Leonardo Tamburini, presidente del Centro de Constructores, analizó en diálogo con el Retrato el fenómeno del “boom” local en la construcción. Si bien rescata que los incentivos municipales sostienen la inversión privada y amortiguan la caída de la obra pública, el dirigente advierte sobre la distorsión de precios que asfixia a la “obra chica” y a la clase media.
Mar del Plata emerge como una excepción estadística y productiva en el ámbito de la construcción. Leonardo Tamburini, presidente del Centro de Constructores y Anexos, confirmó que la industria local cierra el ciclo 2025 en una situación de “pleno empleo“, impulsada por una articulación público-privada que ha logrado blindar a la ciudad de los vaivenes macroeconómicos.
En diálogo con el Retrato, el dirigente atribuyó este presente a una estrategia sostenida desde la salida de la pandemia. “El haber generado incentivos a la construcción a partir de 2020 fue lo que traccionó a Mar del Plata hacia lo que hoy es el pleno empleo”, explicó. La reciente prórroga por 24 meses del régimen de promoción, aprobada el pasado 18 de diciembre (Ordenanzas N° 25.114 y 25.113, Régimen Promocional para la Reactivación de la Industria de la Construcción), es vista por el sector como la garantía de continuidad para un modelo que busca escalar posiciones: “Mar del Plata ya es una plaza inmobiliaria nacional y, te diría, próximamente internacional”.
El ladrillo como refugio y el retorno de la renta
La dinámica del mercado ha validado nuevamente al metro cuadrado como el activo financiero por excelencia de la ciudad. Según Tamburini, la derogación de la Ley de Alquileres funcionó como un catalizador para que el capital volviera a fluir hacia el desarrollo residencial. “Muchos inversores que se habían retirado volvieron a tomar la construcción como resguardo de valor para renta o vivienda”, señaló, confirmando que el “dólar ladrillo” sigue siendo un activo de bajo riesgo y alta rentabilidad en la costa.
Mar del Plata ante el freno de la obra pública
La ciudad apenas es afectada por la “motosierra” nacional y por el parate de las obras publicas. Mientras en otras provincias la parálisis generó despidos masivos, en Mar del Plata el impacto fue marginal. Al respecto, Tamburini explica que “históricamente, la obra pública representó solo el 10% de la mano de obra del sector, el 90% restante es privado”. Esta matriz, volcada casi exclusivamente al capital privado, permitió que la actividad se sostuviera. Incluso, el sector privado ha comenzado a absorber costos de infraestructura, como subestaciones eléctricas o redes cloacales, para viabilizar sus proyectos, supliendo en parte la retirada del Estado.
La transformación urbana y los obstáculos
Tamburini destacó el desarrollo del frente costero y la zona del Puerto, impulsado por nuevas tecnologías en carpintería y vidrios que permiten construcciones más audaces frente al mar. Sin embargo, encendió una luz de alerta sobre la judicialización de proyectos. “Es preocupante ver organizaciones que intentan parar al sector con demandas. Generalmente son formas de impedir el desarrollo que terminan resolviéndose, pero generan un escollo innecesario”, advirtió.
La deuda pendiente: la “obra chica” y los costos
Si el desarrollo inmobiliario vive un auge, la realidad es muy diferente para la economía doméstica. La “obra chica” , la ampliación, la refacción del baño o la cocina, sufre el impacto directo del “costo argentino”.
“En los últimos 18 meses, el costo de construcción se duplicó”, lamentó Tamburini. Esta distorsión de precios, que no logró normalizarse durante 2025 como el sector esperaba, ha dejado a la clase media fuera del mercado. “Pensábamos que los precios de los materiales se iban a alinear con los de los países vecinos, pero lamentablemente seguimos con un proceso de costos altos que asfixia el acceso a la vivienda propia”, reconoció.
Pese a esto, la proyección para 2026 es de un optimismo robusto. Superada la incertidumbre electoral del último semestre, el nivel de cotizaciones y proyectos en carpeta anticipa un año de actividad sostenida, posicionando a la construcción como uno de los motores indiscutidos de la economía marplatense.
