El telón baja para Cyrano, pero no para la actividad del Teatro Tronador BNA. Marcelo González, su propietario, lo deja en claro desde el comienzo: terminar un ciclo no significa clausurar una temporada. “Bueno, terminando un ciclo no significa que termine la temporada, porque sigo trabajando todo el año”, afirma, con la serenidad de quien sabe que el esfuerzo no se detiene.
González , que se hallaba acompañado por el “Puma” Goity, recibió a los medios de prensa para cerrar el ciclo de Cyrano, y en diálogo con “el Retrato” se refirió al actual momento del “mundo” del espectaculo y la temporada treatral marplatense.
“Hoy, cerrando una etapa con Cyrano, más de 250 funciones, más de 60 en el Tronador, con más de 60 artistas y unos 20 técnicos en diferentes lugares de la Argentina, cerrar una obra épica con el Puma Goity en el Teatro Tronador nos enorgullece”, expresa González. La obra encabezada por Gabriel Goity se convirtió en un verdadero hito para la ciudad.
Hace poco más de dos años, cuando comenzaron con el proyecto, la apuesta parecía desmedida. “Parecía una locura cuando comenzamos”, recuerda. Hoy, al bajar el telón de esta obra, admite que hay tristeza y angustia, pero predomina el orgullo. “No hay nada que nos haya pasado y no hay nada que no hayamos superado”, remarca.
La “locura” no tenía que ver con el público. Más del 80% de los asistentes a las 60 funciones en Mar del Plata fueron marplatenses. La respuesta estuvo. El desafío era otro: la dimensión productiva. González detalla el detrás de escena con precisión casi quirúrgica: más de 20 personas trabajando tras el escenario, 70 personas a las que alimentar cada noche, hotelería, traslados, 400 pelucas, 200 pares de zapatos, casi una lavandería montada dentro del teatro, 2 kilos y medio de maquillaje por función.
“Muy riguroso todo lo que hay detrás para que se desarrolle algo tan importante”, enfatiza. Nada garantiza éxito ni calidad, pero el aprendizaje fue inmenso. Luces, sonido, escenografía, estética y detalles confluyeron en una maquinaria compleja que dejó al Tronador nuevamente con cinco estrellas al cierre de temporada.
Los “Estrellas” y su degradación simbólica
La obtención de las cinco “Estrellas” por parte de artistas y obras del Tronador no genera euforia en González. Su mirada es crítica.
“Yo creo que mirar los “Estrellas” es como mirar a Mar del Plata. Hoy mirar las Estrellas de Mar es mirar una realidad de algo que ya no tiene lógica y cuando las cosas no tienen lógica no producen el efecto que deberían producir”, dispara ante “el Retrato”.
El empresario sostiene que se ha perdido el sentido profundo del reconocimiento. No cuestiona el talento artístico, sino la manera en que se valora y se organiza la industria del espectáculo. “Pienso que es una falta de respeto al artista, a los productores, a lo que es la industria del entretenimiento y del espectáculo”, afirma , para luego remarcar con tono severo que “pienso que es una falta de respeto al artista, pienso que es una falta de respeto a los productores, a lo que es la industria del entretenimiento y del espectáculo, el nivel de desprecio que hay hacia la organización de algo tan relevante interiormente para cada una de las personas que trabajamos en esto. Y la verdad que desde ese lugar lo único que nos siente es que lo único que se ha logrado es degradarlo y que se hace porque se hace, no porque haya de verdad un sentido de pertenencia, de crecimiento, de desarrollo, de herramienta de marketing, de ganas, de compromiso. La verdad que no, la verdad que todo eso me angustia”
Hoy me siento como el Quijote luchando contra los molinos
Consultado si sentía que está luchando contra los molinos de viento como el Quijote , afirmó sin titubeos “Sí, sin duda, sin duda, sin duda porque literalmente cuando uno ve muchas veces hoy el mundo es por resultados. Es muy importante jugar bien y hacer bien las cosas, pero es muy importante que el resultado sea el que mereces y el que querés y que también se cumplan los objetivos; porque si vos hacés bien las cosas o jugás bien pero no ganás y no te dan los resultados, a la hora de ir al mundo real algo está fallando y algo va a salir mal”
Para González, el reconocimiento genuino proviene del público. El respaldo de la gente tiene un valor “superlativo”. Sin embargo, insiste en que la cultura no puede depender únicamente del aplauso popular. “Esto no es personal, porque literalmente para mí la cultura es una inversión en un proceso de la sociedad”, sostiene.
Mar del Plata, dice, es una ciudad maravillosa, llena de talento, pero que no logra ensamblar un proyecto común. “Si no volvés a empezar para transformar, cada año lo único que lográs es degradar”, advierte. Y agrega que muchas veces se “emparcha” para justificar decisiones coyunturales sin un plan estratégico de largo plazo.
Cultura, Estado y modelos mixtos
Consultado por el Retrato sobre el rol del Estado y las políticas culturales, González evita caer en una crítica partidaria. Prefiere hablar de modelos.
“La verdad que no sé si tiene prioridad o no el gobierno nacional, lo que sí creo que cuando a veces te hablan del Estado, el Estado no está. Lo que sí creo que existe es una figura mixta”, explica.
Para él, el Tronador es ejemplo de esa articulación. La colaboración con el Teatro Colón, el Teatro General San Martín y Cultura de la Ciudad demuestra que la sinergia entre lo público y lo privado puede dar resultados concretos.
“Si yo no contase con talentos, con el background de esa historia y de esas capacidades, por más ganas y fuerza que tenga, eso no lo podría lograr”, reconoce. El empresario destaca que existen nuevos modelos posibles, capaces de transformar el presente y proyectar el futuro.
Sobre la temporada teatral en general, González es claro: para él, ya no existe el concepto de “temporada”. Mar del Plata debe ser una plaza activa todo el año. De hecho, el Tronador sostuvo siete obras por semana.
Valora el nivel artístico y la presencia de figuras importantes, pero cuestiona si la infraestructura no acompaña. “No sé si la calidad escenográfica, técnica, de salas o de seguridad acompaña a esos talentos”, reflexiona.
También pone el foco en el rol de los productores argentinos, a quienes considera fundamentales. Son quienes asumen costos, riesgos y hasta funciones inesperadas: psicólogos, mayordomos, maestros mayores de obra. “Quedás en el medio”, grafica. A su entender, hay un estancamiento que tocó fondo y que exige reacciones colectivas.
“Es muy importante que quienes están del otro lado, el público, el periodista, el oyente, también tomen cartas en el asunto, sin agresión, sino trabajando en un bien común”, subraya.
De marzo a marzo: inversión y futuro
Lejos de conformarse con el éxito de Cyrano, González ya proyecta los próximos doce meses. Y lo hace con anuncios concretos.
“Voy a volver con Abel, que va ahacer 30 años; vamos a concretar dos funciones con Abel”, anticipa en referencia a Abel Pintos. También regresarán La Llamada y La Ballena, y habrá lugar para el ballet, la Sinfónica y la Juvenil del Colón, además de una ópera.
Promete “dos bombas muy grandes” para el próximo verano, con figuras y talentos a la altura de lo que Mar del Plata merece. La apuesta no es estacional: será de marzo a marzo, todos los meses del año.
“Durante todo el año, todos los meses el Tronador va a estar abierto”, afirma con determinación. A eso se suma la Escuela de Arte y Oficio, un proyecto que define como una transformación social y cultural para la ciudad. Si todo avanza según lo previsto, estará terminada en diciembre.
El impulso y la inversión para traer espectáculos de calidad no son, para González, una cuestión de prestigio personal, sino de responsabilidad colectiva. La cultura, insiste, es una inversión social.
El cierre del ciclo de Cyrano no es un punto final, sino un punto seguido. Con más de 250 funciones en todo el país y 60 en Mar del Plata, la obra deja una marca en la historia reciente del teatro local. Pero, sobre todo, deja instalada una discusión: cómo sostener calidad, profesionalismo e innovación en una ciudad que vive del arte, pero que aún debate cómo potenciarlo.
Marcelo González lo resume con una mezcla de orgullo y desafío. “Sin prisa pero sin pausa, trabajando súper duro”, repite. El telón cae, las luces se apagan, pero el proyecto continúa. Porque para él, la cultura no es una temporada: es un compromiso permanente.
