Marcela Torres Sallar, directora de la Secundaria 3 destacó la ayuda solidaria y la labor educativa que allí realizan

La Escuela de Educación Secundaria N.º 3 fue escenario de una jornada distinta. Mientras el receso escolar mantiene a las aulas en silencio, el movimiento llegó de la mano del Club Aldosivi, que llevó adelante una jornada solidaria destinada a mejorar las instalaciones del establecimiento. Pintura, limpieza y arreglos generales formaron parte de una acción que tuvo un fuerte impacto simbólico y concreto para toda la comunidad educativa. En ese contexto, Marcela Torres Sayar, directora de la institució, reflexionó sobre el valor de la iniciativa y amplió la mirada hacia la tarea educativa y social que se desarrolla diariamente en la escuela

Una jornada solidaria que deja huella

“Esta jornada solidaria que hoy se está llevando a cabo es súper importante, porque no se trata solo de pintar paredes o limpiarlas, sino de dejar una impronta, de mostrar que la escuela está viva, que hubo movimiento aun cuando los chicos estaban de vacaciones”, expresó Torres Sallar, en diálogo con el Retrato mientras observaba los trabajos realizados por integrantes del Club Aldosivi.

La directora comparó a la escuela con una casa: con el paso del tiempo, las cosas se deterioran y necesitan arreglos constantes. En ese sentido, destacó que estas acciones permiten que los estudiantes, al regresar a partir del 18 de febrero, fecha en la que comienzan las instancias de intensificación para quienes adeudan materias, encuentren un espacio renovado, cuidado y preparado para recibirlos.

“Que los alumnos ingresen y vean que alguien se ocupó de la escuela también es un mensaje educativo y afectivo”, remarcó. Para Torres Sallar, el compromiso de una institución deportiva con una escuela pública refuerza la idea de comunidad y de trabajo conjunto, más allá de los roles específicos de cada organización

Una escuela diversa y con múltiples desafíos

La Escuela Secundaria N.º 3 cuenta con una matrícula de alrededor de 950 alumnos, distribuidos en tres turnos: mañana, tarde y noche. Se trata de una secundaria “pura”, es decir, sin nivel primario, y recibe estudiantes tanto del barrio como de otros puntos de la ciudad e incluso de distintas provincias del país. La cercanía con el barrio militar hace que muchas familias que llegan por razones laborales busquen vacantes en el establecimiento.

“Tenemos chicos de la zona y chicos que vienen de otros lugares, que eligen esta escuela por las modalidades que ofrecemos”, explicó la directora. La institución cuenta con cuatro orientaciones: Sociales, Economía, Ciencias Naturales y Turismo. Esta última, reconoció, suele ser una de las más elegidas, en un contexto donde muchos jóvenes buscan salidas laborales más rápidas.

Sin embargo, Torres Sallar subrayó que hay una gran diversidad de proyectos de vida. “Tenemos alumnos que ya se anotaron para estudiar Medicina, otros que siguen carreras universitarias o terciarias, y también impulsamos mucho a quienes todavía no saben qué estudiar a que busquen un oficio en las escuelas de artes y oficios”, señaló.

La escuela cuenta con un Equipo de Orientación Escolar, aunque limitado: solo dos profesionales para cubrir los tres turnos. “Se complica, pero es lo que tenemos y tratamos de hacer lo mejor posible”, admitió.

Educar también desde lo social y lo humano

Con 35 años de trayectoria en el sistema educativo, Marcela Torres Sallar es testigo de los profundos cambios sociales de las últimas décadas. Para ella, hoy los jóvenes están más empoderados, pero también más necesitados de escucha. “Los chicos buscan constantemente hablar, ser escuchados, recibir un consejo o simplemente una palabra de cariño”, afirmó.

La directora reconoció que muchas veces el rol del docente y del directivo excede lo pedagógico. “Hacemos mucho de psicólogos. Vienen chicos todos los días a la dirección y a veces estamos una hora charlando. Eso para ellos es súper productivo”, contó.

Los temas que surgen son variados: conflictos familiares, amistades, relaciones afectivas, uso de redes sociales. No hay una problemática única que predomine. En ese camino, la institución trabaja de manera permanente con talleres y charlas, muchas de ellas articuladas con la Facultad de Psicología, poniendo el foco en la no violencia, el diálogo y el respeto.

Un capítulo especialmente doloroso en la historia reciente de la escuela fue la pérdida de Lucía (Pérez), una alumna cuyo recuerdo sigue presente. “Era como si viviera en esta casa. Las puertas de la escuela siempre estuvieron abiertas para su familia, y su mamá vino a dar charlas que fueron muy significativas para los chicos”, recordó Torres Sallar. Si bien es difícil medir el impacto individual de ese hecho traumático, la escuela redobló su compromiso con la contención y la concientización.

Sobre los cambios en el sistema educativo, la directora rechazó la idea de que los estudiantes “pasan sin saber”. “Hoy tienen más posibilidades. La intensificación permite que cada alumno aprenda de acuerdo a sus tiempos. No todos aprenden al mismo momento”, explicó.

Finalmente, se refirió al vínculo con las familias, reconociendo que muchas veces cuesta la participación por las obligaciones laborales, pero insistió en un mensaje claro: “La escuela es de puertas abiertas. Siempre estamos para recibirlos cuando puedan acercarse”.

Antes de despedirse, volvió a presentarse con la sencillez de quien entiende la educación como una tarea colectiva: Marcela Torres Sayar, directora de una escuela que, con ayuda solidaria y mucho trabajo humano, sigue apostando al futuro.