Con condiciones climáticas excepcionales y una latitud idéntica a la de las potencias oceánicas, la producción de kiwi en General Pueyrredon se presenta como una inversión de alta calidad exportable. Andy Pilaftsidis, referente del sector y titular de la estancia Maritxu, analiza los desafíos de un cultivo que exige paciencia financiera y mano de obra especializada para un producto de primera calidad.
Enero es el tiempo en que el fruto termina de conformarse en la planta para su cosecha de otoño, un proceso que este año se ve favorecido por una amplitud térmica que los productores califican de ideal. Andy Pilaftsidis, titular de un emprendimiento “Kiwis de Mar del Plata” de 10 hectáreas en la zona, sostiene que la ciudad posee las credenciales técnicas para disputar el liderazgo mundial en el mercado del kiwi, equiparándose en estándares de calidad con Nueva Zelanda.
“El clima viene ayudando, si bien nuestras plantaciones tienen sistema de riego y no somos tan lluvia-dependientes, nos está favoreciendo la amplitud térmica en cuanto a horas de calor y frío. Esa diferencia le hace muy bien al kiwi y conforma un fruto de mayor calidad en cuanto al sabor”, detalló Filapsidis. Según el productor, el manejo actual se centra en el raleo, una tarea de selección manual donde se descartan las unidades deformes o planas para priorizar el gramaje y la simetría de cara a la cosecha prevista para el mes de mayo.
Un producto de calidad internacional
La comparación de Mar del Plata con Nueva Zelanda no es una licencia poética, sino una precisión geográfica y técnica. La ciudad se encuentra en el paralelo 38, la misma latitud que el polo productivo neozelandés, lo que da como resultado las condiciones de luminosidad y temperatura por excelencia.
“Mar del Plata tiene todas las características para tener un fruto de calidad a nivel mundial. Nosotros cumplimos con todos los requisitos de grados Brix y materia seca que exigen los mercados internacionales. Tenemos viento, que es un factor en contra, pero se repara con cortinas forestales. Estamos ante una fruta de calidad que compite globalmente”, afirmó el emprendedor, quien actualmente cuenta con ocho hectáreas en plena producción y proyecta expandir la superficie en otras diez unidades adicionales.
Cabe recalcar, que a diferencia de los cultivos hortícolas tradicionales de la zona, que ofrecen retornos en pocos meses, la planta de kiwi requiere de cuatro años de cuidados intensivos antes de entregar su primera producción comercial. “No es un ciclo de tres o cuatro meses como la soja o el trigo. Es una inversión en la que tenés que esperar, soportar la estructura, el fertilizante, el riego y la mano de obra sin ganar nada durante cuatro años. Por eso es una apuesta que conlleva mucho esfuerzo”, explicó Filapsidis.
El mercado internacional y el precio interno
Una de las paradojas que percibe el consumidor marplatense es el elevado precio del producto en las góndolas locales, a pesar de la cercanía de los centros de producción. Pilaftsidis despejó dudas al respecto vinculando el valor al contexto internacional y a la complejidad del proceso de conservación. “El precio es internacional, casi como una commodity. Nosotros cosechamos en mayo, en verde, y el precio lo impone el mercado. Además, competimos con el kiwi de Chile o de otras partes”, sostuvo.
Tras una cosecha manual, la fruta se traslada a plantas de proceso donde se clasifica automáticamente por peso y calibre. Los ejemplares de mayor gramaje son los que logran cruzar las fronteras, mientras que el mercado interno absorbe los calibres menores. “Es una producción que se hace íntegramente con insumos nacionales: alambres, telas, maquinaria y gente de acá. A pesar de la incertidumbre macroeconómica, seguimos invirtiendo para ser más eficientes y generar mayor valor”, remarcó el productor.
La mano de obra
A diferencia de otras industrias mecanizadas, el kiwi depende vitalmente de la intervención humana. Desde la poda hasta la recolección, el trabajo es manual, lo que genera una demanda de empleo que evade a la estacionalidad del verano marplatense. “Es una gran oportunidad para la ciudad porque el personal trabaja todo el año. En nuestro caso, los tenemos en el campo, les damos vivienda y los capacitamos, porque es una tarea específica que hay que enseñar”, destacó Filapsidis.
Para el sector, el horizonte final es la consolidación de una “marca ciudad” que identifique al producto. “Hay que darle más importancia y más identidad a lo que es el kiwi de Mar del Plata, va a terminar siendo un símbolo. Es un kiwi único, al lado del mar. Necesitamos más volumen para tener más fuerza y que Mar del Plata sea conocida, además de por todo lo que ya tiene, por su kiwi”, concluyó.
