Carta abierta de una Justicialista a los dirigentes que participarán de la interna Peronista

La ex Presidenta del Consejo escolar, Mónica Lence y “vieja” militante peronista que recorrió, y recorre, los barrios de toda la ciudad , nos hizo llegar una carta abierta a los dirigentes que participarán en la elección interna del Partido Justicialista de General Pueyrredón.

En su nota afirma textualmente

Soy afiliada al Partido Justicialista desde que el mundo es mundo.

Me crié en ese universo con la naturalidad del que se vuelve parte de lo que lo contiene. Me construí y aprendí a mirar el mundo desde ahí.

Y me nombro así, justicialista,con una convicción serena.

Sin necesidad de adjetivos ni de épica.

No estoy ahí por moda ni por conveniencia, sino por la intuición profunda de que existe una tradición política argentina que, cuando es fiel a sí misma, pone en el centro a la persona humana, al trabajo, a la comunidad y al bien común. Esa tradición, en muchos aspectos, dialoga naturalmente con la doctrina social de la Iglesia.

Durante cuatro años integré el Consejo Escolar de Gral. Pueyrredon y viví desde adentro la realidad educativa y la vida interna del justicialismo local.

Esa experiencia, cotidiana y concreta, dejó marcas.

La realidad siempre deja marcas.

Durante mi gestión, caminé las escuelas reales, hablé con las familias y los docentes reales, y también vi cómo las discusiones partidarias se encontraban lejos, muy lejos, de esa realidad.

Aun siendo justicialista, durante estos años no encontré dentro del Partido un espacio donde mi mirada de las cosas tuviera cauce.

Y la distancia entre las disputas políticas y los problemas verdaderos de la comunidad, en algún momento,  se volvieron imposibles de ignorar.

El ámbito desde el cual pude trabajar y asumir responsabilidades se llamó JUNTOS. Un espacio que me permitió ejercer mi mirada del mundo y que me contuvo.

No estuve ahí por renuncia identitaria, sino por ausencia de lugar interno.

Desde esa misma experiencia en educación es que observé también una de las tensiones más profundas de la interna actual.

En los últimos años, dentro del Partido se fue afirmando una corriente que incorporó miradas culturales y educativas progresistas que se expresaron en enfoques que fueron debilitando la autoridad formativa, que relativizaron la cultura del esfuerzo y dejaron sin sostén referencias que para muchas familias siguen siendo valiosas.

Quienes estuvimos en la gestión vimos cómo se volvía cada vez más difícil sostener criterios claros de convivencia, reconocimiento al mérito o responsabilidad frente a las conductas.

No se trata de negar derechos ni de desconocer realidades, sino de reconocer que ese desplazamiento se produjo casi sin debate interno y dejó a muchos justicialistas sin representación cultural dentro de su propio Partido.

Lo más preocupante es que, frente al deterioro educativo real que atraviesan las escuelas, ninguna de las fracciones internas sostuvo una posición clara y sostenida.

El tema rara vez ocupó el centro de la discusión partidaria, y cuando apareció fue más como argumento entre sectores que como preocupación asumida en sí misma.

Pero aún más grave es que nadie hizo un replanteo honesto sobre el deterioro que sus propias políticas y decisiones fueron generando.

No hubo autocrítica, ni revisión de rumbos, ni debate real sobre cómo reconstruir lo que se fue debilitando. En demasiados casos, la energía interna se concentró en preservar estructuras, espacios de poder y posiciones, mientras las ideas se vaciaban y la realidad se deterioraba.

Entre una identidad que muchos sienten desdibujada en sus contenidos y otra que aparece fluctuante en sus pertenencias, los afiliados comunes volvemos a quedar en un lugar conocido: el de tener que optar sin convicción plena.

Votar sin sentir que se está eligiendo realmente un rumbo.

La vida interna es parte esencial de cualquier fuerza política que se pretenda viva, y por eso sentí la responsabilidad de participar y de pensar este momento.

Pero ojalá en el futuro esas instancias puedan darse entre expresiones que representen con mayor claridad el ideario justicialista y sostengan coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

Se necesitan más afiliados y menos dirigentes. Quizá los afiliados tengan el HONOR que los dirigentes fueron perdiendo.

Tal vez sean las nuevas generaciones quienes vuelvan a impulsar esa síntesis entre identidad, convicción y práctica política que muchos seguimos esperando.

El 15 de marzo votaré como siempre he hecho: desde mi conciencia.

Con la misma pertenencia que nunca negué y con la misma distancia crítica que tampoco oculté.

No es indiferencia: es, precisamente, la forma que hoy encuentro de seguir habitando el justicialismo sin resignarlo ni delegarlo.

Siendo de adentro.

Pero desde afuera.

Mónica Lence