El desarrollo de nuevos espacios culturales en Mar del Plata sumó en los últimos meses un protagonista inesperado: Bendu Arena. El proyecto, impulsado por empresarios jóvenes y acompañado por productores con experiencia, comenzó como una apuesta audaz y hoy se proyecta como una de las propuestas artísticas más ambiciosas de la ciudad. En diálogo con el Retrato, Marcelo Sosa, uno de los responsables artísticos del predio, repasó cómo se gestó la iniciativa, los desafíos de su puesta en marcha y la meta de construir un miniestadio para casi 9.000 personas.
“La confianza mutua entre los desarrolladores y nosotros fue clave para encarar un proyecto pensado para funcionar los doce meses del año”, aseguró Sosa, quien proviene del mundo de la publicidad y las producciones, aunque reconoce que esta es su primera experiencia directa en la gestión integral de un espacio de espectáculos.
Confianza y visión compartida
Sosa relató que su vínculo con el complejo nació a partir del contacto con sus impulsores, los empresarios marplatenses Maximiliano Kunz y Juan Pablo Reverter. Ambos lideran el desarrollo integral del predio donde también funciona la sucursal de Coto en la ciudad.
“Cuando vi el proyecto integral del shopping y recorrí el lugar, me pareció increíble. Son gente joven, muy emprendedora”, señaló. La relación comercial con Reverter fue el primer paso; luego llegó la propuesta concreta: desarrollar un espacio para eventos en una de las esquinas del complejo.
“Me dijeron: queremos hacer un lugar de eventos en esa esquina. Y les respondí que me parecía extraordinario”, recordó. Sin embargo, la magnitud y la velocidad del proyecto lo sorprendieron. La idea de inaugurar el supermercado el 12 de diciembre parecía, en ese entonces, casi imposible.
Las excavaciones comenzaron en marzo y durante el invierno los avances no resultaban tan visibles desde el exterior. “Yo venía bastante a Mar del Plata y no veía muchos cambios. Les pregunté cuándo me entregarían el predio y me dijeron que el 26. Era todo contrarreloj”, explicó.
Ante esa incertidumbre, convocó a colegas del mundo de la producción para evaluar la viabilidad. “Fue un poco de olfato. Sabíamos que podía ser difícil, pero si salía bien, podía ser algo muy bueno”, señaló.
La trayectoria de Kunz y Reverter en otros emprendimientos locales terminó de inclinar la balanza. “No me daba plena seguridad, pero sí la tranquilidad de que las cosas se iban a hacer bien. Y si había que abortar por fechas, se haría de manera ordenada”, afirmó.
El acuerdo firmado por cinco años respondió a la necesidad de amortizar una inversión significativa. “Para invertir tanto dinero necesitábamos un contrato de largo aliento. Si esto era solo para enero y febrero, era inviable”, explicó.
Un miniestadio como horizonte
Desde el inicio, la visión superó la idea de un simple espacio al aire libre. La ambición es clara: construir un microestadio cerrado con capacidad para entre 8.500 y 9.000 personas.
“Mar del Plata necesita un lugar de estas características. Cubierto no hay. Algo bien hecho, de categoría”, subrayó Sosa. Si bien la ciudad cuenta con escenarios tradicionales como el Polideportivo, la propuesta apunta a un espacio moderno y versátil que permita una programación sostenida durante todo el año.
Por ahora, el miniestadio es un objetivo a mediano plazo, proyectado hacia 2027 ò 2028. En lo inmediato, la segunda etapa contempla techar el actual predio mediante una estructura cerrada tipo carpa de gran porte, que permita realizar eventos incluso durante los meses más fríos o ante condiciones climáticas adversas.
“El clima de Mar del Plata es complicado. Este año tuvimos suerte: muchas veces llovía durante el día y a la noche salía todo perfecto. En la Fiesta Mágica, hasta las ocho caían piedras y rayos, y después tuvimos una noche extraordinaria”, relató.
La experiencia de la primera temporada dejó un balance más que positivo. “Tuvimos la suerte de que realmente salió todo muy bien”, afirmó.
Posicionamiento y crecimiento acelerado
Uno de los logros que más destaca Sosa es el rápido posicionamiento de la marca. “Lo que logramos este año fue instalar el nombre. Bendu Arena hizo mucho ruido”, expresó. En apenas semanas desde su lanzamiento oficial, a fines de noviembre, el espacio alcanzó casi 50.000 seguidores en redes sociales.
El predio, que antes era un baldío, implicó una inversión millonaria. “Era un patio donde se invirtieron dos millones de dólares. No había nada”, detalló. A partir de la construcción de la base de cemento, una obra estructural clave, comenzaron a convocar a productores que ya tenían en carpeta.
La respuesta fue favorable. “Confiaron y salió todo de manera muy exitosa”, aseguró. El público, según indicó, valoró especialmente los accesos rápidos y la buena organización para el ingreso y egreso de los shows.
En materia de seguridad, destacó la coordinación con fuerzas provinciales y locales, así como con Prefectura. Ante algunos robos de celulares registrados durante eventos, se activó un operativo conjunto que permitió recuperar los dispositivos en 48 horas.
“No tuvimos prácticamente ningún incidente. La experiencia fue muy buena y eso es lo que queremos sostener y mejorar”, concluyó.
Con la vista puesta en el techado del predio y el sueño del miniestadio propio, Bendu Arena busca consolidarse como un actor central en la agenda cultural marplatense. La apuesta combina inversión privada, gestión profesional y una lectura clara de una demanda histórica: contar con un nuevo espacio cubierto, moderno y de gran capacidad que permita que la ciudad tenga espectáculos de primer nivel durante todo el año
