Hay que llegar antes que la droga

Ya la olvidaron.  Como se olvidan las cosas que no tienen sentido, que  no cumplen función alguna, o que dejan de servir.
Hay quien prefiere descartar lo roto, por el esfuerzo que supone repararlo.  Y hay quienes se rasgan las vestiduras para repararlo pero no van al fondo, a lo hondo, a lo verdadero.
Quizá sea eso. Quizá baste con peinarla. Con curarle un poco las heridas. Con darle algo de ropa o comprarle comida para que tenga.
Quizá ya están tranquilos. Una muñequita en brazos de uno, dos, tres superhéroes en una foto en uno, dos, tres portales. Ya está salvada. Milagro.
Y cuando pase la luz, cuando llegue de nuevo la noche que siempre llega, van a cambiar su ropa por dos pesos. Van a vender sus zapatillas. Va a volver al cajón de manzanas y al frío y al espanto del que nunca salió.  Porque le pertenece por omisión de los que ya no la ven.
Y en Mar del Plata, siempre hay una entre los adultos de Colon y España. Que de alguna manera también es la misma. Y pasa las tardes entre el alcohol y la droga que nadie ve. En un cochecito rosa, en un caballito violeta. O en el suelo.
También hay una en Colon al fondo. Que antes iba a la escuela pero ahora no porque no hay infraestructura. Una que salía de un infierno para entrar a otro donde al menos no había tanto de qué esconderse. Donde había algo de reparo. Una ventana de letras desde donde ver de lejos un mañana.
Y hay otra en Mario Bravo y Edison. Justo cruzando y doblando a la derecha.  A la izquierda. O no doblando a ningún lado. Y esta ahí en el mismo cajoncito de madera, con el mismo frío y el mismo anonimato mientras las escuelas no dan clases los días que reparten bolsones y los funcionarios se pasan la pelota porque de nadie es la responsabilidad.
Y las hay un poco más al norte.  Y al sur. Un poco más adentro y también afuera. Están ahí. Son reconocibles.  Tienen esa mezcla en la mirada.
Están ahí esperando que se dejen de mentir. Que dejen de prometer. Están esperando que las vean.  Que las reconozcan. 
Están esperando que suspendan las excusas políticas, que asuman la responsabilidad .
Y están ahí viendo como van a la escuela los otros. Los que pueden porque a ellos si. Porque así es el mundo.
Porque así es lo que toca.
Mientras tanto, los muñequitos rotos….porque no solo son princesitas despeinadas y sucias…siguen ahí….en bicicletas que van de un lado al otro arrastrando dignidades y desangrando futuro.
Cuidado. Estemos atentos. Porque están pasando todo el tiempo frente a las escuelas. Y cada puerta cerrada con cualquier excusa es un empujón al abismo de todos estos olvidados que todos dicen no olvidar.
No hay una. Son miles. Miles.
Abramos los ojos. Y abran las escuelas.
TODOS LOS DIAS
PARA TODOS LOS NIÑOS.
Porque para reparar, se necesita un espacio. Y porque ese espacio, no debe ser un lugar de pujas políticas sino de rayuelas en el piso y manos firmes,  que puedan quitarles el gris de la mirada.
Hay que llegar antes que la droga.
                                                                                                     Mónica Lence
(Foto ilustrativa)

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