaman tres días antes. Ya no es como antes, que en octubre teníamos casi llena la primera quincena de enero. Hoy son estancias cortas, de dos a cinco días como mucho, no tenemos reservas que superen los seis días”, explicaron desde el establecimiento, subrayando que el perfil del visitante actual es predominantemente de la Provincia de Buenos Aires y zonas aledañas.

El factor “grupos” como amortiguador de la caída

Una de las excepciones a la tendencia de la espontaneidad se encuentra en los hoteles que operan con delegaciones y agencias. Desde la recepción del Hotel Prince (3 estrellas) indicaron que, tras iniciar el año con un 100% de ocupación, el promedio se ha estabilizado entre un 75% y un 82%. La perspectiva es recuperar el pleno total gracias al arribo de contingentes. “Como están viniendo grupos, estimamos que el 100% se mantenga por cuatro o cinco noches seguidas. Si no fuera por los grupos, la ocupación base caería mínimo al 80%”, señalaron, destacando que la temporada actual presenta indicadores superiores a los del año anterior.

Por su parte, en el Hotel Atlantic (2 estrellas) si bien sostuvieron niveles cercanos al 90% desde Navidad, las reservas efectivas para la próxima semana apenas alcanzan el 30%. “Nos manejamos con la oferta y la demanda del momento, las reservas bajaron, pero la gente decide a último momento”, explicaron, confirmando que la tendencia de la “última hora” atraviesa a todos los estratos de la oferta hotelera.

En este escenario, Mar del Plata se encamina hacia la mitad del primer mes del año con un ojo puesto en las plataformas de reserva y otro en el clima. La capacidad de la ciudad para captar al turista de “escapada” y responder a la demanda espontánea será, en última instancia, el factor que determine el saldo final de una temporada que cada vez es mas imprevisible.