Familiares y amigos volvieron a reclamar justicia por la muerte de Ariel “Toty” Rosales

Familiares, amigos y vecinos de Ariel “Toty” Rosales volvieron a concentrarse este miércoles en la esquina de Castelli e Independencia, el lugar exacto donde el 19 de enero su vida fue truncada de manera violenta. La movilización tuvo un mensaje claro y unificado: exigir justicia y reclamar que el conductor que lo atropelló continúe detenido mientras avanza la causa judicial.

Ariel Rosales tenía 41 años, era un reconocido hincha de Aldosivi y trabajaba desde hacía 17 años en el Hotel Provincial, donde realizaba tareas de mantenimiento. Aquella mañana, como todos los días, se dirigía a cumplir con su jornada laboral cuando fue embestido de frente por un Fiat Cronos que circulaba a contramano y a gran velocidad. El impacto fue brutal: el vehículo lo arrastró más de 100 metros y le provocó la muerte en el acto. Para la fiscalía, no se trató de un accidente sino de una “acción criminal”.

Con banderas, carteles y fotografías de Toty, la concentración se transformó en un acto de memoria y de reclamo social. “Queremos que siga detenido, que no lo larguen”, expresó uno de los familiares, en diálogo con la prensa. En las últimas horas, la familia recibió una novedad clave: el fiscal Tapia negó el pedido de excarcelación presentado por la defensa del imputado, una decisión que fue recibida con alivio, aunque sin bajar la guardia. “Es lo que nosotros buscamos. Queremos que se ponga firme y que no lo largue hasta que estén todas las pruebas”, remarcaron.

El conductor involucrado es un turista venezolano de 35 años, con domicilio en la Ciudad de Buenos Aires. La causa está caratulada como homicidio simple con dolo eventual, una figura penal que reconoce que el imputado asumió el riesgo de matar al conducir de manera temeraria. “No fue un accidente, fue un asesinato”, sostuvo un amigo de Rosales, dejando en claro la postura del entorno más cercano.

Entre los presentes estuvo Abigail, la hija de Ariel, de 23 años, quien habló con profundo dolor sobre los últimos días de su padre. “Estaba muy entusiasmado, esperando el verano como todo el mundo en Mar del Plata. Iba todos los días a trabajar, hacía siempre el mismo recorrido. Estaba feliz”, recordó. Durante la temporada estival, Toty también trabajaba en el balneario, una tarea que lo llenaba de orgullo y satisfacción. “Estaba súper contento con la posición que tenía”, agregó.

La movilización no solo apuntó al pedido de justicia individual, sino que también abrió un debate más amplio sobre la violencia vial en la ciudad. “Esto no es solo municipal, provincial o nacional. Primero la gente tiene que tomar conciencia de cómo manejamos. Es un desastre”, reflexionó uno de sus amigos. En ese sentido, señaló la responsabilidad individual al volante: “Somos nosotros los que agarramos el volante, los que aceleramos, los que no frenamos. Ahí está el problema”.

Por ahora, los familiares confirmaron que continuarán reuniéndose en la esquina donde ocurrió el hecho, mientras consideren que la causa avanza de manera correcta. No descartan futuras movilizaciones hacia tribunales si la situación judicial cambia. “Mientras se siga trabajando bien, vamos a estar acá”, aseguraron.

La muerte de Ariel “Toty” Rosales se convirtió en un símbolo del reclamo por justicia y por mayor conciencia vial en Mar del Plata. Su historia, su trabajo y el cariño que despertó en su entorno hoy se transforman en una lucha colectiva para que su muerte no quede impune y para que hechos similares no se repitan.