En la gestión del SIVARA, Walteri Rivero cataloga como uno de los mayores desafíos fue el ordenar espacios de alta conflictividad, como la feria de Plaza Rocha. Allí, la convivencia entre manteros, vecinos y autoridades generó tensiones durante años.
“Intervenimos como mediadores. Logramos organizar, establecer horarios y sacar situaciones muy complicadas como la venta de droga. Fue durísimo, hubo enfrentamientos”, reconoce.
El trabajo incluyó acuerdos con el municipio, reubicación de trabajadores y establecimiento de normas básicas de convivencia. Entre ellas, el horario de armado de la feria y la asignación de puestos.
“Hoy la feria está más ordenada. La gente ya no se queja tanto como antes. Costó mucho, pero se logró”, asegura.
Sin embargo, advierte que el crecimiento de la actividad es constante, impulsado por la falta de empleo formal.
“Si sigue la desocupación, va a haber que ampliar espacios. La necesidad empuja a la gente a la calle”, plantea.
Una temporada difícil y un consumo en caída
El dirigente sindical no dudó afirmar que el último verano dejó un balance negativo. A diferencia de temporadas anteriores, el movimiento turístico no se tradujo en ventas.
“No acompañó el clima y vino gente con poco poder adquisitivo. Se notó mucho. La gente cuida cada peso”, explica.
Incluso en eventos masivos, el consumo fue bajo. “Hubo recitales llenos donde no se vendió nada. Eso te muestra que la gente está, pero no gasta”, señala.
Este cambio impacta directamente en los ingresos de los vendedores, que dependen del consumo diario para subsistir.
