Gustavo Ares y su equipo volverán a atender al público este jueves 26 de febrero en un local a cien metros de la esquina de Colón y Perú, donde el 27 de enero un incendio devastó la ferretería de 45 años de trayectoria. En diálogo con el Retrato, el referente de la UCIP relató cómo la solidaridad de un vecino comerciante, el apoyo de proveedores y la decisión de preservar 20 puestos de trabajo hicieron posible una recuperación récord.
Un cortocircuito consumió la totalidad de la mercadería de Argenfer, destruyó la estructura del edificio y redujo a cenizas más de cuatro décadas de trabajo. Este jueves 26 de febrero, antes de cumplirse los 30 días del siniestro, Argenfer volverá a abrir sus puertas en un local cedido por un vecino comerciante.
“No pasó por nuestra cabeza cerrar las puertas, despedir al personal, cobrar el seguro e irnos a vacacionar al Caribe”, afirmó Gustavo Ares. “Eso no pasó a pesar de que muchos amigos, sobre todo a nuestra edad que ya somos jubilados, nos recomendaban hacer eso.” La decisión fue continuar echando mano de ahorros propios y créditos con proveedores. “En la sucursal había 20 familias que dependían del sustento de eso. Privilegiamos eso.”
El gesto de Mario Redi
La reapertura no hubiera sido posible sin un gesto que Ares calificó como providencial. Mario, dueño de Criques Mario, un local a cien metros de la ferretería, se acercó tras la tragedia con una oferta: “Mirá, tengo este espacio, si querés es tuyo, usalo hasta que puedas resolver el problema de fondo.” Ambos comerciantes comparten más de 30 años de relación, son vecinos y clientes mutuos. “Mario ha sido un Dios para nosotros en este momento, realmente tenemos que hacerle un monumento enorme y no me va a alcanzar la vida para agradecerle.”
El local estaba cerrado y requería trabajo, instalaciones eléctricas completas, agua, pintura, relleno de pisos, sin embargo, el frente fue resuelto con ayuda de una carpintería de aluminio, otra donó la caja registradora, y colegas del sector regalaron placas para paredes. “No es una obra de excelencia, pero sí un espacio habitable como para desarrollar actividades comerciales”, aclaró Ares.
Solidaridad y oportunismo
Proveedores enviaron mercadería a consignación o con plazos extendidos, vecinos llevaron café y empanadas, clientes ofrecieron contención emocional. Pero Ares también introdujo un matiz: “A veces hay que saber distinguir quiénes son los corderos de los lobos. Hay mucha gente que realmente se viene a hacer la amiga y después termina tirándote un salvavidas de plomo o quiere hacer un negociado en el medio.” Fueron los menos, aclaró.
El personal se mantuvo casi en su totalidad. “Lamentablemente, la empresa estaba en una etapa de expansión, se había tomado personal recientemente que estaba a prueba.” Se perdieron tres puestos vinculados a la expansión y dos más de Floppy Computación. “Hay gente que trabajaba ahí y ahora está trabajando deambulando un poco.”
El seguro y el silencio del responsable
Hasta el momento, Ares no había recibido ninguna liquidación de su compañía de seguros, aunque se encuentran dentro del plazo legal. El problema se agrava con la responsabilidad del vecino lindero, donde habría comenzado el cortocircuito. “Con referencia a la responsabilidad de linderos, hay un silencio de radio bastante absoluto. Hemos pedido copia de la póliza de seguros del vecino para saber en qué situación estaba como para hacerse cargo de la parte proporcional que no cubra nuestro seguro, y sin embargo no hemos tenido la colaboración. Nos han respondido por carta documento a través de abogados que nos dirijamos vía mail a pedirla a una liquidadora, o sea, la nada misma. Cero colaboración, cero empatía.”

Paralelamente, la estructura quemada del viejo Argenfer, representaba un peligro de derrumbe. Ares contrató serenos 24 horas, removió escombros, apuntaló y acordonó el lugar. Pero la demolición definitiva no se ha podido completar. “Estamos a la guarda de que nos den el permiso definitivo”, explicó, en referencia a las autorizaciones municipales que se dilatan.
El daño invisible
Más allá del stock y la estructura, Ares mencionó una dimensión del daño que no figura en las pólizas. “Algo que va a ser muy difícil de recomponer fueron los efectos personales, porque para uno la empresa también es la casa. Tener recuerdos personales, cuadros que había pintado mi madre o colecciones, muchísimas cosas que se han perdido ahí que son imposibles de recuperar, obras de arte que teníamos, papelería que hay que reconstruir. El daño, cuando uno empieza a evaluarlo, es mayúsculo.”
El objetivo es sostener la operación en el local cedido por Mario mientras se reconstruye el edificio original. La apertura fue definida como “una apertura media hippie, como podamos”, con el propósito de no llegar a los 30 días de inactividad y poder hacer caja antes de fin de mes, cuando hay que pagarle al personal. Por que cabe recordar, que la historia de Argenfer es también la de 20 familias que siguen teniendo trabajo porque dos jubilados decidieron no rendirse.
