César Trujillo, secretario general del gremio, destaca el impacto de las inversiones privadas en el Parque Industrial y el desarrollo inmobiliario de alta gama como motores de la ocupación. Sin embargo, advierte que la suspensión de fondos nacionales golpeó al sector a nivel nacional y que la construcción de vivienda única se ha vuelto inaccesible para el asalariado por la distorsión de precios.
La industria de la construcción en Mar del Plata exhibe una dinámica de contrastes que la distingue del resto del país. Ante este panorama, César Trujillo, secretario general de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) local, definió el cierre de año con un pragmatismo optimista: “El que tiene oficio, está trabajando” enfatizó en diálogo con el Retrato.
El gremio coincide en que la ciudad funciona como una “isla”, impulsada por una inyección de capital privado que ha logrado amortiguar, aunque no neutralizar, el impacto de la economía nacional. Desde la expansión del Parque Industrial hasta la modernización del perfil costero, el ladrillo continúa siendo la madre de las industrias en la región, aunque, según el gremio, enfrenta desafíos estructurales de cara al 2026.
El motor privado
Para Trujillo, la clave del sostenimiento del empleo registrado ha sido la inversión corporativa y el desarrollo inmobiliario premium. El dirigente destacó la ampliación del Parque Industrial, que ya gestiona su segunda etapa, como un generador genuino de puestos de trabajo, citando el desembarco de la multinacional Lamb Weston y la proliferación de gigantes comerciales como Coto y Starbucks.
Adicionalmente remarca el cambio en la dinámica turística marplatense que esto ha generado: “Se ha modernizado y ha vuelto la juventud a Mar del Plata. Esto es una señal muy buena porque primero entramos nosotros a hacer las obras y luego queda la mano de obra operativa”, analizó.
A esto se suma el auge de los barrios privados y los countries, que mantienen una demanda sostenida de mano de obra calificada.
¿Qué paso con la obra pública?
Mientras el gremio valora la continuidad de proyectos provinciales estratégicos como la doble vía de la Ruta 11 en Mar Chiquita y la puesta en valor de la Rambla Casino, definida por Trujillo como el “ícono” de la ciudad, la crítica hacia la administración nacional es severa.
La decisión del Ejecutivo nacional de frenar la obra pública fue calificada por el dirigente como una medida que “afectó muchísimo” al tejido social. “El hilo siempre se corta por lo más delgado, si se hicieron mal las cosas deben pagarlo los responsables, no los trabajadores que quedan en la calle”, sentenció, lamentando que proyectos vitales en otras regiones del país hayan quedado inconclusos.
“El túnel del tiempo”
Trujillo se posicionó en la vereda del desarrollo vertical y la renovación arquitectónica, criticando a los sectores conservacionistas que, a su juicio, frenan el progreso.
Defensor de proyectos como las torres diseñadas por César Pelli (Maral Explanada), el titular de la UOCRA criticó: “Mar del Plata se quedó en el túnel del tiempo, en la década del 60, pero hoy viene la modernidad. Hay que cuidar lo moderno, si no, volvamos a la Rambla de madera y sigamos con la nostalgia”. Para el sindicato, la protección de inmuebles declarados de interés patrimonial que se encuentran en estado de abandono atenta contra la generación de empleo de más de 40 gremios vinculados a la construcción.
El drama de la “casa propia” y la seguridad
Pese al auge de las grandes obras, la “obra chica”, es decir, la refacción doméstica o la autoconstrucción, atraviesa una crisis. Trujillo ilustró la situación con una metáfora dolorosa: “Los materiales suben por ascensor y los salarios por la escalera”. Esta distorsión de precios ha vuelto inviable para el trabajador promedio la terminación de su vivienda, dando un mercado de dos velocidades: el de las grandes inversiones y el de la economía doméstica estancada.
De cara al 2026, la UOCRA apuesta a la estabilidad macroeconómica y al fin de las grietas partidarias como condición para el desarrollo. “Acá hay que dejar las banderas políticas de lado. Esperamos que el inversor pueda creer en el gobierno y que haya un desarrollo normal”, concluyó.
