El estado del Puente de Punta Iglesia, un ícono de la ciudad construido hace apenas dos décadas, expone la crisis de mantenimiento en el microcentro marplatense. En diálogo con el Retrato, Diego Garcia referente de la oposición denuncia una “estrategia” del Ejecutivo local para dejar caer los bienes públicos y favorecer el desembarco del negocio privado.
El puente de Punta Iglesia , comúnmente conocido como “El puente de los candados”, se convierte el ejemplo de un déficit de mantenimiento que la oposición califica de deliberado. La imagen de maderas corroídas, escalones de piedra inexistentes y luminarias fuera de servicio convive, a escasos metros, con la instalación de modernos tótems LED publicitarios.
En diálogo con el Retrato, el referente Diego García advirtió sobre la gravedad del escenario: “Lamentablemente tenemos que mostrar una imagen que se repite en otros lugares (en referencia al puente): la imagen del abandono, de estructuras municipales que no se sostienen ni se ponen en valor porque el Estado está ausente”, sentenció. García enfatizó que se trata de una obra joven, que no requeriría una gran mano de obra: “Es un puente que tiene 20 años. Todas las tablas de los costados se han caído y otras están a punto de caer, lo que representa un peligro para los que transitan por debajo. Es evidente la poca atención que se le pone al estado de estas cosas”.
“Nos quieren hacer creer que no hay plata”
Según García, General Pueyrredon cuenta con las dependencias necesarias, como el Enosur y el Emvial, para realizar estas tareas sin necesidad de recurrir a la tercerización. “No hay que licitar ni llamar a ninguna empresa, el municipio cuenta con las estructuras para cortar pasto, arreglar el puente o poner luces. Sin embargo, nos quieren hacer creer que no hay plata”, argumentó el dirigente.
El eje del reclamo se asienta en la presión fiscal sobre el contribuyente y el destino de los fondos recaudados. “Se han creado nuevas tasas, como la Tasa Vial, pero ese dinero se utiliza para pagar sueldos en lugar de arreglar calles o pavimentar los barrios. Estamos pagando la nafta más cara de la provincia de Buenos Aires, el Emvial tiene su propia planta de asfalto y hormigón, y sin embargo tenemos toda la ciudad poceada”, denunció García, calificando la situación como una naturalización del deterioro por parte de la gestión de municipal.
El modelo del “negocio privado”
Para la oposición, el abandono de los activos municipales es la estrategia perfecta para justificar el desembarco de capitales privados en áreas que el Estado deja vacantes. Este modelo, que García vincula con casos como el Estadio José María Minella o los puentes de Punta Mogotes (recientemente intervenidos por una marca de cerveza internacional), genera una tensión entre el bien que el espacio público ofrece y el aprovechamiento del privado.
“Tenés la publicidad LED hermosa y moderna a pocos metros del puente característico de la ciudad que se está cayendo a pedazos”, observó García sobre el contraste visual en la zona costera. “Es una estrategia: dejás que el bien público se caiga de tal manera para que después aparezca un privado a arreglarlo a cambio de publicidad enorme y sin controles. El Estado tiene que cumplir con su función de mantener las estructuras por las que el vecino paga, no el privado”, remarcó.
¿Si así estamos en Enero, que pasa en Mayo?
Con la temporada en su punto más alto y los ojos del país puestos en la ciudad, la preocupación se traslada a la imagen que Mar del Plata proyecta e incluso a la seguridad diaria de turistas y residentes. García advirtió que el abandono que hoy afecta al centro se multiplica en los barrios de la periferia. “Si el centro está así, imaginemos una plaza en el barrio José Hernández o en Félix U. Camet. La gente vive como puede, no como quiere”, puntualizó.
Finalmente, el referente opositor instó a rediscutir los pliegos de servicios esenciales, como la recolección de residuos, cuyo contrato se encuentra prorrogado: “Es momento de discutir un nuevo pliego y un mejor servicio. No es fácil tomar la postura de decir que los vecinos son sucios. Si hay alguno que vandaliza, que lo sancionen, pero la recolección y el mantenimiento hoy dejan mucho que desear”, concluyó.
