Lence y la violencia en las escuelas: Pérdida de autoridad, bullying y consumo de droga

En medio de la preocupación creciente por distintos episodios de violencia en instituciones educativas, la expresidenta del Consejo Escolar, Mónica Lence, analizó la situación y planteó la necesidad de diferenciar los contextos en los que se producen estos hechos.

Realidades distintas: salud mental y normativa

En ese sentido, sostuvo que no todos los casos pueden leerse bajo una misma lógica. “Hay situaciones, como la ocurrida en Santa Fe, que responden claramente a problemáticas de salud mental, que exceden a la escuela y requieren un abordaje específico”, explicó.

Además, remarcó que cada provincia cuenta con su propia normativa educativa, por lo que “intentar explicar todos los casos desde una mirada política general es fragmentario y poco serio”.

Al referirse a los episodios registrados en Mar del Plata, Lence planteó un escenario distinto: “En la provincia de Buenos Aires hay años de deterioro del sistema educativo, de pérdida de autoridad y de decisiones políticas que fueron desdibujando el funcionamiento de la escuela”, sostuvo.

En esa línea, diferenció con claridad ambos contextos: “No es comparable con Santa Fe. Allí aparece un hecho vinculado a salud mental; acá vemos las consecuencias de un proceso sostenido en el tiempo”. No obstante, aclaró que en territorio bonaerense también existen casos vinculados a salud mental, “pero justamente por eso es clave no mezclar todo y poder distinguir cada situación para intervenir correctamente”.

Según indicó, este deterioro dejó a las instituciones sin herramientas claras. “Se le exige a la escuela que resuelva todo, pero al mismo tiempo se le quitan instrumentos concretos para ordenar la vida escolar”, afirmó.

También cuestionó la eliminación de criterios firmes en la evaluación: “La no repitencia desordenó las trayectorias educativas y terminó generando más problemas de los que vino a resolver”.

Tejido social, familias y límites difusos

Lence advirtió que el problema no puede analizarse solo desde el Estado. “La escuela no puede reemplazar a la familia”, señaló, y describió dos realidades que conviven: “Hay contextos atravesados por el consumo y la droga, que impactan directamente en los chicos, y otros donde lo que aparece es una muy baja tolerancia a la frustración, por mencionar alguna de las innumerables posibles causas”.

En ese marco, ejemplificó: “Hoy hay padres que consultan porque el docente no sienta a su hijo en el lugar que ellos quieren o con el compañero que prefieren. Eso también habla de un corrimiento de límites y de una dificultad para reconocer la autoridad pedagógica”.

Asimismo, advirtió sobre la falta de claridad en problemáticas como el bullying: “Muchas veces no está bien comprendido qué es, cómo se aborda y cuáles son los límites. Y eso no se resuelve solo con los alumnos: tiene que trabajarse también con las familias”.

En ese sentido, señaló que el docente tampoco queda por fuera de este escenario: “Muchas veces actúa condicionado, con temor al conflicto o a posibles consecuencias laborales. No se trata de victimizar a nadie, sino de entender que la responsabilidad es compartida”.

Basta de diagnósticos: decisiones concretas

Finalmente, Lence fue crítica con la falta de definiciones. “Hace años que venimos describiendo el problema. Hay un exceso de diagnóstico y una ausencia de decisiones”, planteó.

En ese sentido, cuestionó la reiteración de propuestas que no avanzan en soluciones: “Hoy volvemos a escuchar pedidos de ‘mesas de diálogo’, incluso por parte de gremios, como si eso fuera una novedad. Pero esas mesas ya existen”.

Y apuntó concretamente a la Unidad Educativa de Gestión Distrital (UEGD): “Es un espacio institucional donde deben intervenir todos los actores del sistema educativo. No tiene sentido seguir pidiendo mesas como si fueran soluciones mágicas cuando no se utilizan ni se fortalecen los dispositivos que ya están creados para dialogar y resolver”.

Por último, insistió en la necesidad de avanzar en medidas concretas: recuperar herramientas como la repitencia, establecer criterios claros de sanción, incluida la posibilidad de separar alumnos en situaciones graves,  y ampliar las políticas de salud mental también hacia las familias. “Los padres no pueden quedar afuera. Y la escuela tampoco puede seguir sola frente a todo”, concluyó.

La preocupación por la convivencia escolar continúa en aumento, mientras crece la demanda de respuestas que vayan más allá del diagn