¿Nos tapará la mugre?…Basurales a cielo abierto a lo largo y ancho de Mar del Plata

Mar del Plata atraviesa el verano envuelta en una postal que se repite y se expande: basurales a cielo aberto desbordando esquinas, veredas y terrenos baldíos, sin distinguir barrios ni códigos postales. Lo que antes parecía un problema limitado a zonas periféricas hoy no conoce de límites, con residuos acumulados que ganan las calles y exponen una falla estructural en el sistema de higiene urbana.

Los ejemplos se multiplican. En la intersección de Irala y Don Orione, en Larrea y Vieytes (por citar apenas dos puntos) la basura se amontona durante días, se desparrama con el viento y se convierte en un foco de contaminación permanente. Pero no son casos aislados: hay una infinidad de sectores donde los basurales a cielo abierto avanzan sin control, a la vista de vecinos y turistas.

La situación vuelve inevitable una pregunta incómoda: ¿qué está pasando con el servicio de limpieza urbana? La empresa 9 de Julio, concesionaria del sistema, percibe alrededor de 5.000 millones de pesos mensuales por la prestación del servicio. Sin embargo, la realidad en las calles sugiere que ese dinero no se traduce en una ciudad limpia ni en un esquema eficiente de recolección y barrido, tal como lo establece el contrato.

A esta altura, el problema no parece ser solo de ejecución, sino también de control. Si el servicio no se cumple como corresponde, la responsabilidad no recae únicamente en la empresa. La Municipalidad, encargada de fiscalizar y garantizar que lo contratado se cumpla, aparece ausente. Porque si existiera un control efectivo, estos basurales no podrían sostenerse en el tiempo y las sanciones deberían ser una consecuencia lógica.

Mar del Plata, en plena temporada alta, con miles de visitantes recorriendo sus calles, ofrece una imagen que contradice su perfil turístico y su potencial económico. Basura acumulada, olores, roedores y riesgo sanitario conviven con playas colmadas y comercios abiertos, en una convivencia absurda que naturaliza lo inaceptable.

Ya no se trata solo de los barrios más postergados. El centro también sufre el avance de los residuos, confirmando que el problema es generalizado y que la ciudad, como un todo, está siendo abandonada a su suerte. Mientras tanto, los vecinos reclaman, pagan tasas y conviven con un escenario que degrada la calidad de vida y expone una cadena de responsabilidades que nadie parece dispuesto a asumir.

La basura está a la vista. Lo que no se ve ¿o no se quiere ver? es la respuesta política y administrativa que una ciudad como Mar del Plata necesita con urgencia.