Goransky: La ciudad no depende de milagros, sino de orden, sentido común e integración

Mar del Plata atraviesa una encrucijada histórica. Con recursos naturales, capital humano y tradición productiva, la ciudad parece tener todo para despegar. Sin embargo, algo no termina de ordenar ese potencial disperso. En ese diagnóstico insiste Sergio Goransky, empresario marplatense que observa el futuro con esperanza, pero también con una fuerte dosis de realismo. Su mirada combina crítica a la gestión pública, autocrítica social y una convicción clara: sin integración y visión empresarial, no hay ciudad posible.

¿Cómo ves a la Mar del Plata en el futuro?

“Mar del Plata tiene absolutamente todo para ser una gran ciudad, pero hoy está desordenada y fragmentada”, resume Goransky. En su visión, el problema no es la falta de recursos sino la incapacidad de organizarlos y hacerlos convivir en un mismo proyecto. La ciudad, dice, necesita que cada sector “camine por su carril”, con reglas claras y objetivos compartidos.

“Mientras no se le dé lugar a otra parte de la sociedad marplatense, esta ciudad va a seguir siendo la misma”, enfatiza. Para Goransky, el futuro no se define solo desde el Estado o la política tradicional, sino desde una integración real entre sectores productivos, sociales y culturales. Mar del Plata, advierte, no puede pensarse con una sola mirada ni con una sola voz.

¿Crees que se va a dar ese cambio?

El cambio, para Goransky, es posible pero no automático. Requiere voluntad, decisiones y actores nuevos. En ese sentido, es crítico del sistema político local, pero también de la comodidad del sector privado. “Todos nos quejamos de los políticos, de los funcionarios, de los concejales. Pero cuando llegan a la gestión, se contaminan”, sostiene.

Sin embargo, el señalamiento no termina ahí. Goransky pone el foco en una ausencia clave: la de empresarios comprometidos con la gestión pública. “Yo no he visto empresarios que lleguen a la gestión”, afirma, y recuerda con decepción una oportunidad que, a su entender, se perdió en el camino. Se refiere a Eduardo Pezzati, a quien veía como un candidato con visión empresarial y una idea clara de ciudad.

“Tenía una mirada distinta, recorría, escuchaba, pensaba la ciudad desde otro lugar”, recuerda. Para Goransky, ese perfil, el del empresario que entiende la lógica del hacer, del invertir y del administrar,  es una pieza faltante en la construcción del cambio.

¿Qué vamos a hacer para ser una ciudad realmente buena?

La respuesta, según Goransky, pasa por sumar la “otra pata” a la mesa de decisiones. No se trata de reemplazar a la política, sino de complementarla. “Hay mucha gente profesional en la política, y está bien. Pero necesitan a alguien que sepa cómo funciona una empresa”, explica.

Con un ejemplo concreto, marca la distancia entre la gestión pública y la realidad productiva: “¿Cuántos funcionarios municipales saben lo que es pagar el 931?”, se pregunta, en alusión a las cargas sociales que afrontan los empleadores. Para él, administrar una ciudad tiene similitudes claras con administrar una casa o una empresa: no se puede gastar más de lo que entra.

“El municipio es como tu casa: si te entra tanta plata, no podés gastar más de eso”, afirma. En esa línea, retoma una vieja máxima económica, atribuida popularmente a Bill Clinton,  y la traduce a su estilo directo: “La economía es estúpida… o dicho más ordinariamente, no podés cagar más arriba de lo que el culo te da”.

La Mar del Plata del mañana, según Sergio Goransky, no depende de milagros ni de slogans. Depende de orden, integración y sentido común. Y, sobre todo, de animarse a sumar a quienes todavía miran la ciudad desde afuera, pero podrían ayudar a ponerla definitivamente en marcha.