En el corazón de la loma fundacional de Mar del Plata, La Casa del Balcón, una casona centenaria recupera su esplendor y se transforma en una propuesta que combina hotelería boutique, gastronomía y cultura. Detrás de este proyecto está Natalia Costa Valle, quien, junto a su hija Salma, decidió apostar por un emprendimiento familiar que hoy comienza a consolidarse como un espacio distintivo dentro de la ciudad.
“No venimos del rubro hotelero: esto es un emprendimiento que llevamos adelante con mi hija. Yo soy asesora impositiva y ella está estudiando para contadora. Es un desafío enorme, pero también una pasión compartida que crece día a día”, cuenta Natalia, al describir el origen de esta iniciativa que, lejos de una tradición heredada, nace del impulso y la visión propia en diálogo con el Retrato.
El proyecto cumplirá dos años el próximo 29 de abril desde su apertura al público, aunque el trabajo comenzó mucho antes. Durante nueve meses y medio, madre e hija se dedicaron a la puesta en valor de la propiedad, respetando su identidad y rescatando detalles arquitectónicos que hoy son parte esencial de la experiencia de la casa ubicada en 3 de Febrero 2538.
De Mendoza al mar: una historia personal que se vuelve proyecto
Aunque Natalia nació en Mendoza, su vida está profundamente ligada a Mar del Plata, ciudad en la que reside desde hace más de 38 años. Esa pertenencia se refleja en el cuidado con el que encara este proyecto, que busca también revalorizar la identidad local.

La idea surgió casi por casualidad, al conocer la casona a través de un cliente. El flechazo fue inmediato. “Nos enamoramos del lugar. Durante la pandemia empezamos a imaginar qué podíamos hacer acá y así nació este proyecto que hoy combina tres propuestas distintas, pero con un mismo objetivo: que la gente disfrute la historia de la ciudad a través de esta casa”, explica.
El espacio se organiza en tres niveles bien definidos. En la planta baja funciona un café de especialidad con propuestas de desayuno, brunch, almuerzo y merienda. En el primer piso, salas destinadas a eventos culturales reciben exposiciones, talleres y experiencias diversas. Finalmente, los pisos superiores albergan el hotel boutique, con capacidad para 17 huéspedes.
Mucho más que hotelería: una experiencia integral
Lejos de limitarse a la lógica tradicional del alojamiento, la propuesta apunta a generar una experiencia completa. Desde la gastronomía hasta la programación cultural, cada detalle está pensado para conectar con la historia del lugar y con quienes lo visitan.
“Nuestro público busca una experiencia. No es solo venir a tomar un café o pasar una noche: es viajar en el tiempo. La casa tiene objetos, vajilla, libros y muebles que despiertan recuerdos en quienes vienen. Eso es lo que más nos emociona”, señala Natalia.
El hotel, por ejemplo, rompe con algunas convenciones actuales: no hay televisores en las habitaciones y se prioriza el contacto con el entorno, la lectura y la tranquilidad. La biblioteca del segundo piso, con ejemplares que datan desde 1943, es uno de los espacios más valorados por los huéspedes.
En cuanto a la gastronomía, la propuesta combina producción propia con elaboraciones externas seleccionadas cuidadosamente. La cocina, de estilo casero, remite a sabores tradicionales que evocan lo familiar y lo cotidiano.
Temporada, desafíos y el valor del boca a boca
El contexto económico del país también impacta en el desarrollo del emprendimiento. La última temporada de verano mostró un comportamiento dispar: un enero activo seguido por una caída marcada en febrero, especialmente en el sector hotelero.
“Fue una temporada que reflejó lo que pasa en el país. Enero tuvo movimiento, pero en febrero bajó mucho el turismo. La parte gastronómica se sostuvo, aunque con menor intensidad”, reconoce.
A lo largo del año, el flujo se sostiene en gran parte gracias al público local, que ha adoptado el espacio como casa de té. Sin embargo, Natalia destaca que aún queda camino por recorrer en términos de visibilidad, especialmente para posicionar la propuesta de almuerzos ejecutivos en una zona con alta concentración de oficinas.
El crecimiento, hasta ahora, se ha dado principalmente a través del boca a boca, una dinámica que la emprendedora valora especialmente.
“La gente se sorprende cuando entra. Muchos llegan por curiosidad y después vuelven con amigos, con familia o con visitantes de otras ciudades o países. Eso para nosotras es lo más importante: que la experiencia se comparta”, afirma.
Una casa con memoria y futuro
La historia de la casona se remonta a 1921, cuando fue construida por la familia Larco y Jauregui como residencia de veraneo. Como tantas viviendas de la época, era habitada por sus dueños durante los meses de verano y quedaba al cuidado de caseros el resto del año.
Hoy, ese pasado se resignifica en cada rincón del espacio, donde la arquitectura, los objetos y las vistas al mar dialogan con el presente.
“Estamos en la manzana fundacional de la ciudad, un lugar cargado de historia. Poder poner en valor esta casa es un privilegio enorme. Cada visitante se lleva un pedacito de esa historia”, expresa Natalia.
El vínculo con los antiguos propietarios también forma parte de esta reconstrucción emocional. Durante la inauguración, uno de los momentos más significativos fue el reencuentro con la dueña de la propiedad.
“La encontramos emocionada, con lágrimas en los ojos, viendo la casa como cuando ella había vivido acá. Ese momento nos confirmó que todo el esfuerzo había valido la pena”, recuerda.
De cara al futuro, el objetivo es seguir ampliando la propuesta, fortalecer la hotelería y sumar nuevas experiencias. Entre los próximos eventos, se destaca la celebración por el segundo aniversario, que tendrá lugar el 30 de abril con una propuesta especial aún en preparación.
En un contexto desafiante, el proyecto apuesta a algo simple pero poderoso: detener el tiempo por un momento.
“Invitamos a desconectar, a bajar el ritmo y a volver a conectar con el otro. La casa tiene esa magia: te obliga a relajarte, a mirar alrededor y a disfrutar del momento”, concluye Natalia, sintetizando el espíritu de un lugar donde la historia y la experiencia se encuentran.
