Falleció en Paraná el ex casinero y “militante peronista” Samuel Eduardo Dlin

En la ciudad de Paraná, donde estaba radicado, falleció el marplatense Samuel Dlin quien tuvo una amplia labor en los Casinos a lo largo y ancho del país, y se destacó por ser uno de los “peronista de Perón” (como le gustaba afirmar)  que simpre levantó las banderas del Justicialismo.

Desde muy joven estuvo ligado al ámbito estudiantil ; cursó la secundaria en el Colegio Nacional Mariano Moreno. También se lo vio en la carrera de Derecho de la Universidad Católica de Mar del Plata, como además en la de  Ciencias Políticas.

Su compromiso ciudadano lo llevó además a ser Presidente de los Bomberos Voluntarios de Sierra de los Padres, estrecho colaborador de la Cruz Roja de Mar del Plata

En el ámbito laboral tuvo una activa participación en los Casinos y como gestionador de privatizaciones. Fue creador del proyecto en Casino Sierras Hotel (Alta Gracia); Asesor Directorio en Loteria Nacional S.E.; Gerente de Operaciones en Casino Tower (San Rafael) Mendoza; Gerente Operativo del Neogame S.A.

EL RECUERDO DE SUS HIJOS

Juan Pablo y María Eva, lo recordaron en las redes sociales y le agradecieron “a Mirta y Enrique por estar junto a el y cuidarlo en sus últimos momentos, y a todos quienes han sido parte de su vida”, remarcando que Fue feliz y lo recordaremos siempre con mucho amor.”

Sus hijos lo homenajearon con el mensaje que les dejó de Carlos A. Boaglio:

“Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma.

Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido.

Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado.

Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas.

Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas.

Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros.

Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba.

No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado.

Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha.

La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más.

Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa.

Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado.

Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme”.

Desde “el Retrato” acompañamos el dolor de su familia y en especial de María Eva y Juan Pablo en este momento por el que están atravesando.