Carlos Bossi, sobreviviente de la Noche de las Corbatas reclama por Justicia

Carlos Bozzi tenía 27 años y estaba a punto de debutar en Huracán de Parque Patricios cuando un grupo de tareas lo secuestró en su estudio de Avenida Independencia la noche del 8 de julio de 1977. Sobrevivió. Su socio y amigo Tomás Fresneda, y la esposa de este, embarazada de cinco meses, continúan desaparecidos. A cincuenta años del golpe, el abogado laboralista y querellante en juicios de lesa humanidad advierte sobre el retroceso en la conciencia social y rechaza el concepto de “memoria completa” como lo que considera una operación política.

Carlos Bozzi, abogado laboralista, autor del libro de investigación Luna Roja (que reconstruye cómo la dictadura en Mar del Plata dinamitaba cuerpos en los acantilados para simular accidentes) y querellante en los juicios por crímenes de lesa humanidad, volvió a vivir en la ciudad recién en 2005, después de décadas de lo que él mismo llama un “exilio interno” en Corrientes. Antes de todo eso, en julio de 1977, estuvo catorce días encapuchado y atado en “La Cueva“, el centro clandestino que funcionaba en el viejo radar de la Base Aérea marplatense, a doce kilómetros del centro.

Bozzi explica en diálogo con el Retrato, que no llega a este 24 de marzo con calma. Permanece vigilante al comunicado próximo del gobierno nacional sobre la fecha y con tristeza explica cómo la conciencia social se va difuminando en los últimos años.

“781 centros clandestinos. 2818 días”

El debate sobre la llamada “memoria completa”, la idea, repetida en los últimos meses por funcionarios y legisladores de distintos niveles, de que la violencia política de los años 70 justifica o relativiza el accionar represivo del Estado, no es nuevo para Bozzi, pero sí le parece más peligroso que antes. “Si había particulares que habían cometido ilícitos, se tenían que haber puesto a disposición de la justicia y no utilizar el procedimiento que se llamó desaparición forzada de personas”, afirmó. Y puso los números sobre la mesa: “Este proceso instaló 781 centros clandestinos de detención en todo el país. Duró 2818 días. Si usted calcula un desaparecido cada semana, puede pasar tranquilamente los 30.000”.

Para Bozzi, el argumento de la “memoria completa” no es un error de interpretación histórica sino una operación deliberada. “Hoy una mentira repetida varias veces se convierte en verdad. Un atentado de una organización política se convierte en la justificación del asesinato de 22 personas”, sostuvo. Y señaló una consecuencia que considera más peligrosa que el debate en sí: “Temo que el comunicado que emita el gobierno el 24 de marzo sea un comunicado negacionista”.

La Noche de las Corbatas y el paralelo incómodo

Bozzi fue secuestrado en el marco del operativo que la historia judicial y académica denomina “La Noche de las Corbatas”: entre el 6 y el 13 de julio de 1977, un grupo de tareas del Ejército secuestró a once personas en Mar del Plata, la mayoría abogados laboralistas que defendían sindicatos. El objetivo era desmantelar la defensa legal de los trabajadores. Entre las víctimas estaba Norberto Centeno, el jurista que había redactado la Ley de Contrato de Trabajo que la dictadura mutiló.

Cincuenta años después, Bozzi traza un paralelo que no disimula su carácter político. “Nosotros fuimos abogados laboralistas secuestrados. ¿Por qué? Porque ya se hablaba de la industria del juicio, ya se decía que los abogados laboralistas se quedaban con las empresas, no es nuevo eso”, recordó. Y añadió: “Hoy día se ha hecho una reforma laboral argumentando que existe la industria del juicio, quitándole derechos a los trabajadores. Con lo cual no es cierto, porque esta ley laboral va a traer más conflictividad que la anterior”.

Lo que Bozzi siempre remarca, y volvió a remarcar en esta entrevista, es que “La Noche de las Corbatas” no fue exclusivamente un operativo militar. Hubo civiles, hubo miembros del poder judicial local que, según su reconstrucción, señalaron a los abogados laboralistas porque sus victorias en los tribunales laborales eran un problema para los empresarios de la ciudad.

“Nunca lo sabrás”

De los aproximadamente mil represores condenados, 580 están vivos. De ellos, solo 80 cumplen prisión efectiva, el resto está en régimen domiciliario por vejez o enfermedades. “Están en unas cárceles que tienen pileta de natación, cancha de tenis, aire acondicionado, salones de juego. Y nadie dice nada”, remarcó. En Mar del Plata, quedan pendientes el juicio de la Comisaría Cuarta, el de la Policía Federal y las investigaciones sobre la Brigada de Investigaciones.

Pero el problema que más lo pesa no es procesal sino epistémico: ninguno de los condenados dio información sobre el destino de los desaparecidos. “Han sido reparadores, pero en realidad nunca se ha podido saber la verdad de lo que ha pasado con la gente que no está. En cierta manera el Nunca Más se convirtió en Nunca lo Sabrás. Porque ninguno de estos muchachitos ha dicho algo de lo que hizo”. Lo que Bozzi pide no es arrepentimiento sino información: “Yo no pido que venga un represor y diga: perdón, perdón. Yo lo que pido es que diga: Señora, su hijo está en aquel lugar. A su hijo le pasó esto. Si eran tan valientes para matarlo, ¿por qué no eran tan valientes para decir por qué lo hicieron?”.

Mar del Plata, pionera y aún deudora

Bozzi fue reconocedor de los logros en la materia que tuvo Mar del Plata pero aclara que aún hay trabajo por hacer. Destacó que la ciudad fue pionera en el Juicio por la Verdad, antes que La Plata y Bahía Blanca, y que sus sentencias le parecen “ecuánimes“. Pero también relató que tardó ocho años en lograr que el Estado reconociera como desaparecido a Salvador Oliva, un joven marplatense de 21 años cuya existencia le negaban sistemáticamente los registros oficiales. “Me negaban que estaba desaparecido, me negaban, me negaban, me negaban hasta que pude lograr que el Estado considere que esa persona está desaparecida y que figure en los padrones”, afirmó.

La frase que define todo lo que Bozzi acumuló en cincuenta años no es sobre el pasado sino sobre una deuda específica y concreta: “Yo no pido que vengan a pedir perdón. Yo lo que pido es que digan: Señora, su hijo está en aquel lugar. A su hijo le pasó esto”. Si eran tan valientes para matar, dice, deberían ser igualmente valientes para decirlo. Ninguno lo fue. Y mientras eso no ocurra, el “Nunca Más” seguirá siendo, en sus palabras, “Nunca lo Sabrás”.