Payamédicos es una asociación civil fundada en Argentina en 2002 que combina formación teatral y conocimiento médico para intervenir en hospitales, geriátricos y hogares. En Mar del Plata, la filial lleva más de 15 años de trabajo ininterrumpido en el Hospital Regional y el INAREPS. Adriana Kitay, integrante y formadora local, explica cómo funciona una disciplina que va bastante más allá del payaso de plaza.
El detalle parece menor pero no lo es, los Payamédicos usan nariz naranja, no colorada. El rojo, color asociado a la sangre, quedó descartado desde el principio. Es el tipo de decisión que define a Payamédicos como organización, nada en su metodología es arbitrario. Cada elemento del vestuario, cada palabra que se dice o se omite, cada movimiento dentro de una habitación responde a un protocolo construido a lo largo de más de dos décadas de trabajo hospitalario.
La ONG fue fundada en 2002 por el médico psiquiatra José Pellucchi y hoy cuenta con más de 8.000 integrantes en todo el país, con presencia también en Chile. En Mar del Plata funciona desde hace más de 15 años, con intervenciones semanales en el Hospital Regional y el INAREPS, además de participaciones en eventos de salud pública, hogares con niños judicializados y congresos médicos
Formación antes de la nariz
Una de las confusiones más frecuentes, según Adriana Kitay, integrante y formadora de la filial local, es creer que cualquiera puede ponerse un vestuario y entrar a un hospital a entretener pacientes. “A veces la gente cree que me pongo un vestuario, una nariz, voy y entretengo. Pero dentro de Payamédicos hay una formación académica. Eso tiene que ver con la seriedad con la que nos tomamos la profesión”, sostuvo en diálogo con el Retrato.
El único requisito de ingreso es el secundario completo. No es necesario ser personal de salud. Pero una vez dentro, la formación es doble: por un lado, la payateatralidad, el componente práctico donde se adquieren las herramientas del payaso teatral (juego, música, recursos artísticos, técnica de clown) por el otro, la payamedicina, el módulo teórico que abarca bioseguridad, ética, psicología y los fundamentos del abordaje hospitalario. “Hay cosas que hacemos y cosas que no hacemos, hay cosas que decimos y hay cosas que no decimos. Todo tiene un porqué”, remarcó Kitay. Una vez formados, los integrantes pasan a ser considerados personal de salud.
No solo niños, no solo salas comunes
El payaso está culturalmente ligado a la infancia, y esa asociación le genera a Payamédicos uno de sus mayores obstáculos iniciales con los pacientes adultos. “Lo primero que nos decían cuando empezamos en el Regional era: Vayan al Materno, acá no hay chicos, ¿para qué vienen acá?”, recordó Kitay. La organización trabaja con todas las edades y en todos los contextos hospitalarios, incluyendo terapia intensiva. “Imaginate que si uno no está preparado para entrar a esos ámbitos, podés llegar a meter la pata”, señaló. En esos espacios, las intervenciones se realizan a pedido de un familiar o del equipo médico, y pueden consistir en algo tan sutil como una canción o un sonido leve. “Hemos tenido respuestas de personas que estaban en coma, sanaron y se acuerdan de ese momento”, afirmó.
En el otro extremo del espectro, también intervienen junto a pacientes en etapa terminal. Kitay relató una escena que ocurrió hace años en el Regional, cuando un hombre que agonizaba en una habitación donde los payamédicos estaban interviniendo con otro paciente se incorporó y se rió. “Falleció al poco tiempo, pero ese último ratito lo disfrutó, lo transitó con alegría. Para nosotros eso es mágico”, detalló.
El cuerpo como aliado del tratamiento
La metodología de Payamédicos no apunta a llevar un show al hospital. El punto de partida es siempre la habilitación del paciente, nadie recibe una intervención que no aceptó, y el objetivo es convertirlo en protagonista activo, no en espectador. “Si esa persona nos cuenta que hace magia o que hace carpintería, a través de esa información producimos algo en conjunto. Lo ponemos de manera activa, a que él también haga”, explicó Kitay.
Esa participación tiene correlato fisiológico. La liberación de endorfinas y serotonina que genera la experiencia lúdica puede traducirse en una reducción de la demanda de analgésicos y en una mejora del estado general del paciente. “Nosotros somos un agente más de salud, como el terapista, el kinesiólogo, el médico clínico. Trabajamos desde la salud emocional”, afirmó Kitay.
Incluso el rechazo forma parte del proceso terapéutico. Cuando un paciente dice que no, esa negativa (poco frecuente según la formadora) tiene su propio valor: “Durante la internación, a todo lo que le sucede no puede decirle que no. Viene el payamédico y esa persona dice hoy no quiero, y nosotros nos vamos. Ahí siente que pudo decirle que no a algo. Eso también lo pone en un lugar de poder y quizás le da algún alivio.”
Lo que cura a quien cura
Kitay lleva 15 años en la organización y no duda en describir la actividad como terapéutica para quienes la ejercen. “Pagaría por hacerlo todas las semanas”, dijo, invirtiendo la lógica de quien dedica tiempo y dinero a una formación para después trabajar sin cobrar. “Es tanto lo que recibimos que a veces suena medio egoísta, pero uno dice: es terapéutico para mí.”
La filial marplatense está actualmente abriendo un nuevo ciclo de formación, de tres meses de duración. Quienes quieran sumarse pueden encontrar más información en las redes sociales de Payamédicos Mar del Plata.
