Las ventas cayeron hasta un 18% respecto de una temporada que ya era mala. La apertura de importaciones, el bajo consumo y la irrupción de Shein y Temu configuran lo que los propios comerciantes definen como un “combo explosivo”. En la avenida que alguna vez fue emblema del pulóver marplatense, los locales alternan liquidaciones con máquinas apagadas y clientelas que envejecen.
Cecilia, desde su local Reef en la esquina de Santa Cecilia y Juan B. Justo, lo resumió honestamente: “Yo sí siento la diferencia, porque es más, yo misma compro por ahí”. Después señaló la avenida: “Patéala y te das cuenta. Pocas ventas, y parte de ellas se fueron a las aplicaciones”.
La temporada 2025-2026 golpeó al comercio textil de Mar del Plata con una confluencia de factores que los propios comerciantes describen en términos casi idénticos, independientemente del rubro o la antigüedad del local. El turismo llegó, pero llegó con el presupuesto ajustado y, en muchos casos, habiendo volcado parte de su capacidad de compra en plataformas de comercio electrónico antes de pisar la ciudad.
Importaciones, tarifas y dólar atrasado
Germán, de Cardo Tex (empresa familiar con 52 años de trayectoria en la fabricación de tejido de punto, ubicada en Alvear y Juan B. Justo) construyó el diagnóstico más preciso, seguramente, curtido por la experiencia de los años. “El combo explosivo es la apertura indiscriminada de importaciones, la baja de consumo y, para nosotros que producimos, la suba de tarifas, de gastos fijos, de impuestos, energía, luz, gas, todo”, detalló. El resultado es una trampa: “No podés subir los precios porque no hay venta, pero te suben todos los costos. Los costos fijos subieron un 300% en un año. La rentabilidad se está achicando a niveles que nunca habíamos visto”.
La comparación histórica que Germán eligió no fue casual. “Se está generando algo muy similar a los 90. Nosotros ya lo vivimos. Es esto mismo pero con el correr del tiempo. Más veloz, pero el final va a ser el mismo”.
Las máquinas de Cardo Tex, que funcionaban las 24 horas, hoy se apagan a las diez de la noche y se encienden a las siete de la mañana. El turno nocturno desapareció. A nivel nacional, el dato es coherente con ese recorte, la industria textil argentina opera actualmente al 41,5% de su capacidad instalada, según datos del sector, en 2025 ingresaron al país casi 400.000 toneladas de productos textiles importados, un 71% más que el año anterior, mientras el sector perdió más de 19.000 puestos de trabajo registrados en los últimos dos años.
En Mar del Plata, el cierre más emblemático del período fue el de Textilana S.A. (marca Mauro Sergio), que derivó en cientos de desvinculaciones tras meses de suspensiones. Germán lo mencionó en ese contexto: “Tenemos colegas que están fogueando la ley laboral nueva para poder echar gente, que ellos le llaman reestructuración”.
Un factor que Germán señaló y que los demás comerciantes no mencionaron con igual énfasis es el del tipo de cambio. “El dólar tan planchado no es competitivo para nadie. La gente se va a Brasil, a Chile, porque le sale económico. No solo va a turistear: se compra la pilcha en Brasil también, porque un buzo de frisa sale 30% menos que acá. El día que lo quieran devaluar un poquito para ser más competitivos, está tan atrasado que va a haber un desfasaje importante”.
Shein y Temu: ¿competencia o desvío de consumo?
La irrupción de las plataformas de comercio electrónico chinas, cuyas compras internacionales por la modalidad puerta a puerta crecieron más del 237% en 2025, aparece en los testimonios de Juan B. Justo con matices que dependen del tipo de producto que cada local vende.
Miguel, de Kiwi Sweaters, en Güemes y Juan B. Justo, identificó que su local sobrevive, dijo, gracias a una clientela de mayor edad que no opera en ese tipo de plataformas. “Nosotros hace muchos años que estamos en la avenida, tenemos nuestra clientela, que es gente mayor en la mayoría, que busca la buena atención, que busca mirar la mercadería, que busca probarse.”. Según Miguel, gran parte de esa supervivencia viene de la gente mayor, que no se adapta a las aplicaciones (o no quiere adaptarse) y sigue optando por el comercio tradicional.
Santiago, de Dear Passantino en Paunero y Juan B. Justo, compartió esa lectura sobre el perfil del comprador. “Nuestro público es gente de 30 para arriba. A la gente le gusta probarse, tocar la calidad, medirse. Ya sabe cómo es el material y no está tanto en ese tipo de aplicaciones cuando no sabés qué te comprás“. Sobre si el fenómeno es pasajero, fue cauto: “La gente puede comprar donde quiera, pero también se llevan sus chascos”.
Roxana, del local Recife en Juan B. Justo 1738, planteó la contradicción desde adentro. “Vemos bastante impacto en las ventas por este tema de que la gente enseguida ve algo más barato y elige comprar afuera. Pero también creo que no se compara la calidad de los productos nacionales con algo importado que, si bien es más barato, te termina saliendo más caro por la mala calidad”. Y remarcó “Si no ayudás al comerciante, que es el que saca el país adelante, se viene todo en picada”.
Lo que ninguno de los comerciantes consultados en Juan B. Justo proyectó con optimismo fue el invierno. La combinación de bajo consumo interno, costos fijos que treparon al ritmo de las tarifas, importaciones que se multiplican y un tipo de cambio que encarece el destino frente a los vecinos regionales no es una coyuntura que se corrija con una liquidación en la vidriera. Y pareciera que en la avenida que fue parte de la capital nacional del pulóver, la discusión ya no es cómo crecer. Es cómo aguantar.
