El gobierno municipal ingresó al Concejo Deliberante un proyecto para cambiar el Código de Ordenamiento Territorial y habilitar un hotel de lujo de hasta cinco pisos en un predio de 104 hectáreas de la estancia Santa Sylvina, en Chapadmalal. En la esquina donde se proyecta la obra hay un basural a cielo abierto denunciado en reiteradas oportunidades. La zona no tiene cloacas, ya enfrenta emergencia hídrica y los vecinos pueden estar hasta dos meses sin recolección de residuos en invierno
En la esquina de las calles 749 y 16 de Chapadmalal, donde el gobierno municipal proyecta emplazar un hotel de cuatro o cinco estrellas con gastronomía, cava de vinos, áreas deportivas y alojamientos independientes, hay un basural a cielo abierto. Los vecinos lo denunciaron en reiteradas oportunidades ante el delegado municipal y ante el EMSUR. La basura sigue ahí. “Hoy los vecinos están pensando hacer una vaquita para contratar un volquete y juntar la basura nosotros mismos”, afirmó un integrante de la Asamblea por los Bienes Comunes de Chapadmalal, en diálogo con el Retrato. “Nos parece una falta de respeto total”.
Esa distancia, entre el proyecto que el Ejecutivo impulsa y la realidad que los vecinos viven, es el nudo de un conflicto que la Asamblea no lee como patrón, el mismo patrón que se repite en Playa Redonda, cuya licitación está en evaluación del EMTUR, y en Pueblo Chapa, el barrio cerrado recientemente instalado frente al predio del hotel. En el caso de Pueblo Chapa, la Autoridad del Agua (ADA) detectó en 2025 que Pueblo Chapa avanzó con movimientos de suelo, apertura de calles y tendido eléctrico sin los certificados de prefactibilidad hidráulica, en una zona es sensible a inundaciones y cambios en el escurrimiento del agua. Al ser barrios que no tienen red de agua ni cloacas, la construcción masiva de casas con pozos individuales amenaza con agotar o contaminar las napas de las que toma agua toda la comunidad de Chapadmalal.
En todos los casos, afirman, la infraestructura que necesita la comunidad no llega, pero la normativa que necesita el inversor privado sí, vulnerando además, la salud y el medioambiente.
El proyecto y lo que pide
La firma Naiguatá S.A. (constituida en 1981, con antecedentes venezolanos y actividades inmobiliarias, agropecuarias y comerciales) pretende desarrollar en el sector no forestado de la estancia Santa Sylvina un complejo que incluye hotel de cuatro o cinco estrellas, gastronomía, cava de vinos de producción propia, áreas deportivas y recreativas y estacionamiento. El predio total abarca 104 hectáreas y las construcciones se concentrarían en 24 hectáreas delimitadas entre las calles 749 y 16, linderas al club de campo Marayuí y frente al barrio cerrado Pueblo Chapa.
Para que el proyecto avance, el gobierno solicita al Concejo Deliberante un cambio en el Código de Ordenamiento Territorial, ya que el predio está actualmente afectado al “Área complementaria de Reserva Paisajística” y requiere una excepción para admitir usos turístico-hoteleros de esta escala. La ordenanza propuesta establece además que la firma deberá presentar factibilidades de infraestructura emitidas por organismos estatales y una Declaración de Impacto Ambiental, aunque ninguna de estas condiciones debe cumplirse necesariamente antes de la aprobación legislativa sino después.
La contribución urbanística que el proyecto deberá aportar al municipio, prevista en el artículo quinto de la ordenanza, tampoco estará disponible para políticas sociales o de redistribución, deberá destinarse a “obras de infraestructura vial en inmediaciones del proyecto“, es decir, a mejorar el entorno inmediato del emprendimiento privado.
Cinco pisos sobre un campo sin cloacas
Para la referente de la Asamblea, la escala del proyecto no tiene antecedente en la zona. “Cinco pisos no hay en ninguna parte de Chapadmalal. Ni siquiera los hoteles de turismo social llegan a esa altura, es una barbaridad”, remarcó. El predio en cuestión es hoy campo abierto y el casco de la estancia ya cuenta con autorización para realizar eventos, lo que generó denuncias por ruidos molestos de parte de vecinos.
Paralelamente, Chapadmalal no tiene red cloacal. No tiene gas natural. Y atraviesa lo que Pontano describió como una “emergencia hídrica” que no es una proyección sino una realidad en curso. En zonas más al norte, como San Carlos, San Patricio, La Serena, o Acantilados, la contaminación bacteriana de las napas ya obliga a los vecinos a abastecerse de tanques de agua que el Estado repone en las plazas. En Chapadmalal el agua de pozo aún no registra bacterias, pero sí agrotóxicos. “Al no tener cloacas, los desechos contaminan las napas. Querer cambiar el código para traer más gente sin dar servicio de agua corriente es una irresponsabilidad”, sostuvo.
La recolección de residuos, mientras tanto, funciona en términos que los propios vecinos describen como ficción. En verano, la frecuencia pautada era de tres veces por semana, en la práctica pasaba cada quince días. En invierno, la zona llegó a estar hasta dos meses sin recolección. El basural de la esquina 749 y 16, el mismo terreno que el proyecto hotelero tomará como acceso, no es un caso aislado ni tampoco reciente. Los basurales se repiten en varios puntos del barrio e incluso en la playa La Redonda, playa a la que desembocarían naturalmente los turistas del hotel y que actualmente se quiere concesionar. “La gente que venga a un cinco estrellas va a salir hacia la playa por la 749 y va a ver basurales a cielo abierto, ratas y contaminación”, señala el referente.
