Meteotsunami en Mar del Plata: el antecedente de 1954 y la explicación técnica del fenómeno

Especialistas en oceanografía y meteorología analizan el evento del lunes 12 de enero que sorprendió a miles de bañistas en Mar del Plata, Santa Clara del Mar y Mar Chiquita. La coincidencia de un frente frío, ondas de gravedad atmosféricas y bajamar extrema generó un fenómeno impredecible que, según los expertos, presenta similitudes con el episodio de 1954 pero con particularidades propias que dificultan su anticipación.

El meteotsunami que impactó la costa bonaerense el lunes por la tarde no solo dejó una víctima fatal y decenas de heridos, sino que también puso en evidencia la dificultad para anticipar este tipo de fenómenos atmosféricos. Especialistas consultados por diversos medios coinciden en que la combinación de factores meteorológicos y oceanográficos que se dio ese día resulta extremadamente rara, lo que explica por qué no existían alertas previas pese a que se había pronosticado aumento del viento.

La mecánica del meteotsunami

La confirmación oficial de la naturaleza del incidente actual llegó a través de las autoridades provinciales. Fabián García, director de Defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires, señaló en declaraciones a la prensa que el fenómeno se encuadró en lo que técnicamente se denomina un meteotsunami, describiéndolo como una “ola con aumento repentino de la altura” generada por variaciones bruscas en la presión atmosférica.

La meteoróloga, Marina Fernándezdetalló el mecanism  que desencadenó el meteotsunami. “No tiene que ver con un fenómeno geológico”, aclaró, diferenciándolo de los tsunamis tradicionales causados por terremotos submarinos. El evento se originó por un cambio brusco de presión atmosférica asociado a un frente frío que avanzaba sobre el sur de la provincia de Buenos Aires durante la tarde del lunes.

Según el análisis meteorológico, el mareógrafo de Mar del Plata comenzó a detectar variaciones abruptas en el nivel del mar alrededor de las 16 horas. En pocos minutos, el agua descendió unos 60 centímetros y luego se elevó hasta un metro. Esa oscilación repentina, combinada con la bajamar previa, amplificó el impacto cuando la masa de agua regresó violentamente hacia la costa.

Las imágenes satelitales revelaron otro factor determinante: ondas de gravedad en la atmósfera que entraron en resonancia con las ondas largas del mar. Esta resonancia, un fenómeno relativamente infrecuente, potenció la amplificación del nivel del agua al acercarse a zonas costeras de poca profundidad. Horas después del episodio, cerca de las 19, la temperatura descendió de forma marcada, con un refrescamiento de alrededor de 15°C, confirmando el paso del frente frío.

La especialista enfatizó que los meteotsunamis ocurren con cierta frecuencia, pero la mayoría pasa desapercibida porque genera variaciones de apenas unos centímetros. “La magnitud fue mayor y coincidió con un contexto excepcional: calor extremo, bajamar previa y miles de personas dentro del agua”, explicó. Y advirtió: “Se trata de un evento impredecible, ya que requiere que varias condiciones ocurran al mismo tiempo”.

El misterio del “remolino negro” mar adentro

Los testimonios de quienes presenciaron el evento desde la primera línea de playa aportan datos sobre la singularidad visual del fenómeno. Según declaraciones el guardavidas Maximiliano Prenski describió una escena previa al impacto: “Se armó un remolino en el medio del mar que se puso de color negro”. El profesional relató que, tras el retiro del mar de unos 80 metros, el agua regresó con una crecida de casi 60 metros que atrapó a los turistas que no lograron reaccionar a tiempo. Este comportamiento coincide con la descripción de los eventos de 1954, donde una ola inicial fue seguida por otras dos de gran magnitud.

El “remolino negro” no es nada menos que la fuerza inusual de la ola y la succión previa del agua (la bajante repentina) que removió grandes cantidades de arena, lodo y materia orgánica del fondo. Al mezclarse con el agua en un movimiento circular, el remolino adquirió una tonalidad oscura o negra.

El antecedente de 1954 y las diferencias

El episodio recuerda a lo ocurrido el 21 de enero de 1954, el que fue descripto como “un oleaje de extraordinaria altura y violencia sorprendió a millares de bañistas” en plena temporada de verano. Aquella ola de proporciones inusuales se elevó de manera repentina y avanzó con fuerza sobre la playa, “arrastrando cuanto encontró a su paso”, generando “escenas de pánico” y obligando a asistir con respiración artificial a once personas, según un comunicado de la entonces Subprefectura Marítima.

Sin embargo, el episodio de 2026 presenta diferencias sustanciales. Mientras que en 1954 no hubo víctimas fatales pese al caos generalizado, el meteotsunami del lunes dejó un muerto: Yair Amir Manno Núñez, marplatense de 29 años radicado en Francia, quien se desempeñaba como jinete de caballos endurance en el país europeo y se encontraba de visita en compañía de su novia.

Según testigos, Manno Núñez estaba caminando en la zona de la boca de la laguna de Mar Chiquita cuando la ola lo golpeó y lo arrojó contra las rocas, provocándole serios daños en la cabeza. Guardavidas y personas que observaron el fatal desenlace lo rescataron de las aguas y lo trasladaron a una sala de emergencias de Santa Clara, donde falleció producto de un paro cardiorrespiratorio pese a los esfuerzos médicos. La investigación del fiscal Ramiro Anchou determinó que el fallecimiento se produjo por asfixia por inmersión.

Lo ocurrido este lunes pone de manifiesto que, setenta años después de los grandes antecedentes del siglo XX, el sistema de alertas de la Costa Atlántica sigue enfrentando un vacío técnico ante las “olas vagabundas” de origen barométrico. Al no ser detectadas por sismógrafos, la única defensa efectiva reside en la vigilancia visual de los cuerpos de guardavidas y el monitoreo de presión en tiempo real.