A un año exacto del incendio que arrasó 72 viviendas en Epuyén, las llamas volvieron a castigar la comarca del noroeste de Chubut. En diálogo con el Retrato, una vecina afectada, que prefiere mantener su identidad en reserva por temor a represalias, denuncia el abandono estatal, la desaparición de fondos millonarios destinados a la reconstrucción y una sospecha que crece entre los damnificados: los incendios responden a intereses inmobiliarios vinculados al interés privado y a la modificación de leyes que protegían el territorio patagónico.
El 15 de enero de 2025, 72 familias de Epuyén quedaron con lo puesto tras un incendio que se propagó con velocidad devastadora entre los pinares de la zona. Un año después, ninguna de esas familias pudo reconstruir su vivienda. El 5 de enero de 2026 las llamas regresaron. Esta vez el fuego comenzó en la ladera de El Pirque que da a Puerto Patriada (El Hoyo), se comió toda la montaña y bajó por la otra ladera hacia Epuyén. Diez días después, más de 50 brigadas autoconvocadas de vecinos continúan combatiendo el fuego sin descanso, mientras se denuncia la ausencia del Estado.
“Quedé rota, yo no puedo reconstruir mi vida”
La vecina entrevistada tiene dos hijas y perdió todo el 15 de enero del año pasado. Hoy, 365 días después, no tiene un lugar fijo donde vivir. “Ninguna de las familias afectadas del año pasado pudimos reconstruir ni nuestra casa, ni nuestra salud mental, ni nuestra economía, ni nuestra vida, ni nada. Porque el Estado estuvo absolutamente ausente”, relata.
Según su testimonio, para Epuyén se destinaron 7 mil millones de pesos, de los cuales solo se repartió un porcentaje muy pequeño. “No está disponible la información de qué pasó con el resto de la plata. Alguien se la quedó. Y ninguno de nosotros pudo reconstruir”, denuncia. La entrevistada insiste en que la disparidad es evidente y la opacidad total.
El subsidio, además, se negó a quienes vivieron toda su vida en la zona pero no contaban con título de propiedad. A los que sí lo recibieron, el monto alcanzaba apenas para los materiales de una construcción mínima, sin incluir mano de obra. “En el mejor de los casos, sos una persona joven que le da el cuerpo y que más o menos te da maña para construir ¿Pero cómo haces para mientras tanto trabajar y tener algo de comer?”, cuestiona.
El impacto psicológico es devastador. “Yo quedé rota. Todos quedamos con problemas serios de salud mental que después afectan nuestra salud física. El post de pasar por esto es mucho más grave y largo de lo que yo pensaba”, confiesa. Los damnificados debieron constituirse en asamblea para reclamar, hicieron vaquita entre ellos para que tres personas viajaran a Rawson a recorrer ministerios. Lo hicieron dos veces. “Así y todo no hemos recibido respuesta. Nadie pudo reconstruir su casa”.
Actualmente, las familias viven dispersas. “Hubo gente que se tuvo que conseguir un alquiler, gente que consiguió un tiempito de prestado y se está mudando. Yo no tengo un lugar fijo donde estar. Y así es la realidad de muchas personas”. Los alquileres en la zona son “exorbitantes, no tienen ninguna relación coherente con lo que uno puede llegar a generar trabajando”.
Mallín Ahogado y las grandes sospechas
El 15 de enero de 2025 no fue el único incendio. Dos semanas después, Mallín Ahogado sufrió otro siniestro que dejó un saldo alto de casas quemadas. Lo que siguió refuerza las sospechas de intencionalidad: “A muy pocos días, alambrados fueron corridos y los planos catastrales modificados”, denuncia el comunicado difundido por la asamblea de vecinos de la comarca.
La entrevistada ratifica la sospecha: “Yo no digo que no exista el cambio climático. Pero algo raro hay, ya está confirmado, ya no son más teorías conspiranoicas”. Y menciona a la modificación de la ley de tierras (que protegía que un territorio quemado no pudiera habilitarse inmediatamente para negocio inmobiliario), derogación de la ley de manejo del fuego (que desfinancia los pocos medios para combatir incendios) y la reforma de la ley de glaciares.
“Todo apunta a poder entregar el territorio a quien quiere venir porque se les cae la baba por todos los bienes naturales que hay acá”, afirma. “A mí me parece, y a muchos nos parece, y estamos viendo muchas pruebas de esto, que necesitan también despoblar un poco el territorio para poder hacer esto”.
Adicionalmente menciona que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), flexibiliza mucho la venta de grandes porciones de tierra con capitales extranjeros, sin ningún tipo de mediación en el medio. “Esto, sumado a que vos tenés 12.000 hectáreas quemadas de bosque, que era bosque intangible con nacientes de agua, y que antes estaba protegido por la ley de tierras, da como resultado la posibilidad de que un gran poderoso con mucha plata se vaya quedando con grandes extensiones de tierra en la Patagonia, porque es la fuente de agua dulce de prácticamente todo nuestro planeta”.
Persecución y criminalización del pueblo mapuche
La vecina solicitó no revelar su identidad por temor a represalias ya que “el año pasado durante los incendios nos pasó de compañeros a los que se llevaron presos acusándolos de que ellos habían prendido fuego. Compañeros que estaban ayudando a combatir el fuego”, relata.
Actualmente, la criminalización apunta al pueblo mapuche, narrativa oficial que los señala como responsables de “terrorismo ambiental”, aunque esta postura es ampliamente cuestionada por la justicia y organizaciones sociales. “Todos los que estamos acá y sabemos cómo es la realidad de la situación, sabemos que eso no tiene ningún sentido y que responde justamente al mismo relato”, sostiene. “Son como dos pájaros de un tiro: prenden fuego todo y después además criminalizan al pueblo mapuche”.
El comunicado vecinal repudia explícitamente el allanamiento a la comunidad Pulgar Huentuquindel y enfatiza: “El pueblo mapuche es parte de estas tierras, sabemos que no es responsable de los incendios”.
La organización comunitaria frente al abandono estatal

En Epuyén, las 72 familias que perdieron totalmente sus viviendas representan solo una parte de los afectados. Muchísimos más perdieron galpones, animales y medios de producción.
Sin respuesta del Estado, lo poco que se reconstruyó se hizo mediante mingas a nivel comunitario, un sistema en el que la gente se junta para ayudarse mutuamente.
La mayoría de los vecinos siguen en la zona, no bajaron los brazos. Ante la nueva emergencia, se organizaron unas 50 brigadas autoconvocadas que combaten el fuego junto a bomberos voluntarios. La red comunitaria incluye gente que cocina viandas, quienes ponen a disposición vehículos para trasladarlas, veterinarios que atienden gratis a los animales quemados, personas que cuidan a los niños de quienes están en el frente de fuego, quienes hacen medicinas naturales y quienes consiguen donaciones.
“Yo no te puedo explicar lo que es esta red. Arranca y ya tenemos toda la subdivisión de grupos”, describe. “Es una red muy gigante la que se arma. Y somos los vecinos. Nadie organizándonos desde afuera”.
Cada año, la necesidad de crecer en organización comunitaria se repite. “Lamentablemente tuvimos todas las oportunidades de aceitarnos y ganar experiencia porque cada año pasa algo”, lamenta.
“Esto recién empieza”
Este jueves 15 de enero a las 18, al cumplirse exactamente un año del incendio de Epuyén, todos los vecinos de la comarca se reunirán en el puente Salamín (El Hoyo), zona intermedia para habitantes de Epuyén, Cholila, el Pedregoso, Lago Puelo y El Bolsón.
“Va a ser nuestro primer momento de encontrarnos, charlar de lo que tengamos que charlar y ver cómo seguimos. Esto recién empieza”, anticipa la entrevistada. “Lo que nos están mostrando es que se viene muy picante mal. No tienen ningún problema de meter primera y destruir todo lo que necesiten destruir. Tiene que ser organizado lo que nosotros vamos a encarar”.
