“Con los adolescentes lo fundamental es tratar de no juzgarlos” afirmó psicóloga sobre los therian

María Valeria Fulquet, Máster en Psicología Clínica y Salud, analizó en diálogo con el Retrato el fenómeno therian desde una perspectiva clínica. Su diagnóstico es que no se trata de un trastorno sino de una búsqueda de identidad adolescente en rechazo a una vida adulta percibida como colapsada. El problema, advierte, aparece cuando confunden el juego con la realidad. Ahí ya no es subcultura sino licantropía, y requiere intervención psicológica.

Los videos virales de adolescentes con máscaras de animales, saltando en cuatro patas por plazas y parques, generan en los adultos una mezcla de desconcierto y alarma. ¿Es un juego? ¿Es una patología? ¿Hay que preocuparse? María Valeria Fulquet, Licenciada en Psicología y Máster en Psicología Clínica y Salud, desmitifica el fenómeno: “Los chicos en la adolescencia hoy en día tienen una crítica muy fuerte a la vida del adulto. Yo siempre digo que los adultos a veces mostramos una adultez muy estresada, muy amargada, por momentos colapsados a las corridas, entonces hay cierto rechazo de parte de los adolescentes a crecer y a ser adultos.” Es allí cuando el adolescente encuentra más sentido en extrapolarse a algo más.

El fenómeno therian, según Fulquet, es una búsqueda de identidad y pertenencia en una etapa donde todo se está redefiniendo. “Es una manera de tratar de identificarse con otros chicos que también se sienten diferentes. Por lo general hay algunos que ya desde la infancia se han sentido diferentes o raros y buscan un lugar de pertenencia. Y sabemos que hoy el algoritmo también sabe qué es lo que a vos te llama la atención y por lo general llama la atención muchas veces los fenómenos raros o los videos que te parecen extraños.”

No es patológico si saben que es un juego

La distinción central que establece Fulquet es entre el juego consciente y la pérdida de contacto con la realidad. “En general no estamos hablando de algo psicopatológico. Ellos saben que son chicos, que son humanos, y que están jugando a montar un personaje de ser animales. Sí nos tendríamos que preocupar si ellos ya están confundiendo el juego, lo lúdico, o inclusive lo virtual (porque todo se sube por lo general a las redes), a que ellos realmente se sientan como animales, que eso sí es algo más bien psicopatológico.”

La motivación detrás de la práctica tiene, según la psicóloga, un componente de rebeldía y liberación. “Es no estar bien con uno mismo y al mismo tiempo hacer algo que a la gente le puede generar risa o rechazo, sin embargo, desligado de esta presión social de agradar, porque entre ellos se aceptan y para ellos eso es suficiente.”

¿Y qué pasa con los adultos therians?

Consultada sobre la presencia de adultos en el fenómeno, Fulquet introdujo la diferencia entre edad cronológica y madurativa. “Podemos escuchar a un chico de 20 años que tiene una madurez, una claridad, una coherencia entre sus valores, lo que piensa, siente y hace, que por ahí otra persona de 40 no lo tiene.” Y explicó: “Hoy la adolescencia se ha extendido también. Así como hay mucha presión social, también hay cierta sobreprotección o desprotección en algunas familias, entonces por ahí los 21 de hace 30 años atrás no son los 21 de ahora.”

Qué deben hacer los padres

La recomendación de Fulquet para los padres es no juzgar, escuchar y diferenciar entre aceptar y aprobar. “Con los adolescentes lo fundamental es tratar de no juzgarlos. Sabemos que si nosotros les decimos: esto está bien, esto está mal, por lo general ellos se cierran y nos dejan de contar qué les pasa, y se sienten cada vez más incomprendidos desde el mundo del adulto.”

La estrategia propuesta es la indagación sin el control: “Preguntarle cómo se siente él, por qué lo hace, y si tienen claro que es todo un juego y una búsqueda de identidad, inclusive a nivel virtual, pero que es lúdico. También hacerles ser conscientes de que no pueden estar en ese tipo de movimientos demasiado tiempo porque se dañan el cuerpo.” Y subrayó la diferencia conceptual: “No es aprobar. Yo digo que siempre hay una diferencia entre aceptar y aprobar. Es decir: okey, esto es lo que te gusta y estoy acá si necesitás contarme algo, si estás en el grupo y te hizo sentir mal. No es que me parezca bárbaro necesariamente o que lo apruebe, pero te acepto como sos y acepto que esta es parte de tu proceso de adolescencia.”

Las banderas rojas: cuando el juego se confunde con la realidad

El momento de preocupación, según Fulquet, viene cuando “yo soy un zorro” y deja de comportarse como humano. “Ahí sí estamos hablando de una cuestión más bien psicótica, de pérdida de la realidad, y eso sí sería preocupante.”

Otro factor de preocupación es el contexto grupal: “Si en la tribu que conforman hay algún tipo de hábito o conducta nociva para la salud, algún tipo de consumo. Una cosa es el juego y otra cosa es que hagas cosas con el juego que te pueden dañar la salud tanto psicológica como física, o social inclusive.”

Por ahora, una subcultura más, no un trastorno

La conclusión de Fulquet es tranquilizadora para los adultos que ven el fenómeno con alarma. Mientras los adolescentes mantengan conciencia de que están jugando, ser therian es solo otra subcultura adolescente. “No sería un trastorno en la medida en que ellos tengan en claro que es un juego que están haciendo y es una búsqueda de pertenecer y de tener un yo alternativo que no tenga la presión social de tener determinado cuerpo o vestir determinadas cosas para recibir likes o aprobación de los otros.”

Y ubicó el fenómeno en perspectiva histórica: “En todas las adolescencias hubo grupos diferentes, estaban los hippies, los emos, donde se vestían de determinada manera, escuchaban determinada música y hacían determinadas actividades.” Los therians, en esa lectura, son solo la última versión de una necesidad adolescente permanente de diferenciarse, pertenecer y rebelarse contra el mundo adulto que les toca heredar.