La mesa estaba servida, con los regalos y la comida. “Vuelvo temprano”, dijo él antes de salir al trabajo. Era el día de su cumpleaños. No volvió. Casi cincuenta años después, “La Bobe”, como la llaman en la columna, lleva en las manos la foto de Daniel Alberto Goldberg, médico de la UBA, su ex marido, asesinado el 29 de abril 1977. “La Bobe” milita desde los 16 y sigue marchando. “Por amor al pueblo militábamos, él y yo”, dice.
Era una tarde marplatense despejada, y las banderas se extendían desde Luro y San Luis hasta Yrigoyen. A las 16, la columna partió encabezada por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La magnitud de la convocatoria, que los organizadores estimaron en cerca de 100.000 personas, récord histórico para el Día de la Memoria en la ciudad, obligó desde el arranque a avanzar a paso lento. Detrás de la bandera gigante con la consigna “50 años no son un cuento”, una segunda tela con los rostros y nombres de los desaparecidos marplatenses. A ambos lados, miles de personas.
Entre ellas, Marta Abachian, que lleva la foto de su hermano Juan Carlos. Desapareció el 27 de diciembre de 1976 en La Plata. Estuvo en la Comisaría Quinta, La Cacha, la Cuarta, el Pozo de Arana. Después, nada. “Sabemos que iba a las villas, a los barrios carenciados para ayudarlos, llevarles un plato de comida, tratar de darles una mejor educación. Y eso para los asesinos era subversión“, afirmó. Marta recuerda los comienzos de estas marchas con precisión: “Soltábamos globos negros, éramos entre 15 o 20 en San Martín y Mitre”. Hoy, dice, son cuadras y cuadras, familias enteras. “Que estén alertas, porque no los vamos a dejar pasar así nomás”.
Nayla Vicini vino con su hija. Lleva la foto de su tío, José Luis Vicini, nacido en Mar del Plata, desaparecido en La Plata, militante en los barrios y estudiante de Psicología. La nena que camina a su lado es su sobrina nieta. “Son días difíciles”, dice Nayla, “porque pasaron un montón de años y todavía las familias seguimos exigiendo la apertura de los archivos para saber dónde están, qué hicieron con ellos. Para saber dónde están los primos que nos faltan, que son 300”.
Rut Nirenberg y Jorge Mojo llegaron desde el barrio de Liniers con cinco fotos. Una de ellas es Clara Kierszenowicz, estudiante avanzada de arquitectura y actriz, desaparecida el 28 de octubre de 1976. “Era como mi hermana”, dice Rut. Las otras cuatro son Marcelo Castelo, Armando Prieto, el Tanito Infantino y Luis Mercadal. Todos militantes de la Juventud Peronista, todos desaparecidos entre el 76 y el 77. “Me parece que una de las cosas que hay que empezar a decir es que éramos militantes”, remarca Rut. No lo dice como una aclaración sino como una reivindicación.
Jorge habla del retroceso que siente con el gobierno actual y Rut mira con esperanza a la juventud que asistió a la marcha: “Sabemos que cuando nosotros no estemos más, los jóvenes van a llevar nuestras banderas. Y eso es lo más importante”.
Estefanía Louis tiene 40 años y lleva la foto de Francisco Blanco, el tío de un amigo. Profesor universitario, torturado y desaparecido en Mar del Plata. “Soy hija de la democracia, por suerte, y es gracias a todos ellos”, afirma “Más allá de las banderas de cada uno, los ciudadanos que hemos estudiado, que desde chicos supimos cómo es esta historia, no vamos a creer el relato de los dos demonios. Seguramente que el otro lado también necesita justicia. Pero hoy estamos recordando a estos compañeros, que no eran ni chorros, ni asesinos, ni terroristas. Eran en su mayoría estudiantes, profesores, profesionales”.
Silvia Urdiroz lleva la foto de Raúl Depaolli, estudiante secundario de la Unión de Estudiantes Secundarios, detenido y desaparecido. Era su compañero de militancia. Consultada sobre si siente que la conciencia social se va difuminando, responde sin dudar: “No. La conciencia, en cuanto al tema de la dictadura, está cada vez más fuerte. Por la lucha de los organismos, de los familiares, de las Madres. Ninguna política negacionista va a poder parar la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Ninguna”.
