Inseguridad : la desesperación vecinal se convierte en advertencia armada

La creciente ola de inseguridad en Mar del Plata ha alcanzado un punto alarmante. En los últimos días, vecinos del barrio Cerrito Sur decidieron expresar su hartazgo con una medida extrema: colgar pasacalles con amenazas directas a los delincuentes. Los carteles, con mensajes como “Chorro en el barrio no llamamos al 911. Te metemos bala” o Las autoridades nos abandonaron, la Policía sin recursos. No digas que no te avisamos, te vamos a c… a tiros, reflejan un sentimiento de abandono y desesperación que se repite en distintos puntos de la ciudad.

En la esquina de Santa Cecilia y avenida Fortunato de la Plaza, uno de los pasacalles se volvió viral en redes sociales, desatando un debate sobre los límites entre la legítima defensa y la justicia por mano propia. Lo que comenzó como una advertencia se transformó en un grito colectivo ante la ausencia del Estado. Según relataron los vecinos, en las últimas semanas se multiplicaron los robos a viviendas, arrebatos y asaltos violentos, mientras los patrullajes policiales son cada vez más esporádicos.

Las autoridades nos abandonaron”, aseguran los frentistas, quienes afirman que la Policía carece de recursos y presencia constante. Esta situación genera un clima de tensión creciente: miedo, enojo y la peligrosa idea de que, ante la falta de respuestas oficiales, cada uno debe defenderse como pueda.

Lo ocurrido en Cerrito Sur no es un hecho aislado. En barrios como San Martín, El Progreso o Cerrito y San Salvador, los vecinos describen una realidad similar: delitos cotidianos, demoras en las denuncias y una sensación de vulnerabilidad que ya se volvió parte de la rutina.

Las amenazas en los pasacalles son el síntoma más crudo de una sociedad que se siente sola. La inseguridad no solo roba bienes materiales, sino también la paz y la confianza en las instituciones. El riesgo ahora es que el miedo se convierta en violencia, y que la falta de respuestas oficiales empuje a los ciudadanos a tomar medidas por su cuenta.

En este contexto, Mar del Plata necesita algo más que patrulleros intermitentes. Urge una política integral de seguridad, con presencia real en los barrios, contención social y coordinación entre las fuerzas. De lo contrario, la advertencia de Cerrito Sur puede convertirse en la imagen de una ciudad donde el hartazgo reemplaza al orden, y el miedo se impone sobre la ley.