Debería ser disruptivo. De él sólo depende su éxito o su fracaso. Llega a oxigenar por los menos a las asfixiantes las tribus pejotistas, no a disciplinarlos pero si a emanciparlos de caudillos locales que irreversiblemente se consagraron a las derrotas que la historía se ha encargado de repetir. Daniel Di Bártolo es un hombre con luz propia, un jugador nuevo en General Pueyrredon. Y asumiendo un riesgo se puede pronosticar que habrá un antes y un después.
No sabe si es del paladar de María Fernanda o de San José 1111, o cómo sus vínculos con Axel. El gobernador ganó también con Di Bártolo en General Pueyrredon. Todo cambia. La política local está en la expiración en sus expresiones partidarias, reina una alianza que ha convertido sus errores en actos de gobierno.
Di Bártolo con su lustre en la educación inspira confianza. Cómo se despega del arrastre será el desafío. En General Pueyrredon no existe la oposición o en su defecto es culposa. A la hora de sumar puede haber alineamientos inesperados. El aporte de la transparencia es esencial, vital para detener una carrera de desatinos cuyo desgaste se ha acelerado.
Por Jorge Elías Gómez
