Tras la marcha que congregó a multitudes de marplatenses en el centro de la ciudad para reclamar contra la inseguridad, Jesica Alonso, administradora de redes vecinales y referente del barrio San Carlos, analizó el impacto de la convocatoria. En diálogo con el Retrato, destacó el carácter pacífico del reclamo, confirmó la entrega formal del petitorio en el Palacio Municipal y remarcó el desafío de transformar la protesta en una agenda de Estado sostenida en el tiempo.
Tras la jornada de protesta, los organizadores vecinales realizan un balance de la convocatoria y trazan la hoja de ruta para evitar que el reclamo se diluya en la inercia burocrática.
Jesica Alonso, referente del barrio San Carlos y coordinadora de los grupos de alertas vecinales que capilarizan la seguridad en la zona, confirmó que la manifestación logró reubicar la problemática en el centro de la esfera pública, demostrando que “la inseguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones de los vecinos”.
Catarsis ciudadana y silencio oficial
“La movilización se desarrolló en un clima pacífico, que era lo que se buscaba desde el inicio. Fue una marcha ordenada, sin incidentes, donde primó el respeto institucional”, detalló Alonso. Sin embargo, no eludió la crudeza del escenario al transitar frente a los edificios que imparten justicia y administran a las fuerzas de seguridad: “Hubo momentos de catarsis. Especialmente frente a Tribunales y la Departamental, algunos vecinos expresaron con mayor intensidad su enojo y frustración. Eso también forma parte de una realidad social: cuando el reclamo por seguridad se vuelve sostenido en el tiempo y no encuentra respuestas estructurales, la emoción aparece”.
Esa catarsis topó, en primera instancia, con el hermetismo de las autoridades. Durante el paso de la columna por los estamentos judicial y policial, no se registró ningún acercamiento por parte de los funcionarios de turno. El planteo ciudadano se materializó en la vía pública, pero la recepción formal del documento de exigencias solo tuvo lugar en el Palacio Municipal.
La anatomía de la asistencia
Al evaluar el volumen de la convocatoria, Alonso propuso una lectura analítica. Reconoció que, ante una temática de extrema sensibilidad, siempre existe la expectativa de una asistencia masiva, pero contextualizó el número en virtud de las altas temperaturas, la complejidad de la fecha y el hecho de ser un espacio organizativo incipiente.
Asimismo, introdujo un factor insoslayable en la dinámica de la participación ciudadana actual como es el apoyo silencioso. “Existe un fenómeno que no podemos desconocer: muchos vecinos acompañan el reclamo, pero eligen no exponerse públicamente. Eso no significa desinterés, sino una forma distinta de participación”, argumentó. Para la referente, la base ciudadana demostró estar dispuesta a movilizarse, advirtiendo que, de perpetuarse la falta de respuestas, “es probable que futuras convocatorias amplíen esa base”.
De la calle a la “agenda de trabajo”
El petitorio ingresado en el Municipio no es una mera declaración de principios, sino un instrumento político que propone la creación de una mesa de diálogo y trabajo conjunto, integrada por autoridades municipales, provinciales, judiciales y representantes ciudadanos.
“La movilización es el punto de partida, no el final”, sentenció Alonso, marcando el inicio de una etapa de auditoría vecinal. El seguimiento de la iniciativa se estructurará en tres ejes: aguardar la respuesta formal, exigir una reunión institucional y mantener la publicidad del proceso para exponer los avances o la inacción del Estado. “El reclamo no puede quedar en lo simbólico. Tiene que transformarse en agenda de trabajo. La seguridad no se resuelve con discursos ni con un solo sector”, remarcó.
El contraste: la pacificación focalizada en San Carlos
Mientras la ciudad en su conjunto exige soluciones macroestructurales, el análisis de Alonso se detuvo en la micro-realidad de su jurisdicción. El barrio San Carlos, tras meses de zozobra, atraviesa actualmente un período de mayor estabilidad.
Según la administradora de la red vecinal, los operativos de control implementados desde enero, forzados por la presión constante de los residentes, han arrojado resultados tangibles. Destacó la fluidez en la comunicación con la cúpula de la Comisaría Novena como un factor clave para optimizar la prevención, un refuerzo operativo que también irradió mejoras en zonas aledañas como el Puerto, Las Avenidas (jurisdicción de la Comisaría Tercera) y el barrio Chavín (Comisaría Segunda).
No obstante, el diagnóstico cierra con una advertencia que aplica tanto a la política de seguridad barrial como a las demandas generales del 18F: “El desafío es que estas mejoras no sean coyunturales, sino sostenidas en el tiempo”.
