Este lunes se retomó el juicio por el hundimiento del submarino ARA San Juan en las instalaciones del Tribunal Oral Federal de Río Gallegos, tras las indagatorias de los cuatro imputados realizadas a principios de este mes.
El debate comenzó de manera puntual y, tal como lo había adelantado La Opinión Austral, comenzaron a prestar declaración los testigos propuestos por la Fiscalía y las partes, en el marco del acuerdo alcanzado el pasado 6 de enero.
El tribunal es presidido por el juez Mario Gabriel Reynaldi e integrado además por Enrique Baronetto, Luis Alberto Giménez y Guillermo Adolfo Quadrini. Este último siguió el debate de valoración de pruebas desde Tierra del Fuego, a través de la plataforma Zoom, tal como se observó en la transmisión oficial replicada por laopinionaustral.com.ar.
La misma modalidad se dio en el caso de dos de los imputados, Héctor Alonso y Hugo Correa, quienes participaron de manera remota desde la ciudad de Buenos Aires.

En representación del Ministerio Público Fiscal, estuvo presente un equipo encabezado por el fiscal ante el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, Gastón Franco Pruzan, acompañado por María Andrea Garmendia Orueta, de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas; Lucas Colla, fiscal federal interino a cargo de las sedes centralizadas de Caleta Olivia; y Julio Zárate, fiscal general interino a cargo de la unidad fiscal de Río Gallegos.
También participaron las querellas, representadas por Valeria Carreras y Luis Tagliapietra, este último de manera remota. En tanto, Natalia Piriz da Motta y Marcos González, defensores oficiales de Correa y Alonso, siguieron la audiencia bajo la misma modalidad.
En la previa, a partir de una investigación de La Opinión Austral, se había advertido la presencia de José Daniel Lorenzo, “auditor” de la Armada que asistió a las primeras jornadas del juicio y que, según fuentes consultadas, cumpliría funciones de apoyo logístico para el traslado de testigos. Sin embargo, llamativamente, este lunes no fue visto en la sala de audiencias.
Controversia
Antes de la reanudación del juicio se registró un contratiempo. La colocación de los cuerpos del expediente en la parte trasera de la sala generó el reclamo de Lucía Zunda, familiar de las víctimas, acompañada por la abogada querellante Valeria Carreras. Ambas cuestionaron que las cajas fueran ubicadas en el sector destinado al público, lo que implicaba relegar su ubicación dentro del recinto. El planteo fue tomado en consideración por el tribunal y se indicó que sería abordado en el transcurso de la jornada.

Primer testigo
Para esta semana se espera que comiencen a declarar, de manera presencial y remota, los primeros 20 testigos. Se trata de perfiles con conocimiento directo sobre el funcionamiento operativo y técnico de la nave, con exposiciones de contenido específico en relación con su estado previo al hundimiento, que se cobró la vida de los 44 submarinistas.
El primero en prestar testimonio fue Fabián Walter Krawinkel, submarinista que se desempeñó como jefe de Logística y Planificación hasta su retiro en 2019.
Krawinkel señaló que, años antes de la tragedia, se llevaron a cabo trabajos en el submarino a cargo de un contratista principal, incluyendo intervenciones en el motor de propulsión y los cojinetes. Posteriormente, se realizaron ocho pruebas de mar.

Consultado por el fiscal Pruzan, indicó que hubo ensayos que no pudieron concretarse: las pruebas de máxima profundidad y de máxima velocidad.
“En una prueba de velocidad hubo un blackout”, explicó el submarinista en relación con un incidente ocurrido en noviembre de 2014, cuando se interrumpió la alimentación eléctrica dentro de la nave, sin consecuencias graves.
“La prueba de velocidad quedó pendiente en ese momento por el incidente. Nunca se realizaron las pruebas clave, que son las de máxima profundidad y máxima velocidad”, sostuvo ante el tribunal.

En ese contexto, recordó que el problema se originó en “un portafusible que se había fundido” y que se ordenó emerger. Además, explicó que “en un submarino, los incendios suelen ser eléctricos, debido a la alta densidad de equipos eléctricos a bordo”.
El segundo testimonio
Tras la declaración de Krawinkel, fue el turno de Víctor Manuel Pereyra, quien también prestó testimonio de manera presencial. Submarinista y maquinista de orientación Comando, se presentó ante el tribunal afirmando: “Ejercí todos los cargos dentro de la rama de submarinos”.
Pereyra fue comandante entre 2014 y 2015 y explicó que, en ese período, el ARA San Juan se encontraba en reparaciones, con base en Mar del Plata.

Al igual que el testigo anterior, hizo hincapié en la importancia de las pruebas de mar previas a la operatividad de la nave. Señaló que las pruebas de máxima profundidad y máxima velocidad son “dos ensayos exigentes, que solo pueden realizarse una vez aprobadas todas las instancias previas”.

“La máxima velocidad se ensaya en un área reservada, donde se activa la quinta etapa de marcha. Cuando asumí el cargo, faltaban numerosas pruebas de mar para llegar a esa instancia”, recordó.
En otro tramo de su declaración, indicó que durante las reparaciones de media vida se habían propuesto modificaciones para mejorar el submarino. Visiblemente afectado, Pereyra expresó: “No sabemos qué pasó con el ARA San Juan. Fue algo muy duro”, y recordó que conocía a parte de la tripulación.
Fuente: aopinionaustral.com.ar
