Magalí Marazo dura crítica de la destrucción arquitectonica y las fiestas en Museos

 

 

La referente en preservación histórica cuestionó el uso de espacios emblemáticos como Villa Victoria o la Casa del Puente para eventos privados. Además, alertó sobre la construcción desregulada de torres en la costa, denunciando que la especulación inmobiliaria está destruyendo la identidad arquitectónica y expulsando a los vecinos de sus barrios.

Magalí Marazzo, reconocida técnica y gestora cultural de la ciudad, ofreció su mirada sobre las transformaciones que atraviesa Mar del Plata, marcadas por la demolición de chalets históricos, la saturación de servicios básicos y la controvertida utilización de los museos municipales para fines recreativos privados.

En entrevista con el Retrato, Marazzo abordó la reciente demolición de la Casa Mather, una de las últimas residencias de piedra sobre la línea costera, como un síntoma de la proliferación de torres que ignoran tanto el entorno ambiental como el acervo cultural.

“A nadie se le ocurriría ir al centro de Roma o de París y encontrarse con una cantidad de torres en altura que demolieron la identidad del lugar”, comparó la gestora cultural. Explicó que la arquitectura original marplatense, con sus estilos afrancesados y normandos introducidos por constructores como Alula Baldassarini, estaba pensada para resistir las inclemencias marítimas, a diferencia de las actuales estructuras de hormigón. “Tenemos que entender que la realidad en cuanto a lo patrimonial excede la cuestión de la especulación inmobiliaria. Todos tenemos derecho a decidir en qué ciudad queremos vivir”, subrayó.

Gentrificación y el colapso de la infraestructura

El impacto de las construcciones en altura no se limita a la estética o a los “conos de sombra” sobre las playas, sino que afecta directamente la calidad de vida de los residentes. Marazzo advirtió sobre la falta de estudios de impacto ambiental rigurosos y la saturación de las redes de agua, cloacas y tránsito.

“Donde antes había viviendas de baja densidad, hoy existen edificios de alto consumo. El resultado es paradójico: toda la ciudad paga la infraestructura que sostiene un emprendimiento en el que viven unos pocos”, detalló.

Este modelo urbano, impulsado por excepciones sistemáticas dadas por el municipio, genera un proceso de gentrificación que expulsa a los vecinos históricos de zonas como Güemes hacia la periferia. “Se modifica la forma de vida de la gente. Se tienen que terminar mudando a barrios donde no tienen infraestructura, donde no tienen servicios”, lamentó Marazzo, coincidiendo con las posturas del Colegio de Arquitectos sobre la urgencia de abrir un debate democrático para modificar el Código de Ordenamiento Territorial (COT) y hacer cumplir la ordenanza de patrimonio 10075.

La perdida de identidad y el uso de museos como salón de eventos

La reciente política de utilizar espacios protegidos, como Villa Victoria, la Casa sobre el Arroyo (Casa del Puente), el Museo Castagnino o la Torre Tanque para fiestas privadas, festivales gastronómicos o casamientos también forma parte del problema

Para Marazzo, esta decisión tergiversa por completo el rol de las instituciones. “Tienen que entender qué es un museo. Son espacios educativos y de formación de la ciudadanía. Si te tenés que atender médicamente, te vas a un hospital, si te querés casar, te vas a una iglesia. Al museo se va a otra cosa”, sentenció.

La especialista criticó duramente la realización de eventos masivos como el “Café Fest” en los jardines de Villa Victoria, advirtiendo que los parques históricos tienen una capacidad de carga limitada y terminan sufriendo daños irreparables. “No estoy en desacuerdo con que festejen, pero háganlo en el lugar que lo tienen que hacer. ¿Quieren hacer un Café Fest? Háganse un Movistar Arena. Cerrar un museo, que mantenemos con plata de todos, para hacer un evento es subutilizar su capacidad educativa”, disparó.

El rol del Estado como mediador ausente

Marazzo destacó ante todo la importancia de firmas locales que exportan la marca Mar del Plata al mundo, pero fue implacable con el papel que está jugando la política local.

“El rol del Estado es justamente mediar entre la sociedad civil y la especulación inmobiliaria, no tiene que imponer. Y cuando impone, evidentemente no está cumpliendo con su función”, reflexionó. Para la gestora, se está priorizando un negocio a corto plazo que atenta contra el potencial real de la ciudad.

“Me entristece que la sociedad tenga que juntarse en agrupaciones para defender lo que el Estado tendría que estar defendiendo. Mar del Plata tiene una identidad increíble, no necesita que la comparen con Miami o Dubái, hay que respetar lo que es”, concluyó.