Cansado de los robos y la faena clandestina en su campo, Alfredo Navarro, un productor agropecuario de General Alvarado, decidió tomar medidas drásticas. Harto de los delincuentes y de la inacción de la Policía, colocó las cabezas de tres terneros frente a la sede de la Municipalidad de General Alvarado.
El damnificado señaló que la situación de inseguridad en los campos se ha vuelto inmanejable y que, en los últimos ocho años, le han faenado unos 32 novillos. Cada animal tiene un valor de mercado de $250.000 y los delincuentes los “carnean” para llevarse los cortes más caros y luego abandonan el resto.
Con las cabezas de novillos en la puerta del Municipio, el hombre pidió una audiencia con el intendente Ianantuony, pero no tuvo suerte. Más tarde las tuvo que retirar para que las peritara el Comando de Patrulla Rural.
Al expresar su frustración, Navarro comentó: “Cuando llegamos el viernes a trabajar en el campo, encontramos que nos habían matado tres vaquillonas. Ya vamos arriba de treinta animales que perdimos en los últimos años. Es una impotencia para los que sufrimos inseguridad. Se vive esta situación tanto en la ciudad como en los campos. No hay nadie que controle”.
Además, explicó que, debido a la falta de atención por parte del gobierno de General Alvarado, decidió llevar a cabo esta forma de protesta. Sin embargo, incluso después de esta acción, afirmó que el intendente no lo atendió personalmente. A pesar de que su llamada fue recibida, nadie se puso en contacto con él.
Navarro describió la inseguridad en los campos, afirmando que ya no es seguro quedarse a dormir en el campo. Los delincuentes entran por la noche, matan animales, los faenan y se los llevan. Cada vaquillona tiene un valor de 250 mil pesos, por lo que se llevaron 750 mil pesos en total. Luego, venden la carne en el mercado negro por 400 mil pesos, lo que sigue siendo un negocio lucrativo.
El productor subrayó que atrapar a los delincuentes en el campo es complicado, ya que se esconden en las silobolsas. Suelen ser un grupo de cuatro personas, que dejan en el campo, matan los animales, caminan 150 metros y luego llaman a la camioneta en la que llegaron. Después, cargan la carne en tres minutos. Navarro argumentó que es esencial establecer controles de vehículos durante la noche, ya que los ladrones operan en la oscuridad y no hay supervisión adecuada en ese momento.
