Serebrisnsky se puso el traje de inquisidor y repartió culpas como si fueran caramelos

En la última reunión de la mesa política de la UCR, Tato Serebrisnsky habría decidido ponerse el traje de inquisidor y repartir culpas como si fueran caramelos en carnaval. El blanco elegido: Marina Sánchez Herrero, a quien habría responsabilizado de la “quietud” marplatense y además hubiera escrito el manual de la inercia política y, de paso, de todo lo que no funciona en el Partido. Si se corta la luz, es culpa de Marina; si el café está frío, también. El detalle pintoresco es que lo hizo frente a Maxi Abad, senador y esposo de la “acusada”, lo que convierte la escena en una suerte de teatro de enredos con tintes de tragicomedia. El “presidente” de la UCR parece haber encontrado en Sánchez Herrero el chivo expiatorio perfecto, como quien se aferra a la última tabla en medio del naufragio.

¿Un número de circo con Tato como acróbata principal?

Serebrisnsky, autoproclamado presidente de la UCR, parece disfrutar de su rol de acróbata verbal: salta de acusación en acusación con la gracia de quien ensaya para un circo ambulante. Lo curioso es que mientras culpa a otros, él se acomoda plácidamente en su sillón, confirmado por el intendente interino, como si la estabilidad de su cargo fuera la única quietud que realmente le importa. No sería raro: después de todo, culpar a otros mientras se prepara el propio traslado es un clásico del manual político. La reunión, más que un debate, habría sido un número de circo con Tato como acróbata principal.

La casta sigue mandando en el Gobierno de Mar del Plata

El interinato del intendente Agustín Neme se ha convertido en un escenario de evidente desmanejo político, donde las decisiones parecen responder más a la presión de los partidos aliados que a un proyecto de gestión propio. La reciente designación de Daniel Núñez en la Secretaría de Educación, bajo la órbita de Fernando Rizzi, vuelve a poner en evidencia cómo la UCR, al igual que el PRO, continúa marcando la cancha dentro del gabinete municipal. Esta práctica de “rodear el rancho” refleja una lógica de reparto de poder que privilegia la continuidad de acuerdos partidarios por encima de la renovación de cuadros y de la búsqueda de perfiles técnicos que fortalezcan la gestión pública.

Las mismas caras de siempre ocupando espacios estratégicos

Núñez, ex concejal y con antecedentes en el Ejecutivo como director de Políticas de Niñez, regresa al gobierno tras la jubilación de Marcelo Luis López. Sin embargo, su incorporación no representa un cambio sustancial, sino la repetición de un patrón: las mismas caras de siempre ocupando espacios estratégicos. La Secretaría de Educación, un área clave para el futuro de la ciudad, queda nuevamente bajo control radical, consolidando la hegemonía de sectores que parecen más preocupados por retener influencia que por impulsar políticas innovadoras. En definitiva, el gabinete de Neme se muestra como un tablero dominado por intereses partidarios, debilitando la autonomía y credibilidad de su gestión.

Una manifestación de la lógica de “captura institucional”

Este fenómeno puede interpretarse como una manifestación de la lógica de “captura institucional”, donde las designaciones no responden prioritariamente a criterios de innovación o eficiencia administrativa, sino a la necesidad de sostener equilibrios partidarios y garantizar la gobernabilidad mediante acuerdos internos. La Secretaría de Educación, un espacio clave para el desarrollo social y cultural de la comunidad, se convierte así en un terreno de disputa y consolidación de poder partidario. En términos académicos, este tipo de prácticas refuerza la hipótesis de que la política local se encuentra condicionada por estructuras de dominación tradicionales, donde la rotación de cargos reproduce más la lógica de la permanencia que la de la transformación institucional.

González se tiene fe y arrancó pensando en el 2027

El mensaje “Marcelo González 2027”, desplegado desde una avioneta que sobrevoló este sábado la costa marplatense, no pasó desapercibido. La imagen, tan llamativa como simbólica, recorrió playas y miradas en plena temporada, despertando curiosidad tanto entre vecinos de General Pueyrredon como entre turistas. Más allá de lo anecdótico, el gesto puede leerse como el inicio de una etapa: la de instalar un nombre y una idea en la conversación pública, anticipando el clima político que comenzará a tomar forma rumbo a las elecciones de 2027.Empresario local y con una experiencia previa en la arena política, cuando fue candidato a concejal en las elecciones provinciales del 7 de septiembre de 2025, González parece decidido a dar un paso más.

La política dio señales, presencia y voluntad de involucrarse

Las imágenes del sobrevuelo circularon rápidamente por redes sociales, generando debates, opiniones encontradas y, sobre todo, interés. Y ese interés no es menor: habla de una ciudadanía atenta, con ganas de participar y de pensar el futuro de su ciudad. La política también se construye así, con señales, con presencia y con la voluntad de involucrarse. En Mar del Plata, la carrera hacia 2027 ya tuvo su primer capítulo visible. El desafío que se abre ahora es transformar esos gestos en propuestas, diálogo y compromiso colectivo para imaginar, entre todos, el rumbo que viene para General Pueyrredon.

La polución visual avanza sobre avenidas y plazas marplatenses

La reciente instalación de estructuras en puntos estratégicos de Mar del Plata, como la intersección de Colón y Mitre, ha generado un fuerte rechazo ciudadano. Lo que se presenta como un avance en materia de seguridad y videovigilancia, en realidad se percibe como una intervención que degrada el paisaje urbano y multiplica la polución visual en una ciudad ya saturada de cartelería publicitaria. El argumento oficial de que estas estructuras servirán para colocar cámaras conectadas al COM parece más una justificación tardía que una verdadera política de prevención.

Una caja recaudatoria disfrazada de seguridad

El impacto estético es innegable: una mole metálica que atraviesa casi de lado a lado una de las avenidas más transitadas, rompiendo la armonía de un entorno emblemático como Plaza Mitre. Allí conviven tránsito vehicular, ciclovía y espacios verdes de uso recreativo, todos ahora condicionados por un elemento grotesco que desconcentra y distrae a quienes circulan. La supuesta “barrera estratégica” se convierte, en la práctica, en una caja recaudatoria disfrazada de seguridad, pues rápidamente fue utilizada como soporte publicitario, reforzando la idea de que la prioridad no es el bienestar ciudadano sino la explotación comercial del espacio público.

Ahora solo falta la gigantografía del “Dibu”

La falta de información sobre la transparencia sobre permisos y plazos de permanencia alimenta aún más la desconfianza. En lugar de fortalecer la seguridad, estas instalaciones consolidan la sensación de que el paisaje urbano se negocia al mejor postor, relegando la calidad de vida de los marplatenses. La ciudad merece políticas que cuiden su identidad y su estética, no estructuras invasivas que la afean y la convierten en un tablero de anuncios. Solo falta una figura del Dibu Martinez como la de Diagonal Alberti y Corrientes, y que la coloquen a ese arco imaginario…. Todo puede ser mediante el “Click…Caja”