“Hacemos la plancha esperando que pase la ola”: María Liberati y el desafío de sostener la industria textil

La emblemática firma marplatense analiza una temporada marcada por la retracción del consumo y la competencia de las plataformas digitales. En diálogo con el Retrato, la empresaria María de los Ángeles López advierte sobre el cambio de paradigma en el gasto turístico y apuesta a la prudencia productiva de cara al invierno.

Al frente de la marca, María Liberati, como la reconoce la ciudad al haber adoptado el apellido de la firma familiar, posee la perspectiva histórica necesaria para diseccionar la coyuntura actual. La empresaria describe una temporada de verano compleja, definida por múltiples factores contradictorios para el sector textil: clima de playa, bolsillos ajustados y la irrupción masiva de la oferta importada digital.

“Fue una temporada diferente, difícil por muchos motivos”, sintetizó la empresaria en conversación con el Retrato. Paradójicamente, el buen tiempo jugó en contra de los comercios de la calle Güemes. “Tuvimos un clima espectacular y eso, para el consumo de tejido de punto, perjudica: la gente va a la playa y se olvida del mundo y de la ropa de invierno”, explicó. La venta solo repuntó en los escasos días nublados, dejando al descubierto que la compra de indumentaria ha dejado de ser una prioridad automática para el turista.

Apps vs. Sustentabilidad

Uno de los fenómenos que marca el pulso comercial del 2026 es la competencia con plataformas de venta online extranjeras como Shein o Temu. Liberati, sin embargo, interpreta este auge como una tendencia transitoria, una “fantasía” de precios bajos que a menudo colisiona con la realidad de la calidad y los talles. “Es una moda, la gente quiere cumplir su fantasía de pedir por la aplicación, ve precios increíbles y después se desilusionan”, analizó.

No obstante, su crítica apunta a la ética del consumo. En tiempos donde la sostenibilidad es bandera, la empresaria llama a reflexionar sobre la trazabilidad de la fast fashion. “Uno piensa, cuando compra una prenda de una aplicación que cuesta dos pesos ¿quién hizo esa prenda? Si lo pensáramos dos minutos, no compramos una prenda dónde capaz trabajaron niños”, sentenció. Para Liberati, la defensa de la industria local no es solo económica, sino un imperativo de conciencia social.

Del “bien” a la “experiencia”

El análisis de Liberati también aborda la sociología del consumo actual. La recesión y la inflación han modificado la conducta del cliente, quien ya no busca acumular bienes materiales con la “desesperación” de años anteriores, donde el dinero quemaba en las manos.

“Hoy la gente compra más experiencias, compra más momentos”, observó. El presupuesto del visitante se destina ahora prioritariamente a la gastronomía o al entretenimiento, relegando la indumentaria a un segundo plano. “Gasta en una cena con un precio alto y no en una prenda que, por ahí, la ven cara”, reflexionó, reconociendo que el sector debe convivir con este cambio de prioridades.

Invierno y prudencia productiva

De cara a los meses fríos, la estrategia de la firma es el conservadurismo. La capacidad instalada de la fábrica permite aumentar el volumen, pero la realidad del mercado impone cautela. “Uno hace la plancha esperando que pase la ola”, graficó Liberati, confirmando que no se expandirá la producción mientras la demanda se mantenga deprimida. “Fabricar más en este momento sería imposible”, admitió.

Pese a este escenario de “capacidad ociosa”, la expectativa para el invierno es moderadamente positiva. La empresaria valora la sucesión de fines de semana largos previstos en el calendario, momentos en los que el clima obliga al abrigo y la ausencia de playa redirige al turista hacia los paseos comerciales.

Con iniciativas como la “Semana del Pullover” para traccionar ventas y una clientela fiel construida a lo largo de casi siete décadas, Liberati apuesta a la resistencia. “Hemos vivido muchas crisis, el mientras tanto es difícil, pero creo que siempre hay una luz al fondo del túnel”, concluyó.